Crítica, conversación, diálogo.
Las otras víctimas de Maciel
Por León Krauze
A mí nadie me cuenta lo que son los Legionarios de Cristo. Hace poco menos de 15 años conocí de cerca a una familia que —como muchas en México, España y América Latina— dedicó cuerpo y alma a difundir el mensaje del Reino de Cristo, el movimiento de apostolado creado por Marcial Maciel para reclutar hombres y mujeres dispuestos a “consagrar” su vida al servicio de la Legión. La mayoría de los jóvenes del Regnum Christi eran, en mi experiencia, de sectores sociales acomodados. La familia de mis amigos incluía a tres hijas, criadas bajo el más estricto esquema de valores, todos desde y para las enseñanzas de Maciel. Tuve el gusto de ser amigo de la hija mayor, una joven mujer con un círculo amplio de afectos, aficionada al baile y al canto. Apenas terminó la preparatoria, la chica en cuestión decidió “dar un año”; literalmente entregar 12 meses al apostolado del Reino de Cristo. A lo largo de ese año, a través de correspondencia primero habitual y luego obligadamente esporádica, pude atestiguar una transformación aterradora. Aislada por las reglas —las llamadas de familia y amigos restringidas y reguladas como en un sistema carcelario, la correspondencia leída previamente por algún “superior”— mi amiga poco a poco comenzó a desaparecer: su tono, su discurso y sus anhelos originales fueron reemplazados por los de un autómata. Aquello, para mí, no fue un año de apostolado durante el que se confirmó una vocación; fue un proceso de adoctrinamiento, un perverso lavado de cerebro. Al final, mi amiga decidió “consagrar” no sólo un año sino todos sus años al movimiento. Una de sus hermanas le siguió un par de años después.
Pero el proceso de deshumanización no terminó con la consagración. Con el paso del tiempo conocí las reglas que mi amiga y todas las demás señoritas consagradas soportaban. Desde un principio se recrudecieron la restricción y la vigilancia a las llamadas telefónicas. Las chicas tenían derecho a un número limitado de pertenencias, incluidas fotografías. El correo (en aquel tiempo no había versión electrónica) era intervenido. La vestimenta casual era inaceptable: las señoritas eran obligadas a vestir atuendos que, a mi parecer, recuerdan a una burka occidentalizada. Muchas terminaban por trabajar lo más lejos posible del seno familiar (mi amiga fue a Chile; su hermana, creo, a Irlanda). Recuerdo que las reglas para las visitas en persona en aquellos primeros años de “consagración” eran igualmente perturbadoras: un par de episodios de convivencia al año con lineamientos estrictos. En suma, las señoritas desaparecían, para cualquier consideración práctica, del entorno familiar, el mismo, por supuesto, que había financiado con puntualidad a la Legión y entregado su prole al movimiento. Según creo recordar, tampoco recibían autorización para asistir a fiesta alguna en sus lugares de origen fuera de fechas establecidas. Si alguien se casaba, si un niño nacía, si la familia estaba de plácemes: nada importaba —y quizá sigue sin importar. Las consagradas eran simplemente secuestradas para reafirmar una “vocación” que, de no preexistir, seguramente terminaba, digamos, por germinar.
Nada de esto tendría mayor importancia, claro, de no ser por el hombre detrás de esos valores y sistema disciplinario. Ese es, me temo, el corazón del asunto. En casa de mis amigos, como en la de cualquier auténtico miembro de la Legión de Cristo, Marcial Maciel no era sólo el fundador del movimiento: era el dogma mismo. Con un respeto que rebasaba incluso a la figura papal, a Maciel se le llamaba “nuestro Padre”. Y eso era: el auténtico “alfa y omega”. La Legión y su padre fundador eran —y siguen siendo— uno mismo. Los Legionarios no pueden argumentar que es hora de “pasar la página” cuando Maciel era el libro entero. Para limpiar su nombre, la Legión debe, antes que nada, reconocer la importancia capital e ineludible de Marcial Maciel. Será una tarea difícil. No es lo mismo extirparse un tumor que arrancarse por entero la columna vertebral podrida. Pero de ahí debe partir cualquier discusión de las deudas de la Legión no sólo con las víctimas de abuso sexual de Maciel sino con las miles de mujeres y hombres que consagraron sus vidas en defensa de un movimiento creado y guiado por un monstruo hipócrita y cruel.
