¿Y los que no son caníbales?

No me entusiasma la historia del escritor caníbal. Me parece otra nota policiaca más, tan grotesca como todas. Tampoco me alegra particularmente que el tipo haya aparecido, este martes, colgado de un cinturón en el Reclusorio Sur. Que un asesino perezca de forma horrible no hace sino refregarnos, por segunda vez, la muerte en las narices. Y justo lo que nos incordia es eso, que nos recuerden violentamente que moriremos un día, de ese modo o de otro cualquiera, y que morirán también todos los otros, amigos, enemigos, amadas, odiadas, indistintas.

Me asombra, eso sí, encontrar la nota de la muerte del caníbal como apertura de varios de los principales portales de noticias de Internet y verla campear a sus anchas en la radio y la televisión. ¿Por qué interesa este demente particular? ¿Por engullirse parcialmente a una pobre mujer seducida, a la que antes humilló, amenazó y maltrató todo lo que pudo? Millones de mujeres han padecido destinos equiparables ante la indiferencia general.

Resulta curioso, además, que se haga tanto ruido con la condición de escritor del caníbal (precaria, como la de todo el mundo en México: sólo un puñado de profesionales, generalmente ya con unos añitos sobre el lomo, pueden afirmar “soy escritor” y quedarse tan tranquilos luego, sabiendo que no mintieron y en realidad son profesores, oficinistas, repartidores de agua purificada…). Si los becarios de Conaculta tuvieran la mitad de difusión que alcanzó este pobre diablo, sus libros no se quedarían embodegados, custodiados hasta el fin por funcionarios perezosos que ni promueven su venta ni los regalan.

Con excepción de lo que les dé por declarar a los dragones políticos de las letras y lo que les suceda a unos poquitos best-sellers, a los medios nacionales no les interesa la literatura. Salvo, claro, que algún idiota sanguinario decida comerse a la novia. Entonces la maquinaria se apresura a rescatar sus ilegibles borradores y a discutirlos con un afán que no se ha empleado en Paz o Elizondo o Garro…

No es, pues, cuestión de escritura sino de apetitos. Cómanse ustedes a los funcionarios que no distribuyen sus libros. Seguro que alguien les concede entonces un buen encabezado.

- Antonio Ortuño

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Comentarios (9)

Mostrando 9 comentarios.

Al ver este despliegue informativo acerca del canibal-escritor, preparé una antología de mis cuentos y los puse a modo para que fueran encontrados facilmente; después, pelé unos ajos, me aseguré de tener suficiente aceite de oliva, compre un vino barato (pues el menú no ameritaba de sofisticaciones) y esperé a mi amante con impaciencia.
La estúpida no llegó en tres días, alegando una enfermedad de una tía que no conozco, y ni quiero conocer; cuando abrió la puerta me encontró devorando el último borrador de mis obras.
Llamó a la policía y me acusó de escritor-canibal; pues la tonta, ignorante como era y acordándose de las tantas veces que dije que mis escritos eran como mis hijos, dijo a la policía que yo era el más cruel de los parricidas.
En mi defensa alegué que, aquí en México, los escritores tenemos que recurrir a tales extremos pues, de no hacerlo, se corre el riesgo inminente de morirse de hambre

Perdón, me dejé llevar por la emoción de los hechos. Un saludo a todos y excelentes los puntos expuestos.

Comparto tu asombro Antonio, pero sólo eso. Pues Tú mismo cabalgas ahora sobre el amarillismo de un episodio policíaco para presentar las quejumbres de los escritores no reconocidos cuyos libros están embodegados. Aparte de los burócratas que no distribuyen los potenciales redentores de este país de analfabetas, creo que olvidaste mencionar la tormentosa pereza de los escritores mismos que se sonrojan "intelectualmente" cuando se les pide que promuevan su obra; y qué decir de los monopolios de las librerías; qué agregar de los jefes de librería; de las mafias editoriales, de la caniem, y de todos los que comen carne de sus semejantes en las ferias del libro. ¡Ave María Purísima, con los caníbales y el amarillismo!

Saludos.

