Dilemas atenienses

Febrero 26, 2013 | Tags:

 

La superación personal y el civismo, para emplear las palabras usadas hoy y las usadas ayer por los educadores, siempre han sido materia eficiente para la buena literatura y de la gran filosofía. No de otra cosa se dió cuenta Pablo Boullosa, según me imagino, al  escribir un libro en el cual pusiera todo lo que sabe y todo cuanto ha aprendido sobre Platón y Aristóteles al servicio del lector común  para prevenirlo contra la distracción de las baratijas motivacionales o el asedio de las profecías instantáneas.

Dilemas clásicos para mexicanos y otros supervivientes (Taurus, 2011), tomo “izquierdo” que será completado por un “tomo derecho” en vez de la sucesión de un volumen primero y de un volumen segundo, pretende explicar desde el principio lo que es o debe ser un ciudadano educado, tal cual lo hubieran pensado los ilustres pensadores de la Escuela, cuyas figuras pintadas por Rafael Sanzio, son el  ícono que ampara a Boullosa en este ameno ejercicio de filosofía callejera.

No es filósofo de formación Boullosa, como sí lo es Fervando Savater, uno de los maestros contemporáneos de la divulgación ética a quien nuestro autor tanto le debe, al grado que se ha distanciado de él por razones acaso relacionadas con el ateísmo savateriano. Tampoco es Boullosa exactamente un apologista cristiano (aunque se asuma católico) como C.S. Lewis, con quien comparte la vena humorística y la comunicación con el diablo, sino un periodista mexicano con experiencia notoria en la televisión cultural y un hombre de libros que ha tomado la vereda solitaria del educador libre, asistemático, del mayeúta. Boullosa es lo que antes se hubiera llamado un incitador. Platón y Aristóteles, pero también sus continuadores durante el siglo XX, según él y nada equivocadamente, Sartre y Camus, son clásicos porque no son nuevos. Nuevo, leemos en Dilemas clásico es, sin lugar a dudas, el twitter: queda por saber si será  moderno el mensaje de 140 carácteres. Por modernidad entiende Boullosa lo que sus maestros atenienses (porque su libro ratifica que entra a esa escuela cualquiera que abra los Diálogos o la Ética nicomaquea). Es decir, moderno es aquello que habiendo sucedido en la ciudad, nunca se olvidará por su importancia  en la educación de los ciudadanos.

Para repensarla, desde la humildad significativa explícita en escribir bien para divulgar mejor, Boullosa sugiere irse a los tópicos y pone el ejemplo. No le teme a las simplificaciones y esta minihistoria de la filosofía saca provecho del conflicto entre el idealismo platónico y el realismo aristotélico, eternamente elucidados por Rafael en el dedo del maestro apuntando al cielo y en la enigmática mano abierta del discípulo. Concuerda Boullosa, leído en neurociencias, con la probabilidad de que tengamos un hemisferio cerebral platónico y otro aristotélico, el derecho correspondería al discípulo de Sócrates, el segundo, al discípulo de Platón. Que quizá seamos sólo el habítaculo en movimiento donde se dirime la eterna controversia: “ Así que puede afirmarse que, de ser cierta esta generalización, todos tendríamos nuestro Platón interno, que nos empuja a llevar una vida más divertida, intensa y libre; y nuestro Aristóteles interno, que nos empuja a ser cuidadosos, a pensar bien las cosas, a planear el futuro.”

No le gusta mucho Platón al autor de Dilemas clásicos y en su clasificación, deliberadamente escolar, prefiere a Aristóteles. Para ilustrar esas dicotomías, Boullosa recurre a los procedimientos gráficos, a las viñetas, a la ilustración fotográfica que pretende hacer un manual parecido a cualquier otro libro empeñado en atrapar a quien teme la filosofía a secas porque no ha tenido la fortuna de encontrarse a un buen incitador liberal. Porque Boullosa lo es: individualista, teme al Estado educador, repudia la expulsión platónica de los poetas, desprecia la adoración del totalitarismo en que fuimos educados no pocos jóvenes durante los años setenta del siglo pasado, le ve mucho mérito a la meritocracia, deplora el populismo del rector de la UNAM, detecta que muchos preparatorianos mexicanos siguen leyendo, por instrucciones de sus maestros el marxismo más retrógrado y repudia a tal grado la negativa de los maestros sindicalizados a evaluarse que somete a una “prueba desenlace” de su invención a los mismísimos filósofos atenienses. Tampoco teme evaluar como educadores a Jesús y a Sócrates.