- León Krauze

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Comentarios (18)
Yo soy amiga de una consagrada a Regnum Christi y doy fe de todo el proceso que describe Krauze en este texto. No sé si lo haya hecho con alegría, pero se ha perdido la boda de su hermana, su padre tuvo que irrumpir un día al sitio donde estaba encerrada en Monterrey y exigir verla. Y ellos son católicos. Mis padres también lo son (afortunadamente no de Regnum Christi).
No se trata de atacar a la Iglesia católica. Se trata de atacar a una orden fundada por un hombre de dudosos principios morales, con varios hijos no reconocidos, con dudosos vínculos de poder y sobre el que pesan fundadas acusaciones de abusos. Más allá de si son pecados o no, son delitos. Y debió de haber respondido ante la ley.
Igual de absurdo que Maciel y el desfogue de su sexualidad reprimida, es la forma en que los Millonarios de Cristo conciliaban la educación científica con la palabra de Dios.
León:
Me parece muy interesante abordar la situación de esas otras "víctimas" del lavado de cerebro de parte de Maciel. También conozco personas como las que describes. Lo más triste es que son miles. La situación está de miedo y habría que desmenuzarla.
Otra cuestión que no se ha abordado es la increíble red de complicidades que SABÍAN de los abusos de Maciel y se hicieron "de la vista gorda". ¿No en cualquier otro delito cae no sólo el criminal, sino también sus cómplices? Esto muy pocos se han atrevido a abordar ya que salen salpicados desde las más altas cúpulas de la Iglesia Católica en México y en Roma, así como los grandes empresarios de este país. El problema es mucho más serio y más profundo que lo que hizo una sola persona (Maciel). Basta leer las investigaciones que ha hecho el Dr. Fernando González de la UNAM sobre Maciel y sus legionarios. Me gustaría mucho que la revista dedicara un número.
Saludos.
Conozco por referencias el nombre de Leon Krauze, esta es la primera vez que leo algo suyo. La redacción de esta nota sobre los legionarios me gustó sólo por su calidad técnica, pero su contenido me decepciona porque revela un prejuicio que no es coherente con la honestidad intelectual. Lo que he oído de Krauze me hace pensar que valga la pena comentar su nota porque pienso que el señor Krauze es honesto.
Yo soy el padre de una consagrada del Regnum Christi, lo que quisiera comentar no es de oídas, sino que lo he vivido personalmente.
No quiero defender al Padre Maciel, pero si quiero decir que las consagradas que conozco, y son muchas, dan su vida con alegría por Cristo.
Ellas han sido un ejemplo para mí y les digo que la obra que realizan merece el mínimo respeto de averiguar un poco sobre lo que se va a hablar.
Está de moda atacar a la iglesia católica, pero esa moda no debe provocar que se pierda la objetividad de quien sabe que la verdad es el fundamento de la dignidad del escritor.
Pues he leído todos los comentarios que han puesto. Creo que para poder emitir juicios se deben de conocer todos los hechos. Sino es así, caemos en la critica e incluso ofensa.
Hechos: El Padre Maciel abuso de su posición y ofendió con actos a muchas personas, algunas directamente. Ya murió y será juzgado en el cielo. Las víctimas poco se puede hacer y más bien hay que escucharlos y ver cual es su objetivo.
De la congregación es un hecho que unos pocos sabían esto y deberán responder ante el Vaticano.
De los sacerdotes y religiosos que desconocían esto, seguramente están muy desconcertados y tendrán que decidir que camino quieren seguir en su vida.
