Hazmerreír capitalino
Por León Krauze

El absurdo desenlace de la consulta para determinar la instalación de parquímetros en algunas colonias de la ciudad de México me remitió de inmediato a ese gran experimento fallido de democracia directa que ha sido California.
En su edición de esta semana, The Economist declara, con una mezcla de asombro y alivio, el aparente final de la larga crisis del gigante económico del oeste estadunidense. “El hazmerreír de Estados Unidos se toma en serio su presupuesto”, dice. Ha sido un camino complicado para la enorme maquinaria californiana. La crisis golpeó fuerte al estado hasta dejarlo con un déficit de decenas de miles de millones de dólares. De inmediato, el gobernador Jerry Brown le declaró la guerra a la tinta roja. Pero logró muy poco. Como para quienes le antecedieron, el principal obstáculo para Brown no era la parálisis legislativa (los demócratas son dueños del estado desde hace años, y lo serán cada vez más), el problema para Brown eran los californianos. Resulta que California sufre de una adicción a la democracia directa. Mediante un proceso interminable de iniciativas (o propuestas), los californianos se las han arreglado para aprobar regulaciones contradictorias, limitar los derechos de sus conciudadanos, echar gobernadores y, claro, evitarse cargas impositivas incómodas. Es decir, han hecho de su estado un gigante ingobernable. Y de ahí el principal fastidio para Brown: en noviembre del año pasado, para tratar de reducir el enorme déficit, tuvo que preguntarle a los ciudadanos si estaban de acuerdo con un paquete (bastante razonable) de nuevos impuestos. Para conseguir la aprobación de la Propuesta 30, Brown amenazó con el Apocalipsis: de no firmarse la nueva carga impositiva, dijo, California enfrentaría recortes catastróficos, sobre todo en la educación, que de por sí es su talón de Aquiles. Después de casi perder la voz haciendo campaña, Brown se sentó a esperar el veredicto de sus gobernados. Al final, resultó que a los californianos no les gustó la vista desde el filo del abismo: contra todo pronóstico respaldaron la medida y Brown pudo —cosa rara en California— dedicarse a gobernar.
El largo experimento californiano revela una verdad que no por ser de Perogrullo deja de ser fundamental: los ciudadanos rara vez optan por votar contra su comodidad inmediata. Durante años, los californianos habían sido testigos de las consecuencias de los distintos recortes a los servicios públicos que el gobierno se había visto obligado a poner en práctica ante la reiterada negativa del público a pagar más impuestos: cerraron colegios comunitarios, se perdieron programas de capacitación, casi 500 mil alumnos tuvieron que enfrentar la posibilidad de quedarse sin educación. Todo esto les importó poco a los votantes californianos. Una y otra vez se negaron a cargar con la ineludible incomodidad de una nueva carga fiscal. La desesperación de los gobernadores del estado se volvió legendaria. Hay quien asegura que, tras la derrota del paquete fiscal de emergencia que propuso en 2009, el mismísimo Arnold Schwarzenegger se echó a llorar en Sacramento.
Volvamos a la ciudad de México. Para cualquier observador independiente, la instalación de parquímetros en zonas particularmente concurridas de la capital mexicana parece sensato. Claro: a corto plazo, la decisión generaría disgustos a vecinos y visitantes. Pero mientras la incomodidad sería pasajera, los beneficios serían duraderos y evidentes. ¿Cuál era la necesidad, entonces, de someter a votación una medida que requería, en cambio, de algo de pantalones, algo de voluntad para gobernar? Carlos Puig lo resumió magníficamente la semana pasada en estas páginas: había que decidir, ejecutar y someterse al juicio ciudadano. Había que aprender a no gustar. Había que gobernar, pues. El resultado, ahora, será un laberinto de cubetas y parquímetros, embudos viales y corrupción; estudio mínimo del caos que me recuerda, en su justa proporción, la dinámica absurda que llevó a California al límite de la gobernabilidad.
