La agonía de un régimen/La muerte de un dictador. En el año 1975 había entre nosotros, los opositores al régimen, un ambiente políticamente optimista, a pesar de todo. Las libertades estaban cerca, aunque la represión aumentaba. La libertad no iba a ser un regalo. Miedo. Por lo menos el mío.
Dictadura/Democracia. En el Partido Comunista marxista leninista, principal partido antirrégimen –los socialistas brillaban por su ausencia–, no se luchaba exactamente por una democracia liberal y parlamentaria. Se luchaba por la revolución. Por la democracia burguesa, que se arriesgaran otros. ¿Era el leninismo compatible con la democracia? Pensábamos, deseábamos que fueran la misma cosa.
Lo que se muestra y lo que no se muestra. Lo que más se veía en las pantallas de televisión eran peces. En las largas esperas entre los partes médicos sobre el estado de salud del dictador la televisión emitía sin cesar documentales de animales. Cuando se les acabaron las bandadas de aves, los rebaños de mamíferos y las camadas de felinos, aparecieron los peces. Interminables imágenes de bancos de peces agitándose uniformemente en la pantalla con una música de fondo. Noches de espera del anuncio de la muerte de Franco contemplando el ir y venir de aletas y escamas en el televisor pecera.
Otras imágenes. En las últimas fotos del dictador este siempre se mostraba con los ojos cubiertos por gafas de sol. No se sabía adónde miraba. Saludaba a una multitud enfervorizada. Junto a él salía fotografiado inevitablemente el príncipe Juan Carlos. En todas las fotos parecía más asustado que entusiasta.
Censura/Metáfora. Con años y años de censura, lectores y espectadores se entrenaron en un lenguaje nuevo: el de leer y ver entre líneas. Los cortes en las películas, las manipulaciones del doblaje eran sustituidos por la complicidad del espectador lector. Nunca la metáfora voló más alto.
Un ejemplo. La película Furtivos –estrenada dos meses antes de la muerte de Franco– no tenía mucho que ver con el ambiente reinante en España en el año 1975. Sin embargo, los espectadores identificaron la violencia de las imágenes del filme con la violencia de las condenas a muerte de aquellos meses agónicos. No era esa la voluntad de los guionistas. ¿Es legítimo sacar conclusiones no previstas por el autor? Pues claro que lo es. La metáfora no es una cosa junto a otra cosa, sino el resultado de ambas.
Cultura dominante. Es difícil de explicar. La cultura dominante en España durante los últimos años del franquismo era una cultura de izquierdas diseñada sobre todo por el Partido Comunista. Lo otro, la cultura oficial nacionalcatólica, obligatoria, servía de objeto de burla. Era útil para eso.
Cultura/Contracultura. A la izquierda de la izquierda había surgido en la década anterior –mayo del 68– la contracultura. Una crítica feroz contra la cultura establecida. La nueva izquierda española hizo suya la contracultura sin haber desaparecido aún el fascismo y la censura. No cuajaba, no cuajó.
Rupturistas/Pactistas. Ya no había una sola izquierda, había varias. La fragmentación irrumpió sobre todo en la universidad. En aquellos años setenta, todavía con la policía y los militares como amenaza común, podía más la discusión ideológica que la acuciante necesidad de acabar con la dictadura, que moría matando, encarcelando, torturando. Por eso mismo, el grito más repetido en las asambleas universitarias era el de “¡unidad!, ¡unidad!”.
Izquierda contra izquierda. No había y no hay ni habrá una sola izquierda, para bien o para mal. En un restaurante, la izquierda ofrece un bufé, la derecha un menú.
Memoria/Olvido. La palabra clave de la oposición mayoritaria a la dictadura era la de reconciliación, si nos referíamos a la Guerra Civil, que era de donde partía la legitimación del régimen. Había que manejar una cierta forma de tachadura, la del término revancha. Consistía en sustituir la victoria por la paz. Hoy en día la palabra clave respecto a la Guerra Civil es la de reparación.
Palabras que llegan/Palabras que se van. Hay términos que aparecerían más tarde, entrados ya en la década de los setenta, con nuevos significados como tronco, monstruo (en su significado afectivo), marrón, madero, lechera (coche policial), basca, chao, etc. En cambio, hay otros que desaparecen, como estraperlo, por poner un ejemplo tierno y terrible de niño de posguerra. En algunos términos y sintagmas la valoración ha girado como peonza. Existía una expresión muy mal valorada entonces por la izquierda: Estado de bienestar (welfare state), que se consideraba una propuesta económica y social burguesa, en rivalidad con un objetivo más potente que eliminara completamente y para siempre la explotación capitalista. Sin embargo, el sintagma Estado de bienestar ha girado y hoy es reivindicado por la izquierda como algo propio, una conquista a defender a toda costa.
Nombres propios/Impropios. Un hecho nuevo en la época fue la aparición de los cantautores, como Chicho Sánchez Ferlosio, que cantaba por las calles desafiando a la policía (y a algunos transeúntes). En bastantes ocasiones le acompañé cuando cantaba a las puertas de la facultad de Filosofía y Letras. No me gustaban mucho sus canciones, pero yo lo hacía por arroparle en aquel tipo de actuaciones, que recordaban a los músicos callejeros y a los antiguos juglares. Además, él fue quien había propiciado mi ingreso en el partido. Chicho había sido bautizado como José Antonio Julio Onésimo, en honor de los tres nombres de tres de los fundadores de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda y Onésimo Redondo. El sobrenombre de Chicho tenía algo de deconstrucción del sistema verbal de los vencedores.
Droga/Intolerancia. A mediados de los años setenta el porro ya había empezado su recorrido social. En el Partido Comunista marxista leninista la moral era muy estricta, en muchas cuestiones rozando el puritanismo, incluidos algunos aspectos del sexo y, desde luego, el de las drogas. En una reunión, contemplé por primera vez a un camarada encendiendo un porro. Todo el mundo se quedó callado, estupefacto. Tras su legalización –me refiero a la del pce–, el Partido Comunista renunció oficialmente al leninismo.
Represión/Derecho. Una de las conquistas arrancadas a la dictadura fue la consideración de los despachos de abogados como espacios a respetar, en parte, por los instrumentos policiales y jurídicos de la dictadura. Por eso, contra los abogados solo cabía el asesinato.
Saludos/Adioses. El saludo a la romana, brazo en alto y “en ángulo de 45 grados con el cuerpo”, como decía el manual de Formación del Espíritu Nacional, fue obligatorio algunos años. Después, cayó en desuso oficial por su identificación con el saludo nazi. Se veían demasiadas películas en las que los malos hacían aquel gesto, era inaceptable. Pero los franquistas más recalcitrantes seguían utilizándolo en las manifestaciones de adhesión al régimen, con Franco presente en el balcón. Franco también respondía brazo en alto, como Hitler o Mussolini, de otro modo hubiera defraudado la exaltación desatada de sus seguidores. ¿Qué hacer, entonces? Poco a poco, fue modulando el gesto. Levantaba el brazo para el saludo fascista reglamentario y, sin llegar a bajarlo como mandaban los cánones falangistas, comenzaba a mover la mano blanda y fofa transformando el recio ademán en un saludo de abuelo cariñoso. Así lo grabaron por última vez las cámaras de tve en el balcón de la plaza de Oriente, tras haber firmado con esa misma mano los preceptivos “enterados” de las penas de muerte. La siguiente vez que las cámaras lo grabaron en público ya estaba metido en un ataúd. ~