Del resto de los miembros del RC, tendrán que decidir si continúan o no en esta asociación. Y pues las obras que tanto bien han hecho a México y al mundo pues que sigan haciéndolo...
Esta es mi opinión muy personal que no busca ofender ni desacreditar a nadie. Creo que hay que conocer muy a fondo el caso y es lo que nos falta en México... educación traducida en formarse un criterio de las noticias a las que tengamos cercanía, siempre con espíritu de construir una sociedad más justa.
Marcial Maciel y la reforma que viene
Los dolores
Las revelaciones sobre la vida personal de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, han venido saliendo a la luz desde 1997. Pero las primeras acusaciones presentadas ante instancias eclesiásticas datan de 1956. Se necesitaron veinte años para que las víctimas procesaran su dolor y se atrevieran a hablar públicamente. Han pasado ya más de diez años desde 1997 y las revelaciones no cesan. A los testimonios sobre la pedofilia del sacerdote han venido a añadirse nuevas víctimas: al menos dos mujeres engañadas y varios hijos no reconocidos. Este es el dolor primero: las víctimas directas. Son la deuda mayor de la Legión de Cristo, de la Iglesia Católica, de todos los bautizados y bautizadas.
En el camino hay otra clase de víctimas: los testigos, algunos ex legionarios, que primero fueron desoídos y más tarde públicamente descalificados. También Alberto Athié, presbítero católico que asumió como deber de conciencia buscar justicia para las víctimas de Maciel y tocó todas las puertas que tuvo a su alcance, comenzando por la puerta de su arzobispo, el Cardenal de la ciudad de México. Y todas las puertas las encontró cerradas. Víctimas han sido también algunos trabajadores de la comunicación que se atrevieron a desafiar el poderío de la Legión y su influencia sobre los dueños del duopolio televisivo, para informar sobre el caso Maciel y por ello fueron desacreditados y despedidos de sus trabajos.
Alrededor de Maciel y sus fechorías se estableció una confabulación de silencio. Silencio de quienes, teniendo autoridad sobre el fundador de la Legión, debieron haber tomado cartas en el asunto. Silencio obligado de quienes, bajo una legislación opuesta al evangelio, tenían prohibido hablar de lo que veían o sabían. Silencio de las más altas instancias vaticanas, que tuvieron conocimiento de las denuncias y omitieron hacer la investigación pertinente. Los mismos que ensalzan a voz en cuello a la familia permitieron el sufrimiento de numerosos niños. Este es el segundo dolor: la complicidad. Y venida justamente de quienes ondean la bandera de la verdad y la usan como arma para callar disidentes, pero que fueron incapaces de usarla para investigar al delincuente. Los cómplices tienen nombres y apellidos y han sido públicamente exhibidos en las últimas semanas. La gran mayoría de ellos se mantiene impenitente.
El silencio ha sido roto. Ante las públicas evidencias, diversos niveles de iglesia se han pronunciado. Se habla de un complot contra la Iglesia Católica, orquestado por sus tradicionales enemigos. Se dice que Maciel es sólo un pretexto para desacreditar a la única institución que goza de confianza popular. Se acepta a regañadientes la existencia de los delitos del Fundador, pero se pretende un corte quirúrgico que exculpa a todas las instancias que, de manera cómplice, sostuvieron al delincuente. Nadie parece recordar que el culto a la personalidad de Maciel, su presentación como hombre santo, formaba parte de una estrategia promovida a sabiendas de las acusaciones que circulaban en su contra. Este es el tercer dolor: la ceguera, la contumaz dureza de corazón de quienes, con argumentos religiosos, siguen restándole importancia a un escándalo que ha causado (y seguirá causando) un grave daño a la comunidad cristiana. Mientras usemos subterfugios para no asumir la responsabilidad que nos toca como Iglesia, será difícil que levantemos cabeza.