¿Quién decide y establece claramente cuándo alguien es o no es un escritor? No digo si bueno o malo, sino escritor, simplemente. Es mucho más fácil decidir, por ejemplo, cuándo alguien es caníbal o asesino o repartidor de pizzas o imbécil. 'Escritor' es algo que casi cualquiera está dispuesto a predicar o permitir que se predique de sí mismo, y muy escasamente dispuesto a predicar de los demás. No sucede lo mismo con 'caníbal', 'asesino', 'repartidor de pizzas' ni, por supuesto, con 'imbécil'. De ahí la conveniencia de dejar plena libertad para que cada quien se considere a sí mismo todo lo 'escritor' que quiera considerarse a sí mismo, y de considerar a todos los demás todo lo 'caníbal...imbécil' que le dé la gana de considerar a todos los demás. Ganaríamos en orden, en paz y en tranquilidad decembrinas, y todo con absoluta independencia de los prójimo(a)s comido(a)s, los prójimo(a)s simplemente asesinado(a)s, las pizzas repartidas, las imbecilidades cometidas o los escritos perpetrados (donde puediera hallarse diferencia).
Pero una tercia de preguntas finales ¿para qué alguien querría SER escritor?, luego, ¿para qué alguien querría SER CONSIDERADO un escritor?, y ¿por qué no mejor ser y ser considerado caníbal, asesino, repartidor de pizzas o simplemente imbécil?

El poeta se despierta una mañana gris como todas en la ciudad. Se da cuenta de que no va a ningún lado, el cuerpo caliente de su novia en turno sube y baja las sábanas al ritmo de su respiración. Se mesa los cabellos, está desesperado por enésima vez han rechazado su obra magnífica; tontos, se dice, pero ya verán. Se decide, se la va a jugar, hará algo que le reditúe, que lo catapulte a la fama.
Mira sus manos decidido, observa el cuerpo plácido de aquella mujer, sale de la recámara mientras murmura; ellos me obligaron, pinches burócratas de mierda.

Todo escritor tiene el apetito de venderse al mejor violador.

Perdón, creo que algunos no les llaman violadores sino lectores: ¡Simple matiz de engaño!

Creo que a nadie debería extrañar que los elementos culturales en todas sus escalas evolutivas coexistan recluidos en esferas bien definidas en nuestro país. Lo que sí es lamentable es la estulticia en la que se halla sumida la parte de la población que conforma el público fervoroso de programas lobotómicos tipo 'La escuelita' o 'La oreja', que francamente son el mejor vomitivo para purgar dolencias estomacales causadas por el atascamiento con media docena de tacos de buche.
Así mismo, no debería ser motivo de asombro la importancia que los medios le dan a los hechos más escabrosos: basta con cobrar conciencia de cuántas miles de familias le entran a sus platos de frijoles negros con epazote con la vista fija en las sangrientas notas informativas eructadas por comentaristas que en cuestión de segundos pasan sin rubor a chismes de lavadero.
El problema con este retorno al paleoceno debería indagarse sin miramientos en el patriótico ejercicio cívico de los políticos y su honesto manejo de los recursos públicos, en la urdimbre de intereses que obstruyen el despliegue urgente de un sistema educativo que no dé al país clanes de pedantes semianalfabetas,o en la reflexión de los estragos que causa en una masa enajenada el ejemplo de ética y probidad a prueba de granizo que dan día tras día los ilustres funcionarios.

Falso problema. Es curioso que los textos que han aparecido aquí sobre el Poeta Caníbal siempre caen en la misma paradoja y contradicción: sus autores se erigen en prohombres moralistas de una supuesta élite pensante para publicar y hablar sobre un tema que de entrada consideran dañino, de mal gusto y que no debería aparecer publicado en la prensa. Qué frivolidad y petulancia. El asunto de fondo, señores, es cultural, histórico, de educación. Si fuéramos Finlandia, las portadas de los portales y los diarios hablarían de otros temas, creánmelo. Es más repugnante y nauseabunda la programación de TV Azteca y Televisa, y de la radio comercial, que la violenta realidad mexicana. Si la gente en México no lee o no se producen libros es por falta de políticas públicas adecuadas, por los monopolios, por los cotos de poder, por la ignorancia, por burócratas entrepiernados con las "vacas sagradas" de la rancia y anacrónica elite cultural y literaria mexicana, y también, claro, por falta de talento. Hay en México millones de personas que se dicen escritores, pero escritores, solo unos cuantos.

El punto del "poeta caníbal" es que es un asesino y no un literato. Este es un tema para especialistas en psychokillers (como los hay en Rusia, Inglaterra, EUA, etc), no para literatos. Lo de “poeta” fue un extra que le dio más chispa a la historia. Si hubiera sido repartidor de pizzas, igual hubiera sido nota de primera porque lo importante es que se trata de un caníbal en la ciudad.

Ciertamente es desagradable y molesto el amarillismo de los medios en nuestro país. Aquí, nadie vende nada si no causa primero lástima o morbo. Es irritante escuchar al afamado reportero de tv azteca, Javier Alatorre, gritar con su peculiar "cantadito" al inicio de su programa la noticia más morbosa, lastimera y cochina del momento.
Estoy de acuerdo con Antonio... quizá sería bueno para un escritor en México fingir demencia y armar un episodio de locura, obteniendo así un poco de publicidad para su obra.

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