Desafío a la estabilidad

Una reseña de la exposición Desafío a la estabilidad, en el MUAC.
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Es inevitable experimentar un dejo de nostalgia al concluir el recorrido de la exposición Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos en México, 1952-1967, presentada en el MUAC. Esto debido a que hemos sido testigos de la paulatina extinción de un grupo de intelectuales en cuya obra literaria y artística se labró un mosaico múltiple de modernidades en América latina. Aunque para ser más preciso, la nostalgia se experimenta desde la primera sala, donde la voz de los Beatles interpretando “In My Life” se desprende del registro documental que Julio Pliego realizó en la fiesta del cumpleaños 37 de Carlos Fuentes, en 1965. Una sensación próxima a la voz envolvente de Dionne Warwick interpretando “Anyone Who Had A Heart" en la escena final de Tajimara (mediometraje también incluido en esta muestra), adaptación que Juan José Gurrola hizo del cuento homónimo de Juan García Ponce en el marco del Primer Concurso de Cine Experimental en 1965. La escena consuma la imposibilidad del amor entre hermanos, al momento en que Julia (interpretación cautivante de Pixie Hopkin) abandona a Carlos y se casa con alguien más. Previo a la boda, la fiesta de despedida, a la cual asisten pintores abstractos, pensadores existencialistas y flâneurs, se desarrolla entre la algarabía y la desolación, culminando con la superposición de la melodía de Warwick al monólogo interior de Carlos. La yuxtaposición de diferentes registros en torno a una profusa sensibilidad moderna se trasmina por las diferentes salas de exhibición del MUAC. Al igual que en Tajimara y otras cintas experimentales aquí recuperadas, en las salas conviven la abstracción con la arquitectura moderna, el pop-soul meloso con las publicaciones de vanguardia, los efímeros pánicos con el influjo de la nouvelle vague… El planteamiento curatorial, diseñado por un grupo encabezado por Rita Eder en el que destaca la participación de un grupo de estudiantes del Posgrado en historia del arte de la UNAM, propone una relectura crítica de las genealogías del arte contemporáneo en México, la cual se distancia de una visión aislada de los géneros artísticos, para abrazar préstamos, colaboraciones y contagios disciplinarios que frecuentaron los artistas de esa época.

Desafío a la estabilidad propone un relato punzante sobre los modos de producción artística que trazaron un panorama cultural poliédrico durante los quince años comprendidos en la revisión historiográfica. Un periodo marcado por las contradicciones del impulso modernizador forjado durante el alemanismo y que se continuó hasta la inflexión marcada por la matanza estudiantil en el ‘68. En tal medida, la exposiciónsocava una de las interpretaciones canónicas de este periodo (el de la llamada “Ruptura”, término acuñado por Octavio Paz a propósito de la pintura de Rufino Tamayo, circunscrito más tarde al ámbito pictórico) y además renegocia la génesis de lo contemporáneo propuesta por La era de la discrepancia. Arte y cultura visual en México 1968-1997 (MUCA Campus, 2007), curada por Cuauhtémoc Medina y Olivier Debroise (†). Cada uno de los seis núcleos (Borramientos, Imaginarios, Corporalidades, Modernidades, Yuxtaposiciones y Nuevos Circuitos) se despliega bajo una concepción procesual de los sistemas artísticos y de una variedad que objetos y soportes que si bien en su momento no se consideraron dentro de este campo, bajo esta nueva lectura se integran a una constelación visual de carácter plural. Lo excepcional de Desafío a la estabilidad no reside en su carácter monumental (380 piezas de 74 artistas, de entre las cuales destacan el rescate del Mural de hierro que Felguérez realizó para el Cine Diana en 1961 y obras clave para comprender el tránsito de las vanguardias europeas a este país, como el Poema plástico, ca. 1953, de Mathias Goeritz), pues queda claro que el sentido de esta revisión histórica consiste en desplegar un relato que, como lo expresó Luis Vargas Santiago en una crítica perspicaz sobre esta misma exhibición publicada recientemente en Nexos, hace de la porosidad un topos epistemológico para repensar las dinámicas de flujo entre las diferentes modernidades que convivieron en un momento fecundo para las artes.

Como propuesta curatorial, Desafío a la estabilidad se distingue por una sensibilidad capaz de equilibrar el rigor de unainvestigación histórica y de archivos con la producción de una museografía que recurre a estrategias próximas a las del montaje cinematográfico para generar atmósferas cautivantes, como las que Goeritz buscaba con su arquitectura emocional. Esto vuelve a la muestra un singular dispositivo de enunciación, en particular, sobre el tour de force que la historia del arte ha llevado a cabo en términos disciplinarios: aquí se observa cómo se piensa y se escribe la historia del arte en un umbral que Georges Didi-Huberman define con la fórmula “ante el tiempo”. Desafío a la estabilidad ofrece una experiencia de apertura ante los pliegues y resquicios de un periodo de nuestra historia y de sus imágenes.

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