La esperanza
No basta con decir que la Iglesia perdurará para siempre porque está asistida por el Espíritu Santo para que esto acontezca de manera automática. La promesa de Jesús (Mt 28,20) debe ser leída junto con la advertencia, dirigida no solamente al Israel histórico, sino también a sus discípulos y discípulas: “¿Qué hará el dueño de la viña? Irá, acabará con los labradores y entregará la viña a otros” (Mc 12,1-12).
En lugar de cortes quirúrgicos, hemos de emprender una limpieza de toda la casa. Tal limpieza ha de incluir, no solamente la investigación y castigo de quienes cometen delitos contra la niñez, sino la revisión de algunas prácticas que nos han alejado del evangelio. Detrás de los delitos sexuales, los más llamativos mediáticamente hablando, se encuentra la idolatría del poder y del dinero, con mucho una desviación mayor que las caídas individuales de algunos ministros. La influencia de Maciel y su congregación no se explica sin las cantidades inmensas de dinero que maneja. En la Iglesia, hay que reconocerlo, hemos olvidado muchas veces que no se puede servir a Dios y al dinero y que no hay riqueza mayor en nuestra tradición cristiana que servir a los más pobres y testimoniar nuestra solidaridad con ellos viviendo en una austeridad congruente.
El ansia de poder, criticada duramente por Jesús (Mt 20,20-28), ha generado monstruosidades en la Iglesia. No de otra manera se explica el afán de control de las mentes y el uso tiránico de una autoridad que fue dada como servicio. La obsesión por el poder y el dinero, que rebasa con creces el ámbito de la Legión de Cristo y doblega a no pocos miembros de la jerarquía eclesiástica, ha sido el caldo de cultivo en el que germinó y creció el poder de Marcial Maciel. Todos tenemos que hacernos responsables de esto.
La esperanza, única débil luz en el final de este túnel, es que los cristianos y cristianas encontramos en estos acontecimientos una llamada vigorosa a la reforma. Para iniciar un camino de difícil recuperación de la confianza perdida, en la Iglesia Católica tenemos que revisar, con humildad, muchas de nuestras prácticas, no solamente en materia de transparencia, sino todo lo que, institucionalmente hablando, nos convierte en la única institución monárquica absoluta sobreviviente en estos tiempos.
Al Vaticano II llegamos debido a una fuerte inquietud que tuvo, en sus inicios, fuertes connotaciones litúrgicas. El concilio fue mucho más allá. Nadie se imaginó que de las tímidas aspiraciones litúrgicas surgiera el vigoroso ímpetu de reforma que atravesó a la iglesia en la década de los sesenta. Después de cerca de treinta años de caminar en sentido inverso al espíritu conciliar, quizá el escándalo de Maciel (al que se ha añadido revelaciones de pederastia en Irlanda y Alemania) nos esté presentando una oportunidad providencial de retomar y profundizar las reformas conciliares. Lo cierto es que en cada vez más corazones crece el clamor: reforma, reforma, reforma. Escuchar este clamor puede hacer la diferencia y convertir este tiempo de dolores en tiempo de gracia.
La gran necesidad del ser humano de buscar respuesta a tantas interrogantes sobre su existencia misma, para qué, por qué, qué con la muerte, si hay algo después de la muerte, explicar su conducta; necesidad de encontrar una forma de vida, contar con apoyos y dar explicación a tristezas, angustias, no desprenderse de sus muertos, etc., etc., le lleva, creo, y sin duda de buena fe, a asirse de religiones, de líderes religiosos, de ritos que no de Dios, del Dios al que profesa su fe. Lo malo es que esa buena fe deja a muchos con un corazón, muy sensible, "tiernito", dispuesto a todo o a mucho; deja a muchos con la mente nublada y entonces hace ídolos de piedra, madera, humanos, hace fetiches, se ciega. Así son fácil presa de líderes no sólo falsos sino malvados quienes los utilizan para cualquier fin personal ya político, económico o de perversión sexual como en este caso. Tristemente la historia da cuenta de esto.
