Palabras inéditas sobre Chéjov
Nota a la entrevista con Tolstói
Conocemos a Lev Tolstói por sus novelas, relatos, obras de teatro, artículos filosóficos y de opinión, sus diarios y correspondencia. Pero existe todavía un género insólito que contiene su palabra viva: la conversación, la entrevista y los reportajes periodísticos que dan cuenta de los encuentros con el genio de Yásnaia Poliana.
El acervo literario tolstoiano ha sido recogido y comentado en Rusia con un esmero especial. Es incomparable por la plenitud y la solidez con que fue reunida su obra completa en noventa tomos en un periodo de treinta años (1928-1958). Después de esa edición y la aparición de tomos especiales con el hallazgo de nuevos materiales, las cartas o manuscritos de borradores del escritor eran cada vez de una rareza mayor. Cada nueva línea del escritor es de gran valor para los especialistas tolstoianos.
Una fuente visible para la comprensión de la obra, la visión del mundo y el destino de Tolstói son los diarios y memorias de personas que lo conocieron y que le eran cercanas, como V. Bulgákov, A. Goldenveizer, N. Gúsev, D. Makovitski y, claro, Sofía Tolstoya, su mujer. Los recuerdos de los encuentros con Tolstói comenzaron a aparecer todavía en vida del escritor, pero fue sobre todo poco tiempo después de su muerte cuando brotó un verdadero flujo de memorias: publicaciones en revistas, libros enteros, colecciones de recuerdos. Ya en nuestros días tres veces se ha publicado en Rusia la colección Tolstói en los recuerdos de los contemporáneos, permanentemente enriquecida y aumentada.
Fuera del alcance de estas colecciones habían quedado, sin embargo, aquellas conversaciones y entrevistas con Tolstói, aquellos reportajes periodísticos que aparecieron en vida del escritor en la prensa rusa y extranjera. Estas entrevistas y conversaciones no fueron recogidas nunca; solo un pequeño número de ellas se reimprimió con motivo de algún aniversario, pero la mayor parte permaneció olvidada y perdida. Enterradas en los archivos de periódicos amarillentos, las entrevistas no fueron advertidas ni siquiera por los bibliógrafos más escrupulosos; permanecieron desconocidas no solo para el lector común, sino también para los especialistas. El investigador Vladímir Lashkin se dedicó a la monumental tarea de compilar este material hasta los años ochenta del siglo pasado, y reunió en un volumen más de 106 entrevistas con Tolstói, publicadas en revistas y periódicos rusos entre 1885 y 1910, año de su muerte.
En Rusia la entrevista periodística con los personajes más significativos de los círculos políticos, literarios o artísticos no empezó a generalizarse hasta la última década del siglo XIX. Los periódicos existían desde los tiempos de Pushkin, Gógol y Lérmontov, pero a nadie se le había ocurrido publicar entrevistas en ellos. No dieron tampoco entrevistas a los periódicos ni Dostoievski, ni Turguéniev, ni Nekrásov. El género en sí todavía no hacía su aparición. Pero a partir de los años noventa del siglo XIX, la conversación viva con el escritor empezaba a abrirse camino en las páginas de los periódicos rusos, y uno de los primeros en ser con frecuencia entrevistado fue, claro está, Lev Tolstói.
En 1891 Nikolái Strájov escribió lo siguiente en el artículo “Murmuraciones sobre Tolstói”: “Las noticias menores sobre qué se escribe y cómo se vive en Yásnaia Poliana, los periódicos las colocan al mismo nivel de las golosinas mejores, con las que agasajan a los lectores, es decir al mismo nivel de las novedades políticas, de los incendios y los terremotos, los escándalos y los suicidios. [...] Tal vez, desde los tiempos de Voltaire no había habido otro escritor que ejerciera una influencia tan fuerte en sus contemporáneos.”
En realidad desde 1885 en Yásnaia Poliana, como alguna vez sucedió en la finca de Voltaire, afluían los peregrinos, que deseaban ver al escritor y hablar con él. Tolstói pasaba los inviernos habitualmente en Moscú, y su casa en el callejón Dolgo-Hamovnichesky se veía asediada por los corresponsales de los periódicos rusos y extranjeros, por los adoradores de muchos años de La guerra y la paz, por los seguidores recién convertidos a su filosofía, y por todos aquellos a los que tentaba la curiosidad. Entre las visitas había estudiantes, investigadores, obreros fabriles, maestros, campesinos de provincias lejanas, seminaristas, reporteros, sacerdotes, actores, científicos, músicos, pintores, médicos, juristas, artesanos... Las puertas de la casa estaban siempre abiertas con hospitalidad, y a nadie le estaba prohibido pisar su umbral; ni siquiera existían recomendaciones preliminares que impidieran el acceso.
Conmovidos por el encuentro con él y sorprendidos por la franqueza de su conversación, muchos de los que visitaban a Tolstói, por no mencionar a los periodistas profesionales, se apresuraban a reproducir sus rápidas observaciones en notas, que se convertían en la comidilla de los periódicos. Tolstói fue tal vez el primer escritor ruso que se convirtió, a gran escala, en estrella mediática de los medios de comunicación de su época.
Por la cantidad de materiales que se publicaban, es posible tener una idea de la fama del escritor, que crecía no solo en Rusia, sino en todo el mundo. Al principio, hacia 1885, fueron una o dos entrevistas con Tolstói al año, después los encuentros con él eran cada mes, y más tarde casi cada semana. Ya para 1908-1909 los reporteros y periodistas espiaban, prácticamente, cada uno de sus pasos. Además de los representantes de periódicos de Moscú, Petersburgo, Odesa y otras ciudades rusas, en diversos momentos lo visitaban corresponsales de Inglaterra, Francia, América y otros países.
Por supuesto, Tolstói no dio entrevistas en el sentido actual de la palabra, según el principio de preguntas y respuestas, sino que con gusto propiciaba la conversación libre, ya fuera en su estudio o en medio de paseos a pie por su hacienda de Yásnaia Poliana, y no se desviaba de la explicación de aquellas preguntas que interesaban al invitado: la conversación habitualmente se daba con gran soltura. Claro, la riqueza de su contenido dependía del nivel y la personalidad del interlocutor. Sin embargo, casi cada visitante de Tolstói extraía del encuentro algo muy suyo, notado y anotado solo por él.
En las conversaciones con los invitados de Yásnaia Poliana, Tolstói tocaba un gran número de problemas; en realidad, todo lo que le inquietaba a él mismo en aquel momento o lo que respondía a los intereses de sus interlocutores: las novedades de la literatura, la música, la pintura, todo lo que bullía en los círculos sociales era discutido por Tolstói con el mismo carácter apasionado, como cuando abordaba los asuntos relacionados con la política y la ciencia, o las cuestiones religiosas y filosóficas.
Las entrevistas y las conversaciones con Lev Tolstói son interesantes no solo por lo nuevo que podemos conocer sobre el escritor, por las palabras que le oímos decir, sino también por la forma en que era percibido por sus contemporáneos, el lugar que ocupaba en su conciencia. Al comienzo del siglo XX, todavía en vida, Tolstói era verdaderamente legendario. A los ojos de la sociedad rusa y de todo el mundo ilustrado era alguien de un espíritu incomparablemente grande, tal vez el más destacado, mucho más allá de un simple hombre de letras. La vida de las personas a finales del siglo XIX y comienzos del XX estuvo acompañada, en una suerte de emoción constante, por la presencia de Tolstói.
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Comentarios (1)
Saludos, Jorge. Simplemente "abriste el apetito" con el texto que recién leí.
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