Bitácora en línea que documenta la incierta relación entre literatura y sociedad.
Manual del enemigo académico

Es normal que el recién egresado de cualquier licenciatura en humanidades se encuentre ante el dilema que los universitarios técnicos no enfrentan porque están muy ocupados considerando qué trabajo mal pagado aceptarán: ¿y ahora qué hacer? La alternativa usual al desempleo o a la crisis vocacional consiste en inscribirse a un posgrado. No suena nada mal tener la oportunidad de extender algunos años más la vida estudiantil con una beca cuyo monto total sería imposible de conseguir dando clases.
Para todas las personas que han decidido dar este gran paso –el de evitar cualquier asomo de decisión – y se han inscrito al posgrado de su preferencia, esta semana en El Grafólego ofrecemos una selección de útiles y prácticos consejos que los ayudarán durante su trayecto formativo y, mejor aún, en el momento en que deban recuperar toda la incertidumbre que han escondido y que los sorprenderá de nuevo en el momento de la graduación.
1
La mayor parte de sus compañeros están en la misma situación que usted, pero la mayor parte no lo sabe. Algunos de ellos disfrazarán la angustia con el traje de la vocación. Desconfíe; esas personas son el enemigo académico.
2
A diferencia del académico de vocación, el enemigo académico pregona su amor por la disciplina, por las prácticas de su disciplina y por sí mismo de manera enfática. Una práctica común para exaltar este amor es el denuesto hacia colegas que no comparten su centro de investigación:
“Si la universidad tiene problemas de dinero, deberían cerrar el Centro de Estudios de Asia y África, ¿para qué puede servir algo así?”. (Escuchado en un pasillo de El Colegio de México de boca de un estudiante de literatura, profesión que ha probado su practicidad y su impacto social desde la época de Platón)
3
De igual forma, el enemigo académico procura cierto rencor –aparentemente espontáneo– no sólo hacia sus pares, sino hacia la sociedad en general:
“Yo no puedo hablar con gente que no ha leído cuando menos cien libros. * De hecho, no es que no pueda, sino que me niego a hacerlo”. (Escuchado en un salón de clase de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM de boca de un profesor de asignatura)
*Para próximas entregas del blog se planea la presentación de un instrumento que evalúe la cantidad de libros que ha leído una persona según la combinación de sus prendas.
4
Hay dos maneras de evitar al enemigo académico. La primera es ignorarlo, actitud que supone el riesgo de caer de su gracia y convertirse en blanco de sus más férreos y descontextualizados ataques:
“¿Esa quién se cree? Es una perdedora que no tiene amigos y que no le habla a nadie porque no sabe cómo hacer amigos. Por eso lee tanto y por eso participa tanto en clase” (Escuchado de boca de una estudiante de comunicación de la Universidad Iberoamericana)
La segunda manera es darle por su lado, reírse un poco cuando dice algo, secundarlo alguna vez, hacerle creer que usted es su aliado. Esta actitud carece de consecuencias indeterminadas hasta ahora salvo por la obvia: convertirse con el tiempo en un enemigo académico.
5
Otra de las características fundamentales del enemigo académico es su perseverancia. Los enemigos académicos usualmente logran la meta de terminar el programa de estudios y de hacerse con un buen empleo en algún centro de investigación de su disciplina. Una vez allí, reproducen y contagian las mismas prácticas a enemigos académicos en formación. El enemigo académico que llega a estos niveles pronto olvida el mundo, que se reduce al trayecto desde su casa y hasta su oficina en la universidad.
6
Hay dos maneras de evitar convertirse en un enemigo académico. La primera es no invertir tiempo y esfuerzo en un posgrado. Es, también la más eficaz, incluso cuando éstas y otras prácticas del enemigo académico han comenzado a invadir otros campos laborales. La segunda consiste en no olvidar que para dedicarse a las humanidades se necesita valor, y que ese valor proviene del miedo.
Si usted acepta que el mundo está al revés y que sus aspiraciones chocan contra lo que la realidad ofrece, cambie de lugar de su almohada, duerma con la cabeza en los pies, los pies en la cabeza y entre a su primera clase caminando de espaldas. Es la única manera para no olvidar que lo que está usted haciendo es tonto y es heroico al mismo tiempo.
- INICIO
- REVISTA
- HEMEROTECA
- BLOGS
- Nuestros blogs
- COLUMNISTAS
- La jaula abierta
- Correo fantasma
- Fragmentos
- El minutario
- Diario de la crisis
- Atalaya
- Artículos recientes
- BITÁCORAS INVITADAS
- Con los codos en la mesa
- Coser y cantar
- El grafólego
- Frontera adentro
- Monterrey 307
- Otra vez
- Volante izquierdo
- BLOGS
- Polifonía
- Blog de creación
- Blog de cine
- Blog de la redacción
- Serial
- Blog de gastronomía
- Archivo de blogs
- PODCASTS
- Imágenes
- Videos
- Conversaciones
- Suscripción
ACERCA DEL AUTOR
ACERCA DEL BLOG
En Blogs
Newsletter
Suscríbete al newsletter de Letras Libres. Escribe tu correo electrónico.