De las víctimas directas, muchos ya han hablado. Las personas no lastimadas directamente pero pertenecientes al grupo de los Legionarios que estaban ahí de buena fe (siento que debo insistir en esto) deben estar sufriendo profundamente, viendo tambalear su fe pues parte de aquello en lo que creían se derrumbó y de forma por demás terrible. Ellos también están lastimados por lo tanto son parte de las "otras víctimas". Muchos habían repartido su fe en Dios pero sobre todo en Maciel. Pero creo que ahí no queda el tema, todos los demás, en este caso católicos, también han pasado a ser parte de esas "otras víctimas" pues difícilmente se puede pensar que no hubiera alguien en los círculos del sistema católico de la jerarquía que sea que no supiera del asunto. Pensar que nadie supiera o sospechara es muy difícil; hablar de cómplices empeora el asunto. Ojalá sirva esto como reflexión.
Enhorabuena por la época en la que vivimos, en que este tipo de cosas puede ventilarse. Lo grave de las acciones de Maciel y la gran cantidad de víctimas pero sobre todo por el grupo religioso al que pertenecía hizo que se dieran a conocer. Ahora queda recapacitar para cualquier persona perteneciente a alguna religión, en quién o en qué está depositando su fe; qué le piden los ritos, las liturgias, las personas, que haga. Que la fe en lo que la tenga no le impida razonar. Es difícil pero a veces el corazón y la mente no son muy buenos para trabajar en equipo. Es muy triste todo esto.
Esa columna vertebral de la comunidad de los legionarios de crito se llama Marcial Maciel gracias a DIOS ya extinto,dice los legionarios y la misma iglesia que fuerón unas fallas, quiza errores pero nunca pecados como la misma dogtrina cristiana lo señala en sus enseñanzas y que se comviernen en pecados capitales y por lo tanto excomulgados de la iglesia y mas del paraíso prometido....Me surge una pregunta si alguien me ayuda a responderme estare mas claro o mas convensido de que la falsa moral de los legionarios de cristo la llevan sembrada en su sangre pues son herederos de los principios morales y ortodoxos que su falso e hipocrita y demoniaco fundador les mimetizo en el alma y ellos, los legionarios de cristo aun con todo estas descaradas y vergonzosas acusaciones se atreven hablar de moral,valores y buenas costumbres en sus centros de educación manipulan a su antojo y en donde el negocio es cobrar y cobrar sin importar si eso jovenes educandos aprenden o no ellos los que les interesa es el dinero que por todo cobran, verdad universidad ANAHUÁC, UNID, CUMBRES, etc. etc. con que calidad moral estos sinverguenzas abusadores, pedofilos que aun laboran el sus filas de los centros educativos que tienen a su cargo se atreven a decir solo son fallas o errores, pero seguramente esto no lo dan a conocer a los padres de familia a la sociedad en general para que tengamos cuidado de donde vamos a enviar a nuestros jovenes a prepararce por que por lo visto todo lo que suene a LEGIONARIOS DE CRISTOS NO SON LOS MAS INDICADOS PARA EDUCAR Y HABLARNOS DE MORAL, VALORES CUANDO POR HERENCIA TIENEN LAS VIRTUDES VERGONZOSAS DE SU QUERIDO PADRE MACIEL PEDOFILO, ABUSADOR Y QUIEN SABE CUANTAS MAAS MAS DE LAS QUE NO ESTAMOS ENTERADOS Y PARA LOS PADRES Y JOVENES QUE LO DUDEN LA INVITACIÃ"N PARA QUE INVESTIGUEN EN TODAS LAS DIVERSAS FUENTES Y SEPAN EN MANOS DE QUIEN ESTA LA EDUCACIÃ"N DE LOS FUTUROS PROFESIONISTAS DE NUESTRO MÃXICO Y HAY MAS QUE POSTERIORMENTE ESCRIBIRE PARA QUE SE ENTEREN Y SI ES POSIBLE HACER ECO DE ESTA REALIDAD PARA QUE NADIE IGNORE LA CLASE DE GENTE QUE SON LOS LEGIONARIOS DE CRISTO.
