Bitácora en línea que documenta la incierta relación entre literatura y sociedad.
La gran novela latinoamericana de Carlos Fuentes

En portada. Un libro de tapa gris y una escalera engalanada con alfombra roja. La literatura es lujo, elegancia y buen gusto.
En la primera solapa. Por poco y no caben los premios que le han dado a Carlos Fuentes. Es un escritor prestigioso.
En la segunda solapa. El ojo de una cerradura que, interpreto, podemos abrir luego de la lectura del libro. ¿Qué hay al final de la escalera? Una puerta. ¿Qué hay detrás de la puerta? El canon.
Pretextos. Para el lector americano, el ensayo de Fuentes tiene tres prólogos: ninguno oficial, todos necesarios para explicar alguna parte del libro.
El primero apareció tres días después de la publicación del libro en España, el 27 de agosto, en el diario El País con el título “Estirpe de novelistas”. El artículo es una apretada síntesis del canon que Fuentes propone. Como sucede a veces, los latinoamericanos nos enteramos de quiénes somos gracias a la Península.
El segundo, “La nueva narrativa hispánica de América (en más de 100 aforismos, casi tuits)”, es un artículo que Jorge Volpi publicó en Nexos el 1º de septiembre. Allí, Volpi declara ingeniosamente la desaparición del concepto “América Latina” y propone la “narrativa hispánica de América” como una nueva categoría que cobija la ficción escrita en el continente. El texto es una relectura del Boom encaminada a señalar cómo los escritores del Crack y del grupo McOndo demostraron que era posible narrar América Latina desde una nueva perspectiva. También, el artículo demuestra interés en situar la obra de Roberto Bolaño como una respuesta a las grandes obras del Boom; una respuesta, sin embargo –y aquí está, según Volpi, la diferencia entre Bolaño y el Crack y McOndo– que no lleva a ningún camino salvo el del límite: su continuación, su negación y su destrucción. La génesis de esta idea no es nueva; Volpi la publicó en 2008 en diferentes revistas bajo el título “Bolaño, epidemia”. ¿Por qué Bolaño? La respuesta está en el tono ambiguo con que igual lo encumbra y lo denuesta en ambos textos. Es decir, no hay respuesta.
El último prólogo corresponde a las “Palabras finales” del ensayo de Fuentes, que inicia con una captatio benevolentiae en la cual se asegura que el libro que tenemos en la mano es “un libro personal”, escrito bajo una “disciplina irregular” cuyo resultado es la ausencia y/o el exceso de nombres y obras.
Los que están. El ensayo de Fuentes parte de una tesis ya presente en su artículo de El País: la identificación de tres textos como ejes de lectura de la narrativa latinoamericana: la Utopía de Tomás Moro, el Elogio a la locura de Erasmo y El príncipe de Maquiavelo. De ellos deriva tres impulsos narrativos: 1) el deseo de lo que debería ser, 2) el deseo de lo que puede ser y 3) el deseo de lo que es. Esta metodología funciona desde su lectura de Bernal Díaz como primer gran narrador del Nuevo Mundo hasta el capítulo dedicado a Pedro Páramo. A partir de allí, la base conceptual adelgaza y el libro se convierte más en un diario de lecturas –de Borges al Boom– y luego en un listado de autores y obras acompañados de pequeños comentarios –autores del “Búmerang”, el Crack, el post-Boom, Nélida Piñón, Juan Goytisolo y una selección de cinco escritoras y tres escritores mexicanos.
En general, la primera parte no tiene problemas. Es usual decir que Cervantes es el gran iniciador de la novela en español, que Bernal Díaz del Castillo es el gran iniciador de la prosa en América Latina, que Rómulo Gallegos, que la novela de la Revolución, que Rulfo. Sorprende la inclusión de dos capítulos dedicados a la Colonia, por la insistencia de Fuentes sobre la ausencia de narrativa de ficción en la época. Prefiere olvidar el autor textos como Los infortunios de Alonso Ramírez y en general toda la tradición picaresca al declarar que entre Cervantes y Galdós y Clarín no hay nada. La cultura colonial le sirve a Fuentes para otra hipótesis: en el discurso poético latinoamericano sí encontramos hilos conductores sin pausa, y gracias a éstos los novelistas han podido trabajar y revolucionar el lenguaje.
Con los autores del siglo xx tampoco hay sorpresas: conocemos la genealogía de Fuentes desde La nueva novela hispanoamericana (1969),Valiente mundo nuevo (1990), Geografía de la novela (1993) y finalmente en su artículo ya citado. Algunas rarezas: 1) el estudio del Boom corresponde al capítulo que se dedica a la obra de Donoso, cuando usualmente su nombre está en quinto lugar de la lista del grupo y no en primero, lo que produce un efecto de dislocación: quedan aparte García Márquez y Vargas Llosa 2) de cuyos premios Nobel no hay constancia en el libro y 3) cuya importancia casi queda opacada por el papel sobresaliente que se le otorga a la obra de Cortázar, para terminar con el Boom, y a Lezama Lima por encima de los demás: Borges, Carpentier, Onetti.
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Comentarios (3)
No me gustó hay muchos errores sobre la trama de algunas novelas !
Hola ¿te referís a que en el ensayo de Fuentes hay errores en las tramas de las novelas comentadas???? qué notable sería .Quiero comprar el libro y me llamó la atención este comentario .Bueno, todo es posible ,¿no ? jajaja
http://dl.dropbox.com/u/52844525/PARADANI.pdf
Les dejo un ensayo sobre bolaño inedito
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