Foto: FIL Guadalajara

Beatriz de Moura, entre la edición y la escritura

Figura central de la edición hispanoamericana, Beatriz de Moura (1939-2026) fue también autora de una novela, “Suma”, que puede leerse como declaración de su poética editorial.
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El 17 de abril pasado, a los ochenta y siete años de edad, falleció Beatriz de Moura y con su muerte terminó, quizá definitivamente, el boom latinoamericano. Fundadora y directora de TusQuets Editores desde 1969, De Moura marcó el rumbo –a veces turbulento– de la edición hispanoamericana en una de sus épocas de mayor proyección global.

Aunque nació el 6 de mayo de 1939 en Río de Janeiro, Beatriz creció en Quito. Como su padre era un diplomático, el resto de su infancia se dividió entre Argel, Roma, Valparaíso y Barcelona. Bella, cosmopolita y brillante, creció rodeada de lujos como relata Carlota Álvarez en su libro Una curiosidad sin barreras (Tusquets, 2025). En 1959, se matriculó en la Escuela de Traductores e Intérpretes de Ginebra y separarse de su familia le abrió los ojos: ella había sido una muñeca de su padre y ahora, por fin, era libre. Después de estudiar en Ginebra, la joven Beatriz llegó –más bien, volvió– a probar su suerte en Barcelona. Sin el apoyo del padre con quien había roto relación, se vio forzada a trabajar doble turno: media jornada por las mañanas en la editorial Gustavo Gili y media jornada por las tardes en Salvat. Del primer trabajo fue despedida por usar ropa “escandalosa” bajo el uniforme: con “escandalosa” me refiero a leotardos entallados y con “despido” quiero decir que uno de los editores envió una carta a su novio advirtiéndole que De Moura era una mujer de “alto riesgo”. Cuando ella, con mucha razón, llevó dicha carta a la oficina para quejarse con sus jefes, la despidieron. La historia de siempre.  

El novio de Beatriz era nada más y nada menos que Oscar Tusquets: arquitecto y uno de los dueños de la editorial Lumen. En 1960, Magín Tusquets había comprado una editorial religiosa para que fuera gestionada por sus hijos: Oscar como diseñador y Esther como editora. De este modo surgió Lumen, con cuatro empleados base –padre, madre, ambos hijos–, el tío Guillermo, el primo Emilio y el mejor amigo de Oscar, Lluís Clotet, con quien diseñaba las portadas de los libros. De Moura había trabajado en algunas traducciones al castellano del francés y el italiano (también dominaba el portugués, el catalán y el inglés) y en 1963 se incorporó como secretaria general. Con el tiempo se movió hacia adquisiciones internacionales y derechos de autor bajo la guía de Esther Tusquets y de Antonio Villanueva, director de la colección Palabra en el tiempo.

La relación con Esther rápidamente se deterioró. Hubo dos, en realidad tres, razones principales de este deterioro. La primera fue la destrucción del libro ideado por Beatriz, Los escritos del Che. Hay que recordar que, a pesar de la popularidad del  boom latinoamericano, bajo el régimen franquista los libros podían, por ley, ser secuestrados y guillotinados una vez impresos si así lo decidía la censura. De Moura pensó que al publicar únicamente los escritos económicos del Che lograría burlar la censura, pero los libros fueron destruidos y le costaron cientos de pesetas a la editorial. La segunda razón fue un proyecto de Beatriz que consistía en una colección de textos breves a inaugurarse con una recopilación periodística de Umberto Eco, autor italiano que recién había visitado España por invitación de Lumen. Para Esther Tusquets, la propuesta de De Moura fue una traición, pues implicaba que, durante la visita del italiano, la carismática Beatriz había trabajado más para su nueva colección que para la editorial. Esther Tusquets rechazó la colección, diciendo que eran los restos de la literatura que ella había hecho.

La que pudo haber sido únicamente una ruptura laboral se volvió rápidamente personal, pues tanto Beatriz como Oscar consideraron que Esther no quería trabajar con Beatriz por celos. Cualquiera que haya sido la razón real, la llegada de De Moura descolocó el aparente balance familiar y dejó en claro que no podía haber dos líneas editoriales ni, mucho menos, dos mujeres a cargo. Frustrada porque su hermano tomaba siempre el lado de Beatriz, Esther entendió que la relación laboral era insostenible. No esperaba, sin embargo, que la salida de Beatriz significara también distanciarse totalmente de su hermano, con quien no hablaría por los siguientes diez años.

Beatriz de Moura salió de Lumen pero se llevó el apellido. La salida junto con Oscar no fue fácil: los vecinos dejaban basura en su puerta para castigarlos por vivir en concubinato, según ella misma le contaría años después a Juan Cruz en el libro Por el gusto de leer (Tusquets, 2014). La presión social que los impulsó a casarse –el 10 de diciembre de 1964– también acompañó la creación de TusQuets Editores. El apellido cargaba con el prestigio de la editorial Lumen al tiempo que afirmaba la creación de una nueva familia y una nueva editorial. Al inicio, Beatriz siguió utilizando la bodega y la distribuidora de su cuñada y sus suegros, pero pronto se independizó. Fue en la sala de esa casa, la misma del concubinato, donde se montaron las dos primeras colecciones: Cuadernos Marginales y Cuadernos Ínfimos. Con los años, Editorial TusQuets publicaría a Marguerite Duras, Milan Kundera, Samuel Beckett y Gabriel García Márquez, entre muchos otros.