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Comentarios (9)
Hazmerreír capitalino y hazmerreír nacional. Mancera no quiere problemas, EPN tampoco, los magistrados menos. A hacer a un lado los problemas. A sonreír, miren qué bueno soy, miren que justo. En el DF a cambiar la ley para que los del 1 de diciembre salieran tranquilamente al cabo que no existe una ley de víctimas en caso de pandillerismo-manifestil-con-pinceladas-políticas-y-pago-en-Iztapalapa explícitamente y la que había casi podía aplicarse, pero era mejor no tener problemas, era mejor no perder la pose y no despeinarse; a hacer consultas de hazmerreír como la de los parquímetros. EPN tampoco se quiere despeinar, él menos que nadie, su copete es emblemático; hace que "pase" la Ley de víctimas" aunque en la práctica por falta de reglamentos y presupuesto no vaya a aplicarse (o precisamente por eso) luego, dice "respetar" (igual no podía hacer nada desde su poder -ejecutivo--, igual él no quedó en nada con el presidente francés cuando lo visitó, igual con la niña Paulette se resolvieron las cosas rete bien) la resolución de los magistrados de liberar a una secuestradora, al cabo que las víctimas en ese caso no importan, al cabo que lo que importa es si el procedimietno estuvo bien o mal, no si la señora es culpable o no, no si hubo víctimas o no de ella y la banda de la qu era compinche, esto "nos servirá para revisar los procedimientos". Sonrisas, apapachos, golpeteos en la espalda de algunos, abrazos de lejos (el autoabrazo), que no los despeinen por favor. Se les contrató para trabajar, para go-ber-nar y ahora resulta que lo que quieren es nomás quedar bien (en las fotos). Sí, un hazmerreír. Un hazmerreír que ya nos había regalado el último de los secretarios de Educación del sexenio pasado cuando los presuntos estudiantes de unas normales (para anormales, seguro) no querían que les dieran calses de computación y de inglés (porque eran rurales, nomás por eso, no por flojos, ni por ineptos, ni cómodos, mediocres ni nada de eso, y, entonces, se decidió que tales materias fueran opcionales. Qué pena, país de hazmerreír. Tanto incapaz gobernando ¡y cobran!... y se ríen de nosotros, eso sí.
Es comprensible la frustración ante este tipo de resultados. Sin embargo, venimos de una historia en que todas las decisiones se han tomado de forma autoritaria, no al revés, y en la mayoría de las ocasiones ni siquiera se paga en las urnas. La organización emanada de la comunidad es la novedad. A este nivel me encantaría ver sometidos a elementos básicos de una sociedad, como la estructura educativa (si, las escuelas públicas) e incluso la elección de policías, fiscales y hasta jueces. La instalación de parquimetros es un tema suficientemente local y, en honor a la verdad, poco relevante para los grandes temas de la ciudad o el país, como para permitirse este tipo de consultas.
Tenemos mucho de ese gobierno de "pantalones" a todos los niveles y mucho más de gobiernos de ropa interior, escondidos, medrosos y terriblemente injustos.
Lo que habría que cuestionar de la consulta es su forma: limitó a sí o no el tema, cuando entre los principales reclamos de los vecinos estaba el que sólo les reservaba el derecho de estacionarse a un sólo coche, siempre y cuando tuvieran el pago del predial al corriente. Esos eran detalles que hubieran ganado más adherencias de haberse escuchado y corregido.
El otro defecto es haber dividido la consulta en zonas. La votación fue mayoritaria por el NO, pero ahora las áreas que rechazaron los parquímetros tendrán que sufrir el desplazamiento de franeleros y autos desde las áreas del SI. Eso no es efectivo, ni es un defecto democrático, sino una mala aplicación desde el poder.
Me gustó mucho su post y acepto que no estoy del todo empapado con el tema, pero acá en Mty hubo hace poco una discusión similar (sin nefandas consultas, por supuesto: en la sultana no somos comunistas como ustedes los chilaquiles) y a esa luz y el último juicio que hace usted sobre la zonificación de la consulta, me queda la duda de si el resultado es que en las zonas del si, pos si van a poner parquimetros y en las zonas del no, pos no.
Si es el caso, que así lo entiendo de su escrito, a mi no me parece tan ineficiente como apunta. Coincido en que los franeleros irán hacia el no, pero eso no es "ineficiente" sino al contrario: al otro año, los No serán Si pues habrán sufrido ya lo que significa dejar la vía pública al garete de las privatizaciones callejeras.
Y me parece que si eso sucede habrá sido una buena solución y caso ejemplo de democracia funcional en acción. Es decir, a los del No nadie les impone que vivan sin parquímetros sino por el contrario, les preguntaron.
Por otra parte a los del Si, que adoptaron la solución civilizada quizás por conocer las consecuencias de no haberlo hecho en el pasado, vivirán mejor con su decisión.
En consecuencia, los que se treparon en su macho, por burros, van a sufrir las consecuencias de su elección y ya cambiarán de actitud en una dirección más cívica.
Esto, si mis premisas son correctas. Si no, corríjame si es tan amable y, si no quiere hacerlo, pues ignore la presente y disculpe si le quité su tiempo.