Victimas son muchas, incontables....
Yo en lo personal conoci al ex-sacerdote Alberto Athie Gallo, el cual lucho para que se hiciera justicia a favor de los agredidos directamente por el monstruo de Maciel, dicho ex-sacerdote incluso viajo a Roma para ver al papa Juan Pablo II, y le planteo las agresiones y abusos de Maciel, pero al no poder luchar contra el sistema opto por dejar sus votos de sacerdote, en mi particular punto de vista el fue una mas de las victimas de Maciel
No creo que alguien este justificando nada Barbieri, por el contrario..En mi caso estudie en colegio legionario, como Edgar supongo, y claro esta que muchos fuimos engañados, sin embargo el catecismo, retiros, valores, oracion, misas etc. que vivimos como parte del movimiento, nunca fueron en vano o carecen de valor.
En mi caso son fundamento de la familia
con la que ahora cuento..
La Iglesia en general y demas grupos y legiones (franciscanos, carmelitas, maristas, opus dei, etc.) tienen un sinumero de errores y atrocidades que toda la vida la sociedad y la misma iglesia han querido esconder, por cuestiones economicas, politicas, etc. Donde quedaron cardenales, papa, y demas autoridades de la Iglesia durante todos estos años?
De la tragedia, hay que tomar lo bueno y hacer un bien de ello, no queda mas..
A Edgar, que bueno eres para desviar el tema hacia los problemas del país, y sí, es muy raro que todos los ataques vengan solo de gente de fuera de la Legion, ignoro que clase de adoctrinamiento reciban dentro de esa organización, y para refrescar unos datos, te quiero decir que las denuncias contra Maciel empezaron hace muchos años y el Vaticano se encargó de frenarlas. Me da gusto que llegó Benedicto XVI y tuvo las agallas de por fin darle causa a todas las denuncias, que todos ustedes y su Superior General Alvaro Corcuera encubrían, y además seguían calificando a Maciel como un mártir.
CUIDADO: JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE ES PELIGROSO.
1. 1. Hay que tener cuidado con la justificación de la "Maldad" porque se puede terminar justificando todo, ¡incluso al “Diablo”!, quien no es otra cosa que una víctima teológica de la divinidad, ¿será?.
2. No importa lo que haya hecho “bien” el susodicho personaje Maciel finalmente la fuente de dichos “beneficios” estaba corrompida por la malevolencia de una mente perturbada y esto hay que juzgarlo con el más estricto apego a las leyes terrenales porque sus “pecados” fueron bastante terrenales. Todas las víctimas, todas, son de carne y hueso...
3. Lo teológico es otro paquete pero ni es el lugar ni la ocasión.
4. Mas que desde la culpa teologizante, es desde la responsabilidad social que los Legionarios de Cristo deben asumir su compromiso con las víctimas de carne y hueso de su fundador. Así sanarían un poco la gangrena dejada por su fundador en la congregación. Aunque una amputación no suena irrazonable.
5. Y finalmente, aquí hay que separar lo reprobable de lo rescatable. A lo primero hay que dejarle caer todo el peso de la ley, aunque eso ponga en peligro la canonización de Juan Pablo II, que a fin de cuentas se lo merece; y a los segundos hay que dejarlos reconstruir su espacio de sanación para que continúen construyendo su apostolado desde un cimiento más sólido y en verdad apegado al Bien.
A Edgar:
No, Uds. no son víctimas, de alguna manera son cómplices pasivos. Cuando mucha gente denunciaba a la Legión, se sentían atacados, volteaban a otro lado o simplemente utilizaban el falso argumento (que siguen utilizando ahora) de que las obras buenas son las que prevalecen. Pero, y parafraseando al propio Evangelio, "...de que te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma". La Legión y el movimiento del RC necesitan una "mea culpa" de verdad, no excusas y justificaciones.