A pesar de su ruptura con Esther Tusquets, De Moura publicó en Lumen su novela Suma en 1974. La novela narra la historia de Paula, una chica que rompe con su familia acomodada y decide rehacer su vida. La narración alterna entre la primera, segunda y tercera persona (singular y plural), transita bruscamente entre tiempo y espacio e inserta diálogos sin distinguirlos de la narración. En un juego autoficcional, Paula es un espejo roto de Beatriz, que sale de casa de sus padres, estudia en Ginebra e intenta hacer una vida en el mundo cultural de Barcelona. La sección sobre el trabajo editorial muestra las dificultades a las que se enfrentaban las mujeres dentro de la industria durante los años sesenta. La joven brasileña tiene que lidiar con los avances de un compañero con quien existe un triple desbalance: de género, de edad y de nacionalidad pues es un hombre mayor de Cataluña. La vida de Paula hace eco de la descripción que hizo Gabriel García Márquez sobre Barcelona como “una suerte de colonia de trabajadores de las letras hispanoamericanas en busca del anonimato”.

El estilo de la novela de De Moura es también una declaración de su poética editorial. En una carta enviada a Sergio Pitol el 1 de octubre de 1971, ella propone tres posibilidades para la novela contemporánea: “1) el monumento obsoleto, aunque pueda ser bello. 2) Destrozar la narración tradicional con elementos literarios, de lenguaje y de fondo, como pueden hacerlo los autores que acabo de mencionar 3) coger la novela por los cuernos y utilizando todos los elementos tradicionales propios de la novela tradicional descontextualizarlos”. A grandes rasgos, su taxonomía se traduce así: la primera posibilidad son las novelas que se estaban publicando en el momento –las del boom–, que parecían monumentos muertos. La segunda, los textos de autores como Samuel Beckett y William Burroughs. Y la tercera, exactamente lo que ella intenta hacer con Suma: coger a la novela por los cuernos.

A pesar de codearse con la gauche divine y de sus contactos como editora, la novela pasó prácticamente desapercibida. El 3 de febrero de 1975, Beatriz recibió una carta de Mario Vargas Llosa: “Tu libro me gustó, por su construcción limpia y directa, pero me sentí algo frustrado porque me dio la impresión de que, por pereza o por modestia, sólo habéis contado una parte ínfima de la historia que podrías haber contado. Todo ese mundo pugnaba por ser más ancho y más largo y tú lo encorsetaste en unas pocas páginas. Mal hecho. Hazme caso y tu próxima novela planéala de tal modo que pese cuando menos un kilo: no te olvides que cualquier novela que tiene más de cuatrocientas páginas sólo puede ser buena.” (Arch.Tusquets/357/2). Los consejos de Vargas Llosa contrastan Suma con una novela “real” y “pesada”, como las que él mismo escribía; en cambio, la escritura encorsetada y femenina de De Moura resultaba demasiado perezosa para generar su propio mundo.

La inversión de la jerarquía editora-autor que se asomaba en el consejo de Vargas Llosa era una preocupación recurrente de De Moura. En una carta al escritor mexicano Sergio Pitol, ella le pidió que olvidara a la editora y pensara en la escritora novel llena de dudas que necesitaba comentarios sobre su libro. En las cartas a Pitol, la brasileña saltaba entre su novela y las gestiones editoriales. Años después, Juan Cruz le preguntó a De Moura por su novela, a lo que ella le respondió que no era escritora sino editora, minizando su escritura a favor de la edición, como si solo se pudiera elegir una o la otra.

Pero Beatriz de Moura siempre soñó con la escritura. En sus cartas decía que, si la editorial se lo permitía, dejaría todo para escribir. Si la editorial pudiera sostenerse sola, la vendería y con ese dinero escribiría más novelas. Nunca lo hizo. Quedó encerrada en la casa editorial de la que Paula tanto quiso escapar. Además de sus dos novelas,1 publicó un cuento, “Quince de agosto” en dos antologías distintas: 12 relatos de mujeres (Alianza, 1990) y 10 relatos de la mar (Plaza y Janés, 1995). La protagonista también es Paula y también escapa de su casa. Ante su muerte, propongo recordarla como lo que siempre quiso ser: editora y escritora, una que cogía la novela por los cuernos. ~


  1. De Moura publicó una primera novela en francés, Au seuil de la vie, cuando tenía dieciocho años. Según Esther Tusquets, fue publicada en Gallimard. Sin embargo, no es posible conseguirla ni aparece en el catálogo de la editorial. ↩︎


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