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Chicago, Ford y The Fugitive
Por Daniel Krauze

Las cintas de acción suelen usar la geografía de las ciudades como postales. Viajamos como trotamundos de la mano de Jason Bourne, James Bond y sus derivados. Visitamos el tráfico Moscovita a través de una persecución de coches, conocemos el desierto después de que se desploma un avión del 007, colgamos del edificio más alto del mundo en la última Mission: Impossible. A pesar de la obsesión turística del género, las ciudades rara vez añaden a la simbología de la historia: las locaciones escogidas son tan intercambiables como las armas del héroe, y lo que se lleva a cabo en Praga bien podría ocurrir en Barcelona, París o Bruselas. La gran mayoría de los motivos detrás de las decisiones son arbitrarios. La famosa secuencia de Inception en la que Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) le enseña a diseñar escenarios oníricos a Ariane (Ellen Page), parece desarrollarse en París sólo porque Christopher Nolan, el director, quería doblar como tortilla a la ciudad más bella del mundo . Hay excepciones, pero son pocas. In Bruges, menospreciada cinta del magnífico dramaturgo irlandés Martin McDonagh, da la impresión de que –más allá de la clave inserta en el título- no podría ocurrir en un lugar que no fuera Brujas, mientras que Die Hard, el molde para el 90% de las cintas de acción modernas, funciona en gran medida como un comentario sobre las diferencias caracterológicas entre Nueva York (personificado en John McClane), y Los Ángeles, el escenario de la historia.
Sin embargo, quizás el mejor ejemplo de una gran cinta de acción haciendo uso de la ciudad que ha escogido es The Fugitive, una de los grandes exponentes del género, dirigida por Andrew Davis y protagonizada por Harrison Ford. Richard Kimble (Ford), reconocido cardiólogo en el Chicago Memorial Hospital, es culpado del asesinato de su esposa y enviado a prisión, donde esperará la pena de muerte. En el camino, su transporte se sale de la carretera, un tren lo vuelca y Kimble escapa de vuelta a Chicago para comprobar su inocencia. La cinta de Davis no escatima en menciones a la ciudad. El nombre “Chicago” aparece en decenas de diálogos, pero más que ser un acento auditivo, la urbe misma es un personaje de la historia, y Davis lo subraya incurriendo en una variedad de tomas aéreas que resaltan el carácter laberíntico e imponente de la joya del Midwest americano. Una y otra vez, Chicago –como protagonista- le sirve de coartada a Kimble para escapar de su persecutor, Samuel Gerard, interpretado por Tommy Lee Jones, en una actuación que merecidamente le valió el Óscar. Y en ninguna secuencia es más evidente lo anterior que en la persecución durante el desfile del Día de San Patricio, cuando Kimble se adentra en la procesión para huir de Gerard.
¿Podría The Fugitive haberse filmado en Nueva York, por ejemplo? Quizá pero a lo largo de la cinta las peculiaridades de Chicago operan en la trama. ¿Cómo se da cuenta Gerard y su equipo de que Kimble regresó a su ciudad natal tras haber escapado? Porque interceptan una llamada que el doctor le hace a su abogado y, en la grabación, escuchan un tren elevado, parte esencial del diseño de la ciudad. Más adelante, Davis hace uso de aquel tren en una secuencia clave, justo antes del enfrentamiento climático. ¿Podría pasar lo mismo en Nueva York y con Kimble saliendo de un tren que paró entre Penn Station y Times Square?
La secuencia final le rinde homenaje a la ciudad: sitúa la acción a la mitad de su más famosa avenida, el Magnificent Mile. Y dado que el símbolo de Chicago es el rascacielos (la urbe cuenta con dos de los más grandes edificios del planeta) el clímax funciona aún mejor porque ocurre en la terraza de un altísimo hotel. Hasta el clima de Chicago cobra importancia. Sin excepción alguna, la acción de The Fugitive se despliega bajo cielos plomizos; los personajes jamás visten algo que no sea un abrigo o una chamarra. Este recordatorio de la inclemencia invernal sirve para exacerbar el peligro en el que Kimble se encuentra: sin dinero, con el tiempo encima, en una ciudad gélida y viviendo, durante un lapso de la cinta, en el sótano de una truculenta familia de inmigrantes rusos.
Sin duda hay elementos aún más loables en la película de Davis. La acción jamás es gratuita y siempre nos regala claves que matizan a los personajes, como cuando Gerard le confiesa a Kimble que no le importa si es o no inocente; o cuando, justo antes de la persecución del Día de San Patricio, Gerard dispara a Kimble en el rostro, y solo un cristal antibalas salva su vida. Las actuaciones son impecables –quizás esta es la última gran cinta de Ford-, la fotografía es eficaz y la música es adecuadamente ominosa. No obstante, vale recalcar el uso que The Fugitive hace de su locación y recordar que, a veces, las ciudades en el cine pueden ser mucho más que simples postales.
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Comentarios (1)
No me queda duda que el cine representa un arte legítimo. Tampoco que los realizadores cineastas tienen una responsabilidad estética, social y también espiritual. Sin embargo, creo que también depende mucho del espectador y su capacidad para dejarse abstraer por ese mundo paralelo que le ponen en frente y eso no se logra a la tercera o cuarta película, eso se logra con el tiempo y con buenos directores que magnifiquen las bondades de nuestra realidad, por más típica que parezca.
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