Comentarios (17)
Muy bueno, Jorge, de lo más fatalista. Saludos
Interesante propuesta esta del "enemigo académico". Es curioso, porque el enemigo académico usa un disfraz académico. Me comentaba mi abuelo, hace algunos años, que el que sabe hace y el que no sabe enseña. Algo de eso podría decirse de tu "enemigo académico".
Es este un personaje que no desarrolla una investigación verdadera, que no tiene propuestas. El "enemigo académico", supongo, se nutre de cuanta información tenga a su alcance, no para dar propuestas, sino para ciritcar a los que hacen --mal o bien-- algo.
En suma, el "enemigo académico" es un crítico, un tipo amargado e incapaz de hacer algo sin apoyarse en el más vergonzoso argumentum ad baculum sustentado en la palabra de otros y nunca en la suya propia, ya que esta... no existe.
Saludos
Divertido el texto, me gustaría que hubiera una definición más clara del "enemigo académico" hasta ahora sólo me queda claro que es alguien mezquino, pero me agrada la idea. Estaría bueno que el autor la desarrollara más
Muy logrado. Lo digo para comentar y sobre todo porque al leer otros comentarios no entiendo bien por qué son agresivos. Adelante con este tipo de "aviso para navegantes de humanidades"
Muy buen texto.
Otro manual, ahora de Pedro Poitevin en twitter sobre los dizque ataques a la UNAM de Sheridan:
MANUAL A ACATAR: "Al lacayo ya callar: ¡ataca a la UNAM!
Creo que se pudo explotar más el tema de este especimen de universidad, aun así el parecido con la realidad ya no es mera coincidencia.
¡Ataque a la Educación Superior! ¡Ataque neoliberal!
¡Aguas!
¡Ataque a las instituciones populares!
¡Ataque!
¡Ataque!
Y ahora me voy a cobrar, al rato vengo a seguirlos defendiendo, hijitos.
W. Allen dijo: "Los intelectuales son como la Mafia, sólo se matan entre ellos." Le faltó incluir a la academia.
¡Oiga, joven! Pero no crea que el enemigo académico es exclusivo del área humanística. Uno que ha estudiado matemáticas (sí, matemáticas puras) encuentra el mismo tipo de fauna dentro de los pasillos de, por ejemplo, la Facultad de Ciencias en la UNAM. No es exclusivo a mi carrera, físicos, biólogos y químicos presentan la misma patológica evasión de la realidad y continuan a ciegas con un posgrado para el cual a muy pocos se les observa una verdadera vocación.
Es claro, en caso de que uno no presente intereses afiliados con la academia, ni con el modo burocráticamente institucionalizado de 'hacer ciencia', es considerado material de segunda categoría por los que usted llama 'el enemigo académico'.
Es más, leyendo la primer cita que menciona recordé un comentario (calcado y trasladado a mi contexto) escuchado hace un año en los pasillos del Instituto de Matemáticas:
Ahora, me callo.
Muchas gracias por el comentario. Cualquier información que nos ayude a identificar al enemigo académico en todos sus lugares de acción nos ayuda también a evitarlo.
Mira que hay que ser idealista y medio necio pa' escribir esto... en fin, un alumno del Colegio de México dando lecciones disfrazándolas de sarcasmo ¿A poco les enseñan eso en tan ínclita institución? *sarcasmo*
Exalumno.
Mil perdones, no sabía que el traje Colmex se quitaba cuando se salía al Boulevard Adolfo Ruiz Cortinez.
Que bueno que estoy considerando aceptar uno de esos trabajos mal pagados...jejeje y eso alguna vez quise estudiar filosofia y letras...viva la arquitectura
Me inscribí en la maestría cuando ya llevaba seis años trabajando como maestro para sostener a mi familia. No tuve beca, mis estudios de posgrado me granjearon 9.68 de promedio y nunca tuve el tiempo ni el dinero para costearme el trabajo de investigación para concluir la tesis de grado. En mis tiempos la tesis debía tener al menos 200 cuartillas, no había comités tutorales, ni laboratorios de computadoras ni viajes al extranjero becado. ¿Formo parte del enemigo académico? No lo creo. Hay algunas historias personales de la era antediluviana entre egresados de humanidades que subyacen en la oscuridad. Quizá merecen una glosa de quienes tienen recursos para dedicar tiempo a redactar un blog.
Disculpe si lo he ofendido. No creo que usted sea el enemigo académico. Al hablar de esta figura sólo he querido llamar la atención con resepcto a algunos vicios que se producen y reproducen al interior de las humanidades. Gracias por comentar.
Recuerdo cuando Letras Libres tenía calidad y no publicaban textos con un sentido del humor forzado.
Comentar