Georges Moustaki (1934-2013)

Es curioso que este cantante tan querido en Francia haya aprendido la lengua francesa en la escuela, merced al sistema de liceos franceses en el mundo, abiertos a los alumnos locales. Judío sefaradita, su nombre fue en algún momento italianizado (se llamaba Giuseppe Mustacchi) y parece que en su casa se hablaba italiano. Su abuelo había llegado de Istanbul a Corfú, la familia tenía nacionalidad griega aunque Giuseppe o Jusef nació en Alejandría, Egipto. ¡Un auténtico mediterráneo! Fue un Solal (el deslumbrante y dramático personaje sefaradita de Albert Cohen, originario de una isla griega) despreocupado, nonchalant como él mismo se definía. Sus padres tenían una librería, centro de reunión en esa ciudad cosmopolita y refinada que era Alejandría antes de la Segunda Guerra Mundial. A su abuelo le dedicó una de sus canciones más llanas y de tono más sincero:

Por ti y para ti toco, Abuelo, y

                                                [para así

devolverle al presente todo lo que

                                              ha pasado

porque ya es el francés lo único que

                                                     [hablo

y estas canciones mías nada te han

                                                [de decir.

 

Y le anuncia:

Y al cabo acabaré por parecerme

                                                   [un día

a esa foto en que posas como

                                    [un antepasado.

 

lo que Moustaki aceleró con sus luengas barbas.

Es curioso también que este cantante de las adolescentes fue marcado de por vida por mujeres mayores. A los veinte años se casó con una mujer que le llevaba cinco años y tuvo a su hija Pia. A los 24 años fue voluntariamente engullido por Édith Piaf, entonces de 42; por un año fue su amante y la acompañó en sus giras; fue visto en el entorno de la diva como el gigoló de Piaf, con su hermosa cara juvenil, tan despejada. Huyó y deseó nunca ser famoso. Otra de sus mujeres, al menos como imagen para el público, fue otra cantante de voz excepcional, Barbara, cinco años mayor que él.

Su carrera parece haberle ocurrido a pesar suyo: a los 18 años lo apadrinó Georges Brassens (1921-1981), el gran cantautor francés, anarquista de pueblo, trovador medieval. Moustaki en su honor adoptó el nombre de Georges. Él mismo declaró en unos recuerdos escritos al final de su vida (Petit abécédaire d’un amoureux de la chanson française): “Fue demasiado bello. Fue demasiado pronto. Fue demasiado.” Escribió en esos primeros años buenas canciones para varios cantantes de primera línea: Piaf, Yves Montand, Tino Rossi, Serge Reggiani, entre otros. Fueron grandes éxitos, en particular la famosísima “Milord” que cantaba Piaf. Ya entonces había hecho suficiente dinero para dedicarse a lo que siempre había predicado y terminó haciendo siempre: soñar, viajar, amar, componer y tocar libremente, abanderar modestamente causas democráticas de la época.

Cuando se le acabó el dinero comenzó a cantar por su cuenta, canciones que compuso para sí mismo, en la escena musical parisiense y tuvo mucho éxito, en particular con la que fue la presentación pública de su persona, “Le métèque” (algo así como “El extranjero”):

Con mi carota de meteco

judío errante, pastor griego,

y el cabello a los cuatro vientos,

llegaré, mi dulce cautiva,

alma gemela, fuente viva,

a beber de tus veinte años

y te seré como un hermano

o soñador o adolescente,

lo que te parezca mejor,

y así de cada día haremos

toda una eternidad de amor

y de vivirlo moriremos.

El imberbe Jo Moustaki de Piaf era ya el joven-viejo Georges Moustaki. Sus canciones más amadas son unas treinta, todas de esa nueva etapa, cuando Moustaki se reinventó en esa estampa de greñudo canoso, de viejo desmentido por la juventud de su cuerpo esbelto, por la seducción de sus “ojos deslavados”, como él mismo los describió, y de sus finos rasgos, ocultos por barbas y bigote desde temprana edad y hasta el final. Un náufrago mediterráneo. El siguiente Moustaki, en rápido tránsito de joven-viejo a viejo-viejo (aun prematuramente), que vivía en gran medida de su pasado –a pesar de su ampliación territorial hacia Brasil sobre todo y de varios discos más, poco notables–, interesa más a su círculo personal.

Ese joven-viejo de voz dulce y sosegada pintó el eros de las jóvenes francesas, seudofrancesas y por extensión, del resto del mundo. Enfocado por elección en las adolescentes, cantó sus enamoramientos dentro de una estética mediterránea, de mar, sol y arena en la piel, los puertos, la evasión, el amor a los viajes, el viento en el mar, las islas. Sus canciones amables y perfectas en su género, bien rimadas (sobre todo alejandrinos, con su cesura indolora, correcta) y bien construidas, son la obra de un alumno aventajado de escuela francesa, de un joven extranjero “enamorado de la canción francesa”.

La primera persona es esencial para estas canciones de amor: Moustaki habla de su vida, se describe, la canción es su vehículo personal. Cuando habla de un nosotros, ya estamos junto a él. Las canciones tocan así una nota narcisista, del cantante y de su escucha, componente de la emoción amorosa.

Moustaki escribió un canción (“La carte du Tendre”) que parece un poema clásico y es un complemento digno para un divertimiento francés del siglo xvii: La carte du Tendre, El mapa del Tierno (originalmente El mapa de Tierno), alegoría geográfica de las diversas trayectorias posibles del amor, con todo y Billets doux, las Islas de la Infidelidad, el Desierto de la Costumbre, el Lago de la Indiferencia y la Tierra prometida del Olvido.

No tuvo la talla de los grandes pero sus canciones conmovieron a las chicas. Estoy segura que muchas lo recordarán como un amor de adolescencia. ~

 

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Versiones de Aurelio Asiain

de las letras de Moustaki.

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Comentarios (2)

Mostrando 2 comentarios.

Se queda muy corta esta valoración de Moustaki. Mucho más allá de "adolescente amoroso", ¿cómo dejar pasar su sensibilidad social, sus afanes libertarios y su compromiso político tan bien reflejados en la calidad de su poesía? Anarquista romántico, eso sí, son imprescindibles sus canciones sobre la Esperanza, el Derecho a la Pereza, La Declaración de la Felicidad Permanente, Mendigos y Orgullosos, Mediterráneo o su homenaje a la revolución de los claveles rojos de aquél abril de 1974 en Portugal. O el poema ecologista Il y avait un jardin y su himno homenaje a Sacco y Vanzetti. ¿Y qué tal Le Temps de Vivre que se convirtió en una especie de himno también del mayo de 68 parisino?   Siempre con música dulce y riquísima en armonías y ritmos. En mi opinión, George Moustaki merece un lugar cercano al que ocupan Bob Dylan o Joan Manuel Serrat y Llus Llach. Al menos así lo tiene en mi Ipod y en mi corazón. Que en paz descanse. 

No tanto como amor de adolescencia, pero a mí me encantaba, y lo sigue haciendo, una canción que encuentro preciosa: Danse (creo que ese era el título):

Danse tant que tu peux danser,
Danse autour de la terre...

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