Salman Rushdie en Oaxaca

Marzo 1999 | Tags:
Estábamos en el ex convento dedicado a Catalina de Siena, en Oaxaca. Se podía bailar por 38 dólares en la ex capilla pero ya no había lugar. Decidimos quedarnos a cenar en alguno de los dos patios interiores del recinto amurallado, convertido ahora en magnífico hotel. Cuando entramos, lo primero que vi fue a una mujer joven, probablemente inglesa, que se mantenía a una distancia prudente de su crío, mientras éste jugaba absorto en la fuente de piedra labrada por los indios de Motolinía. Ana, Camila y Daniel Rothärmel describían lo que ven hoy en día: al este, lo que quedó del punk (una especie de infrarrealismo cascado por la acidez corriente que registran los ríos de América, incapaz de resolver su conflicto con la ciencia y la tecnología); al oeste, los raves, que se difunden mediante los tradicionales volantes, una cantina llamada "La triple W" y postales de glamoramas; al norte, industrial, las máquinas musicales que han exprimido en los últimos años la cibernética de Norbert Wiener y Arturo Rosenblueth; y al sur, acid house. Todo esto me venían contando Ana, Camila y Daniel Rothärmel, cuando lo vi. Por un viejo hábito, y a pesar de encontrarse de espaldas a mí, reconocí de inmediato la figura de Salman Rushdie. En la cabeza, la misma tonsura natural que hemos visto en los documentales, aunque su cuerpo estaba más gordo y un poco jorobado.
     La gente que iba a celebrar estaba llegando a ocupar sus mesas, así que Rushdie se levantó a buscar sitio en el segundo patio, donde, más tarde, un conjunto de música latina haría lo suyo. Después de reconocer el terreno, regresó. Empezamos a especular para descubrir a los agentes de Scotland Yard. Apostamos por la pareja de gays con acento norteamericano que estaba sentada en una mesa junto a la puerta de acceso al otro patio. "No, es el bebé", dijo Ubalda la Trucha. Me paré, fui hacia él y le recordé lo de Wembley, cuando, al final de un concierto de U2, se apareció de pronto en escena, sorprendiendo a la multitud. "¡Ah!", me dijo, "pues acabamos de escuchar una versión de algo que escribí hace tiempo, y que ellos han musicalizado. Aparecerá en su próximo disco". ¿Cuándo será eso? "Pronto, en abril, quizá". Gracias, pensé, yo cumplo años ese mes, el 13 precisamente. Así que se va a convertir en una superestrella del pop-rock. "No es mala idea, quizá así pueda seguir hablando de literatura con la gente y escribir novelas". Menos intriga política y más acción literaria. Nos dimos la mano, me preguntó mi nombre. A la medianoche, la familia Rushdie se retiró a su habitación. -

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