Cartas boca abajo. Una correspondencia de verano (segunda entrega)

En la segunda entrega de este cruce de cartas en verano el objeto de lectura es Dubravka Ugrešić.
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Querida Bárbara: 

¿Cómo estás? Te escribo horas antes de dejar el piso cerrado por vacaciones; justo acabo de colgar con mi madre, que se ha despedido recomendándome limpiar la casa antes de irme. Tiene razón, y seguramente por eso me ha molestado el comentario. Me ha parecido una situación muy Baba Yagá puso un huevo, al menos, muy de la primera parte de la novela de Ugrešić, que leí, como sabes, porque escribiste que era la cosa con la que más te habías reído. Tú te referías a la segunda parte, en la que Ugrešić lleva a tres viejas, bueno a dos viejas y a una viejísima, a un balneario. Es verdad que es desternillante todo. Ellas, sus inquietudes, sus vidas, lo rocambolesco de la trama, cómo está contado, las otras cosas que van sucediendo que a veces parecen de Top secret –sin destripar nada: ese personaje que muere atragantado de un bolazo de golf aunque dicen que es un infarto–. Me vi buscando en internet “espasmo vaginal”, para comprobar que era lo que yo pensaba. 

Pero mi conversación al teléfono con mi madre me ha recordado a la primera parte del libro: Ugresic cuidando a su madre enferma, a la que se le olvidan las palabras pero mantiene su obsesión por la limpieza y sigue pintándose los labios antes de salir a la calle. No se parece en nada a mi madre, que está más cerca de Dubravka que de su madre, pero hay algo en la relación madres e hijas que es siempre igual, creo que es que todas las conversaciones que tienen una madre y una hija obedecen a un patrón generado en algún momento del que es realmente complicado escapar. 

La novela de Ugresic tiene una tercera parte bastante curiosa y que hay que leer en diagonal. 

¿Qué es lo que más recuerdas de esa novela?

Besos, 

Querida Aloma:

Me gusta mucho la división en tres partes del libro, cómo aborda el mismo tema desde tres puntos de vista diferentes, que por tanto desembocan en tres tratamientos diferentes. Y a la vez, claro, siempre se detectan rasgos inconfundibles, que solo podrían ser suyos. Me gustan muchas cosas de la novela, o del libro, porque la novela-novela es para mí la parte central, la más fantasiosa, la que me hizo reír tanto. Con pocas novelas me habré reído igual, por ejemplo con Dos damas muy serias, de Jane Bowles, con La conjura de los necios y con Mi tío Oswald, de Roald Dahl.

Pero Baba Yagá: ¿no te parece que la parte central sería una película maravillosa? Superficialmente podría rodarla muy bien Wes Anderson, por el ambiente del hotel y la ristra de personajes estrafalarios. A la vez tiene una profundidad de una clase que resulta muy difícil de rodar. En fin, qué absurdo decir lo que podría ser cuando ya es una novela maravillosa. 

El pobre masajista es un personaje que me encanta, y la resolución del problema que tiene, y que determina su vida hasta el punto de que tiene que trabajar como masajista disfrazado porque en otras profesiones no te dejan llevar pantalones tan sueltos, parece la resolución de una fábula. Eso es que el tema del folclore, que se trata abiertamente en las tres secciones del libro, lo ha impregnado todo, y en distintos planos porque por ejemplo en lo formal están esos cierres de los capítulos, con unos versillos apológicos que preparan para la continuación de la historia. 

También las tres mujeres deben de tener su correspondencia mitológica. Lo estupendo es cómo es posible rastrear esos equivalentes y a la vez seguir los meandros de la historia: es todo símbolo y carne a la vez. Una amiga, cuando yo acababa de leer el libro, me contó que estando presa de una gran emoción había visto, experimentado la visión de un huevo, que por supuesto me hizo pensar en el que sale en la novela, y comprender mejor la necesidad de los símbolos que manejan las tradiciones folclóricas.

Escribo y escribo y noto que no logro echarle el guante a lo que quiero decir, como un duende burlón. Es algo sobre la constante transfusión entre dos mundos. Escribimos desde acá y eso provoca algo allá, que a su vez exige ser registrado de este lado, y así durante siglos. Creo que Ugrešić consigue hacer visible ese vínculo. Está muy bien estudiar académicamente las tradiciones folclóricas, pero para meterse de lleno lo mejor es lo que ha hecho ella. O cantarle las canciones a un niño hasta que se duerma: esa es la mejor manera de todas.

Y esto nos devuelve a las madres. No estoy muy segura de que esa imposición de un patrón en las conversaciones se dé solo en el caso de las madres y las hijas, pero volveré a eso en la siguiente carta, porque ahora quiero llamar a la mía. ¡Qué buen consejo el de dejar la casa recogida!