La democracia mexicana es horrible, sostiene Boullosa porque permite que se mate impunemente y porque educa poco y educa mal.  Esto es un hospicio. No propone Boullosa, en este verdadero libro de autoayuda, recetas ni panaceas: sólo asume que, estando la sabiduría reservada a muy pocos, conocer, en cambio, está al alcance de muchísimos. Incluso si fueran muy pocos los lectores de Dilemas clásicos, basta con la aparición de alguien que consideré seriamente si es platónico o si es aristotélico, para que la tentativa prospere. Sólo el conocimiento es interesante, concluye Boullosa y se refiere al conocimiento que los sabios Platón y Aristóteles deseaban para su ciudad. Asegura Boullosa que México vive en la Edad Media, la cual interpreta tradicionalmente como el mundo de las tinieblas y le gustaría que México renaciera leyendo a los griegos.  Cree platónicamente nuestro autor que un Renacimiento es cosa de que una o dos generaciones lean los libros indicados. Esa creencia podrá ser ingenua pero la han compartido grandes y eficaces educadores, como lo fueron Alain o Vasconcelos.

 

 

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Comentarios (3)

Mostrando 3 comentarios.

Me parece interesante desde el titulo "Dilemas clásicos para Mexicanos y supervivientes", me interesa el pensamiento social y los cambios que afectan o mejoran en esta,Boullosa al parecer desde su forma de pensar brinda ejemplos y no una receta de como se es un ciudadano educado,en definitiva Leer nos brinda conocimientos, espero después realizar un cometario sobre su obra, cuando ya la allá leído.

Es casi imposible comentar un libro que uno no ha leído, sin embargo por las referencias que se dice que el autor hace, puede uno intentarlo. Primero, creo que la distinción entre Aristoteles y Platón no es quizas la mejor manera de presentar a estos autores, principalmente porque es un problema aún en discusión, es decir, que hay tanto mérito en llamar a Aristóteles fiel seguidor de Platón (aunque no del platonismo duro), como disidente. Existen muchas razones para ellos, principalmente el que Platón fuera un escritor tan camaleónico, que aún en sus últimas cartas, ya abandonados los diálogos, parece comenzar a repensar muchas de las sentencias que de boca de Sócrates, Platón, como magnífico tramposo literario que fue, pronunció sin usar nunca su nombre. Si la re-reflexión del platonismo fue uno de las últimas tareas del propio Platón (léase El Sofista, El Timeo y la Carta Séptima), entonces fue Aristóteles un gran seguidor del maestro. Existieron grandes pensadores que intentaron la reconciliación, cuando se pensaba que eran grandes antagónicos. Muchos de ellos surgieron en la Edad Media, como malignamente se llama, término que parece utilizar el autor. Esta palabra es sumamente dañina para quien quiere re-hacer los pasos del pensamiento, ya que a ésta época le debemos muchísimos métodos y paradigmas de pensamiento que aún utilizamos ahora, somos más medievales de lo que nos gustaría. Yo no me opondría tanto, tendría Boullosa que comenzar a leer a grandes joyas del pensamiento medieval para sacudirse estos prejuicios renacentistas (nótese que los grandes pensadores medievales fueron cristianos, uno que es ateo puede apreciarlo, el autor llamado católico, debería entonces prestar más atención a la época que más erudición y brillo sacó a sus colegas cristianos). Finalmente, así como somos platónicos en nuestro quehacer diario (pregúntele a un niño o a un cura si, antes de nacer estaba en otra parte, seguro contestará que sí, eso es absoluto platonismo, y no precisamente cristiano, como pretende la cultura mexicana ser), sómo sumamente aristotélicos, pero no por las aburridas razones que propone Boullosa. 

Claro que la cosa es leer los libros indicados, y dejar que el fuego consuma a los otros, los no indicados, por contener en sus pàginas caminos al extravìo, sofisma y error -e.g. las "Obras Completas" del Lic. Andrès Manuel Lòpez Obrador.

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