Desde una perspectiva derechista es muy fácil hablar y criticar la democracia directa como un fenómeno impensable, sobretodo cuando se parte de uno de los principales argumentos en contra de tal forma de gobierno: que los ciudadanos no están listos para tomar esas decisiones". Si le parece que el caso californiano es un ejemplo en contra, considere el caso suizo como un ejemplo a favor.
Es tropezando que se aprende a caminar y no creo que usted le diría a un bebé que se ahorre los moretones futuros, que mejor gatee por el resto de sus días.
Considera la postura obradorista con respecto al matrimonio gay, que dice que pondría ese derecho a votación directa, como evidencia de que obrador no es de izquierda, sino al revés.
Por otra parte, a como estoy viendo el tema aquí, me parece que fué buena, no mala, la decisión de someter este asunto en particular a votación. Lo que tampoco creo que sea inteligente, es poner a votación derechos fundamentales.
Don Alex:
Yo creo que es crítico para la lectura adecuada de este post (en mi opinión bastante mediocre) el conocimiento de la ley. El artículo 50 de la Ley de participación ciudadana del DF es muy claro: le da la opción a la autoridad que organiza la consulta para que actúe de manera contraria a la opinión de la mayoría de los participantes, siempre y cuando exprese con claridad la motivación y fundamentación de sus decisiones. La consulta ciudadana, pues, no es vinculante.
Desde mi perspectiva, Liborio, no es la ley la culpable de las complicaciones políticas derivadas de consultas de esta naturaleza. Vinculante o no, Obrador usa la idea de la democracia directa para proponer llevar temas de derechos humanos, como el matrimonio para todos, al rin de la opinión ya no pública, sino popular. Ese es un mal uso del ejercicio, ya sea vinculante o no, porque su propuesta es de uso político personal, para zafarse de su sencillo aprieto: es un conservador recalcitrante con bandera de izquierda. Un quintacolumnista, un sicofante de la peor tradición meapilas mexicana y un traidor ideológico.
Su aclaración no ayuda mucho a la ciudad tampoco pues cómo se determina quienes son "la mayoría" de los participantes y, por otra parte, el procedimiento debe ser aprobado y accionado por alguna autoridad que, naturalmente, tomara la decisión para darle cause o no a la consulta y, obviamente, lo hará como mejor le convenga.
Aclaro que no estoy en desacuerdo con la idea de la democracia directa en ciertos temas (por ejemplo en California y la propuesta 8, no estoy de acuerdo, que es lo mismo que obrador propone para el mismo tema), sólo señalo que las premisas del artículo de marras son un tanto pueriles pues ignora lo que creo que todos podemos observar empíricamente: entre más local sea el asunto y "la mayoría de los involucrados" identificables y proactivos, mejor funciona la democracia directa y popular.
Quitar espectaculares o permitirlos en zonas específicas, permitir o no una obra, una estatua en una colonia, un parque, o el juicio previo necesario a la eliminación de un bien comunitario como árboles patrimoniales para trocarlos por obras públicas (puntilloso asunto: a veces lo mejor para la colonia es la nueva obra y a veces no) y un etcétera que bien pudiera ser largo, se prestan perfectamente para la democracia directa y entre más localizada y específica, mejor.
Por el contrario, entre más amplio el problema de que se trate, más grande la población y más diversas las opiniones, menos útil resultará el ejercicio que, debiera ser obvio para todos, en mi opinión, no es culpable del uso político que le dan gobernantes y en no pocas ocasiones, la propia población.
En fin, tampoco veo forma de, como hace el autor del artículo, acusar de viciado a todo ejercicio de democracia directa, pero igualmente me parece que entronizarlo como positivo en todos los casos, es falaz, independientemente de si es legalmente vinculativo.
Es vinculativo ante la población y la opinión pública, aunque no lo sea por ley. Es vinculativo políticamente.
Pues ya dijo lo que quería decir, don Alex. No muy claramente, a mi parecer; pero ya lo dijo. Mi punto era (es) que no es muy productivo comparar peras (un instrumento de democracia directa vinculante, como la Iniciativa, que rige la sección 8 del artículo 2 de la constitución californiana) con manzanas (el resultado de una Consulta Ciudadana, que rige el capítulo IV de la Ley de participación ciudadana del DF, no vinculante). Quizás no sea de su interés, pero la ley local a que hago referencia contiene otros instrumentos de democracia directa. Existe en la legislación del DF algo semejante a lo que lleva a la aprobación en California de las famosas (o infames) "propuestas": la Iniciativa Popular" (capítulo III de la LPCDF). Saludos.
Pero eso sí, la misma autoridad defeña no metió la tenencia de regreso y no hubo consulta pública!
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