soy la tumba: de todas las esperanzas.6
La fuerza asertiva de la lírica de esta cantora indígena de las montañas mexicanas se debe en parte a su veracidad última y en parte a la intensidad y fluidez con que María Sabina va desgranando su voz con canto no aprendido, con canto resucitado y de resurrección o sanación. María Sabina no está sola: ella sólo es la estrella más brillante de una constelación de sabios chamanes que vienen diciendo sus cantares desde la noche de los tiempos. María Sabina ni está sola ni necesita protección, pero su palabra tampoco desdeña el homenaje.
Las oraciones de María Sabina han influido en varias voces hispánicas y mexicanas. En España, Camilo José Cela escribió un oratorio y cantata a partir de las letanías de la Sabia de los hongos. En México y Centroamérica estos poemas han tenido influencia en ciertos poemas de Jaime García Terrés, Ernesto Cardenal, Efraín Bartolomé y en el poema extenso Limbo del suscrito incluido en La campana y el tiempo.7
IV.
Soy la mujer remolino,8 el hermoso libro editado por Carla Zarebska para Zare Books, y coeditado por la editorial Almadía de Oaxaca, con arte de María Tzu, con fotografías de Nacho López, José Ángel Rodríguez, Nicolás Echevarría y Carla Zarebska, diseño de Salvador Saura y Ramón Torrente de Edicions de l’Eixample de Barcelona, con poemas y letanías de María Sabina, y textos de Homero Aridjis, Ámbar Past, Adolfo Castañón en edición bilingüe –debida a Janet Schwartz y Carla Zarebska–, impresa impecablemente en Corea, tiene una forma singular. La forma interior de un libro puede ser muy variada. Así como hay libros que sólo parecen cajas o módulos, hay otros que tienen esencia de mesa, estantería de biblioteca, espalera o pirámide.
Su forma interior es la de un altar donde los poemas e imágenes de María Sabina campean como exvotos medicinales y tapices flotantes adornados y custodiados por los textos de los dos poetas y escritores mexicanos y por los dibujos y estampas de María Tzu que en su sencillo trazo traen la presencia del niño santo que calla y sonríe oculto dentro del hongo prodigioso.
Se entra a este libro descalzando la mirada y dejando de lado, antes de adentrarse en su impecable recito, el polvo del camino para entregarse al remolino de esta palabra enaltecida y salvada por la cuidada e impecable edición. ~
1. Introducción al símbolo de la fe, Maravilla del mundo, 1583.
2. La palabra dice se agrega porque “quien habla es el hongo”. Viene a ser un lenguaje impersonal, según el chamán A. Estrada.– n. del e.
3. Palabras en cursiva en castellano, mal pronunciado.
4. Álvaro Estrada, Vida de María Sabina, la sabia de los hongos, México, Siglo XXI Editores, S.A. de C.V., 14ª edición, 2007, 135 pp.
5. Jorge Zalamea, Poesía ignorada y olvidada, Bogotá, Procultura, Presidencia de la República, Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura, 1986, 271 pp.
6. “La educación poética inglesa debería comenzar en realidad, no con los Cuentos de Canterbury, ni con la Odisea, ni siquiera con el Génesis, sino con la Canción de Amergin, un antiguo calendario-alfabeto celta, formado con diversas variantes irlandesas y galesas deliberadamente escogidas y que resume brevemente el primer mito poético.” Robert Graves en La diosa blanca, traducción de Luis Echávarri, Buenos Aires, Editorial Losada, S.A., 1970, pp. 14-15.
7. Adolfo Castañón, La campana y el tiempo (poemas 1973-2003), prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda, Hueso Húmero Ediciones, Lima, Perú, 2003, pp. 76-79.
8. Zarebska, editora, traducción e interpretación al inglés de Janet Schwartz y Carla Zarebska, Barcelona, México, Zare Books, Editorial Almadía, Edicions de l’Eixample, 2008.
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Comentarios (1)
Interesantísimo. No conocía la faceta de poeta de María.
Estupendo el espacio de letras libres.
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