Viaje a Japón, de Teodoro González de León

Febrero 2007 | Tags:
El nombre del arquitecto Teodoro González de León ha estado siempre ligado a lo monumental. Autor de obras como el Museo Tamayo, el Auditorio Nacional o la Torre Arcos Bosques, y en activo desde su participación en el proyecto de Ciudad Universitaria en 1946, ha logrado confeccionar la imagen de la metrópolis mexicana, dotándola del carácter emblemático y nacional que defiende. Su arquitectura –símbolo de las estructuras de poder– consigue narrar buena parte de la historia oficial de la segunda mitad del siglo UNAM, donde la robustez de sus volúmenes construidos refleja el valor de lo representativo que se impone frente a narrativas divergentes. De ahí que sorprenda tanto la nueva publicación que, bajo la excusa de un viaje reciente a Japón y apoyada en la tradición de los diarios de viajes como los Cahiers de voyage de Le Corbusier, revela su lado íntimo y sutil. Ahí sus trazos contundentes se transforman en croquis reflexivos y en gráciles exploraciones. Sus grandes gestos se disuelven en indagaciones que delatan un interés que no está en las cosas ni en las formas sino en las ideas, sobre todo en lo equívoco. Su viaje a Japón –pendiente desde siempre (ya Octavio Paz le recriminaba no conocer esa forma distinta de vida y de concebir la arquitectura) se convierte así en una suerte de aventura iniciática que termina revelando la topografía interior del experto insaciable.

El formato pequeño del volumen sugiere su condición de diario introspectivo y contrasta con el resto de las pesadas publicaciones sobre su obra. Siguiendo el tamaño de un cuaderno Moleskine –la legendaria libreta de notas utilizada por Hemingway, Picasso y Van Gogh–, se recrea la imagen del viaje romántico del siglo XIX al tiempo que se transforma al lector en voyeur. Traspasados los sólidos muros de la obra de González de León, se accede a un tejido fino de ideas densas que, por la dimensión del libro, parecen ligeras, casi casuales.

El Viaje a Japón celebra los ochenta años del arquitecto. Sin embargo, el que está ahí es el Teodoro González de León más joven: el eterno curioso que no elude la continua dilatación de la pupila, y que se detiene tanto en el pórtico del museo de Yoshio Taniguchi, o en el espacio abierto de la arquitectura tradicional japonesa, como en la música, el musgo, el buen vino o en las impresiones sobre una muestra de arte y el estatus del room service.

Tras el encargo para realizar el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), previsto para inaugurarse a finales de 2007 en el Centro Cultural Universitario de la UNAM, González de León inició una peregrinación a más de treinta museos dispersos por el mundo. España, Estados Unidos y Japón constituyen algunas de las paradas obligadas, y aunque probablemente habría sido más interesante el diario del periplo completo, sobre todo ante la curiosidad del espacio que nos aguarda, esta publicación tiene la frescura de lo azaroso: la inesperada publicación de un material que se pensó privado. Algo tiene de delicatesse, de estrecha rendija tras la cual las escasas palabras, croquis o fotografías vienen cargadas de los kilómetros andados por un personaje que a fin de cuentas ha construido más metros cuadrados que toda una generación de arquitectos junta. Y, que, tras su aprendizaje con José Villagrán y Mario Pani durante su época de estudiante, el tiempo que pasó en la oficina de Le Corbusier en París y los años de sociedad con Abraham Zabludovsky, sigue renovándose, interesándose por los jardines tradicionales japoneses, las obras del Kenzo Tange de los años sesenta, así como en la ávida búsqueda de los edificios más recientes de Toyo Ito o de los más jóvenes como Kengo Kuma o Kazuyo Sejima. El paseo que brinda esta publicación se asemeja a la experiencia de quien, leyendo libros de recetas de cocina, logra saborear y oler la comida a través de las letras. Por la precisión en los juicios y observaciones, el libro funcionaría perfectamente como guía para un viajero ilustrado.

No deja de extrañar, eso sí, que en un país carente de bibliografía básica sobre la mayoría de sus arquitectos más importantes, aparezcan publicaciones tan específicas como este Viaje. Si bien el libro queda como una refinada ventana tanto hacia el interior de González de León como hacia las arquitecturas de Tokio, Kyoto, Yokohama y la isla de Naoshima, no deja de tener un aire de cofee-table book en miniatura. Ojalá sea una especie de pórtico de entrada hacia el nuevo MUAC, que, como este libro, logre sorprender por su delicadeza al tiempo que se vuelve impermeable al olvido. ~

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