Por cierto, en mi adolescencia, yo también fui miembro del reino [todavía tengo en mi memoria esos encuentros, los compromisos, los triduos de incorporación y renovación]. Deserté cuando entré a la universidad, hace ya muchísimos años. Justo a tiempo para escapar de la vergüenza en que ahora ha caído el movimiento. Aún si, yo también me siento cómplice de las atrocidades de ese cura y su gente cercana, por lo que pido un gran perdón a las víctimas. Si es que eso vale algo.
Yo te respondo que pienso hacer por México. Pienso que no puedo permitirme, igual que todos mis connacionales, el olvido histórico. Por su puesto, tenemos que abrir el panorama y solucionar problemas de fondo de nuestro país. Por eso mismo dejar atrás las viejas estructuras del clasismo, racismo y autoritarismo que fomentan instituciones como la iglesia católica. Voy a alzar mi voz en contra de todos ellos; en contra de tí, que pretendes dar la vuelta a la página así como así.
Seré cusirosa, ¿cuáles son esos logros? en lo personal no me siento beneficiada por los Legionarios, ni conozco a nadie que haya recibido algún beneficio.
Las verdaderas victimas somos los que creemos en el Regnum Christi, los mismos legionarios y los consagrados, todos los comentarios vienen de personas ajenas al movimiento,nos duele mucho las burlas que nos hacen al respecto, no es facil responder a tantas verdades que se han dicho, desafortunadamente la falla vine del fundador, no lo justifico en lo mas minimo, da verguenza, pero aun así, los logros son mayores que los errores, que sirva de experiencia, cuantos Marcial Maciel existen en el gobierno de México? Los legionarios ya tocaron suelo, y se van a levantar, los Mexicanos cuando vamos a tocar suelo? hemos vivido engañados igual que los legionarios pero por más tiempo, no sabemos ni nuestra propia historia, manipulada y oculta tantos años, MEXICO ES PROPIEDAD DE UNOS CUANTOS, dejemos a Marcial Maciel, ya está muerto, preocupemonos por MEXICO, SE ESTA MURIENDO, lo que hizo Maciel ya no tiene solución, lo que van a hacer con Mexico SI TIENE SOLUCION, que piensas hacer por Mexico?
Siempre me ha llamado la atención cómo la Legión de Cristo pudo comportarse como una secta dentro de una institución que primero surgió como secta (la Iglesia Católica). La Legión de Cristo comparte elementos que la asemejan a otros grupos peligrosos como Los Niños de Dios, AumShinrykyo y las iglesias de Jim Jones y David Koresh: las personas son aisladas de su entorno, las bombardean con un mensaje único que no puede cuestionarse y tienen la imagen de un líder todopoderoso. Obviamente, la Legión de Cristo no ha tomado el cariz apocalíptico que caracteriza a los grupos que mencioné antes. Y eso la hace diferente y más interesante aún: la Legión pudo convivir entre un líder carismático (Maciel) y una autoridad institucional (el Papado). Ese líder carismático tuvo claro que podía hacer todo lo que se le antojara mientras apoyara incondicionalmente a la autoridad institucional, mientras que ésta sabía que, a cambio de disimular ciertos "pecadillos" de Maciel, sería la heredera de todo el dinero y el poder político que los legionarios tuvieran. Al final todos los crímenes dentro de la Legión fueron posibles porque tanto adentro como afuera hay una enorme y densa red de complicidades, en donde no importa la justicia, sino el poder.
León,
"las víctimas" eran mucho más crueles, esclavas frustradas que torturaban a cualquiera que manifestara la mínima voluntad de pensar o sentir.
¿cómo será que sobrevivimos a eso? quién sabe... tuvimos suerte!
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