Somos Mari Pepa, el verdadero cine independiente de México

Dirigida por Samuel Kishi, Somos Mari Pepa es el mejor ejemplo del cine que representa ese espíritu libre, filmado lejos de la ciudad de México.
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La ciudad de México es el centro del cine mexicano; ahí están las dos grandes escuelas de cine, los estudios, el sitema para buscar fondos, equipo, y demás. Claro que existen historias contadas lejos del centro, y como ejemplos recientes de cintas de ficción filmadas fuera del sistema (aquellas que no han sido filmadas en la ciudad de México y que se han hecho sin fondos estatales) están las bajacalifornianas Navajazo (2014, Ricardo Silva) y Levantamuertos (2012,Miguel Nuñez)o la regiomontana Palomar (2016, Luis Garza). En el cine documental la historia es diferente. Las nuevas tecnologías han permitido democratizar la realización y se pueden encontrar muchos largometrajes documentales filmados en “provincia”.

Somos Mari Pepa (2013, Samuel Kishi) es el mejor ejemplo del estilo de cine que representa ese espíritu libre, filmado en provincia, independiente (realmente independiente). La ópera prima de Samuel Kishi, filmada en una Guadalajara urbana y joven, narra un verano en la vida de Alex, quien a sus 16 años pasa su última etapa de la adolescencia despreocupada, sin trabajo y sin mayor responsabilidad que tocar la guitarra y buscar su primera novia. Para los amigos de Alex, quienes integran la banda de rock llamada Mari Pepa, también su mundo está cambiando. El bajista comienza a salir con una chica que lo aleja del grupo, el baterista es forzado por su familia a buscar trabajo, y así, uno por uno, el destino y la madurez los va llamando. 

La banda toca solamente dos temas; por más que han tratado no logran componer más. Esas canciones, de líricas vulgares pero pegajosas, son parte fundamental de una película donde la música está muy presente. Compuesta por Kenji Kishi, hermano del director, la música obtuvo una merecida nominación al premio Ariel. Filmada con poco presupuesto, bajo el sistema de crowdfunding y con ayuda de amigos del gremio en Guadalajara, Somos Mari Pepa establece desde el inicio el tono de lo que veremos: por la lente de su cámara gastada, Alex ve su mundo, sus amigos en patineta, su abuela cocinando, su banda de rock y su vecindario. El uso de esas imágenes grabadas por medio de la cámara del protagonista nos permite entrar a la intimidad del protagonista. Sus diálogos son despreocupados, como las reiteradas conversaciones sobre chicas. El tono fresco en las actuaciones, el movimiento de la cámara en mano y el uso de una banda de punk rock al fondo remiten a la reconocida cinta sueca ¡Somos lo mejor! (2013, Lukas Moodysson) y a la adolescencia, de clase media, con un futuro incierto, de Temporada de Patos (2004, Fernando Eimbcke).

Samuel Kishi se valió de la guionista Sofía Gómez Córdova para ayudarle a poner forma a las ideas y el resultado logra un retrato fiel de un joven como Alex, que busca trabajo con todas las dudas propias de un adolescente. La escena donde él termina en una agencia de ventas piramidales es tan triste como real: ahí buscan trabajo tanto los adultos recién desempleados como los jóvenes que desean entrar por primera vez al mundo laboral.

Somos Mari Pepa es un magnífico ejemplo de los frutos que rinde un sistema independiente de realización, pero lo mejor es que muchos aprendan de ellos y que vengan más cintas de todas partes, y así lograr una gran oleada de cine de autor provincial.