Besos,

B

Hola, hola, querida amiga: 

Yo también pensaba todo el rato que sería una buena peli, es verdad que Wes Anderson haría algo curioso, Saoirse Ronan sería la salvadora del masajista, ¿no? El padre podría ser Tom Hanks. Y al mismo tiempo, pienso que algo se le escaparía. Cuando estuve con Gospodínov en Madrid, le pregunté por Dubravka y me dijo que hablaban mucho, por mail. La madre de ella era búlgara, como cuenta en la primera parte del libro, la que aún no es novela. También me dijo que compartían agente y le dije tu frase sobre ella: un gran cabreo pero muy divertida. Estuvo de acuerdo. 

Me encanta cómo se va enredando la trama de la novela con cosas graciosas o absurdas o disparatadas. Me gusta que hable del cuerpo de las viejas, las tetas enormes de una, por ejemplo. Y las rimillas le dan un aire fabulístico muy gracioso. 

La primera parte también me parece divertida, pero quizá en la línea cabreo: la risa viene casi siempre de imaginar a Dubravka con la estudiante a la que no soporta porque es una marisabidilla un poco pedante con la que comparte el viaje que hace por su madre. 

Al leer la tercera parte, que es estudio folclorista e interpretación de las partes anteriores como relatos que juegan con símbolos del folclore, me preguntaba qué quería hacer Dubravka. Pensé que era un chiste, una gran broma que esos relatos de la novelista que detesta el folclore terminen interpretados en clave folclorista por la estudiante a la que detesta. Pero también pensé que habla de la deformación de la realidad al escribir, y de la estilización y de que al final, todo puede encajar en patrones. 

En Yo recordaré por ustedes, Juan Forn habla de Zorro, ¿la has leído? Parece que un lector de Ugrešić le dejó una cabaña en herencia.

Un beso, 

Querida Aloma:

No he leído ningún libro de Juan Forn ni tampoco Zorro, pero ahora les estoy echando un vistazo y me dan muchas ganas de ponerme a leer y a escribir. Tu interpretación de la tercera parte me choca y me resulta interesante. Me refiero a lo de la broma. Desde luego es una continuación de la historia del balneario por otras vías, así que también podría estar ensayando la continuación del chiste en otro tono. No me acuerdo muy bien de si al leer esa parte me pareció que hubiera mofa hacia la sobreinterpretación de lo popular por parte de los académicos pasados de rosca, pero desde luego de los delirios de los departamentos puede ser fácil hacer burla.

Recuerdo más claramente que la estudiante, que en la primera parte aparece como una jovencita plasta que no se da cuenta de que la narradora bastantes problemas tiene ya con una madre que está perdiendo la cabeza, se revela aquí al final como una mente clara y como una versión renovada del mundo, que reclama una cuota de atención igual que lo ha hecho la madre al principio. Su plantilla de interpretación del mundo es como los 180º de la demencia de la madre. La que lo interpreta demasiado y la que solo lo percibe como un batiburrillo. Nosotros estamos con la narradora, sobrepasada por los dos paroxismos que la asaltan, pero a la vez capaz de transmitirnos que el mundo nos tira de las mangas con sus locuras y no nos deja seguir con la nuestra. Que sigamos con la nuestra o que hagamos caso de las de los demás lo determina todo.

La joven dedicada al folclore está estudiando algo muy antiguo (ahora, perdona el desvío, me acuerdo de una cosa que le leí a René Guénon, que es que lo propiamente popular no está definido por su origen sino por haber sido una cosa que se transmite), y es como si desempeñase un papel que ha dejado vacante la narradora (reclamada por la madre). Me parece ahora como una carrera de testigos. Cuando somos jóvenes podemos dedicarnos a especular sobre el tiempo y sobre todas las cosas, pero luego hay como una aceleración y ya lo importante es dar con alguien que se haga cargo de lo que hemos entendido del mundo. Quien sea. La joven plasta. World providing.

Quizá en la asociación de lo popular con lo ágrafo se apoye lo gracioso de todo el libro y especialmente de la parte final: ¿cómo vas a penetrar toda esa sabiduría a base de verborrea? Pero a la vez es la manera que la joven ha encontrado para decirle a la narradora que la ha elegido como madre, como vía de transmisión directa. Ahora creo que el libro habla de cómo nos relacionamos las mujeres. ¿Qué dices?

Besos,

B

Bárbara querida: 

Fíjate que yo pensaba que la estudiante era como la sustituta de la madre en el viaje y no había caído en que eso convertía a la narradora en madre, y está cristalino: ¡hasta su relación es muy de madre-hija! 

En fin, tengo a la mía enfrente ahora mismo, hemos puesto una cafetera al fuego en una placa con la que no logra hacerse. Ya le he dicho que todo son patrones… 

Besos,

A.

*Baba Yagá puso un huevo, de Dubravka Ugrešić, con traducción de Luisa Fernanda Garrido y Thomas Pistelek, forma parte de la biblioteca Ugrešić de editorial Impedimenta.

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Es escritora. Su libro más reciente es 'Lloro porque no tengo sentimientos' (La Navaja Suiza, 2024).

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