Un hombre de su tiempo

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Phoenix.- Pocas veces he visto un hotel más lujoso que el Biltmore de Arizona. Con sus jardines de manicura, sus sillones de cuero y sus dos campos de golf, parece una mansión victoriana en medio del desierto. Es aquí donde John McCain decidió esperar el veredicto del pueblo estadounidense el martes por la noche. Y fue aquí, también, donde quedó al descubierto la contradicción esencial que, a final de cuentas, le costó la elección.

Aristócratas al fin y al cabo, los simpatizantes del republicano se paseaban por el hotel vistiendo trajes cortados a la perfección. Hasta ahí, todo normal. El partido republicano ha sido y seguirá siendo el partido de los ricos en este país. La paradoja es otra: muchos de estos potentados llevaban adherida a la solapa una calcomanía que decía, simplemente, “Joe”; una referencia abierta –y, sí, cínica– al plomero más famoso de los últimos años, supuesto prototipo de la clase obrera estadounidense. Esa apuesta narrativa – los republicanos no son millonarios: son el pueblo – le había ganado al partido la Casa Blanca en 2000 y 2004. Esta vez, los electores no cayeron en el garlito.

Ayer, Estados Unidos hizo historia. De un golpe, Barack Obama y los millones de votantes que lo favorecieron borraron varios mitos. Adiós al “Efecto Bradley”. Adiós a la idea de que los latinos podrían darle la espalda a un candidato afroamericano. Y adiós, como dijo Obama, a la supuesta apatía de los jóvenes de esta generación. Pero, sobre otras cosas, la elección de Obama representa la llegada del primer presidente post-racial de la historia, el primer político del nuevo siglo.

Obama comprendió desde muy chico que la identidad de un hombre moderno no puede estar anclada en las heridas del pasado. Obama no es un hombre de otros tiempos, es un hombre de su tiempo. Ayer, el país que lo eligió se dijo cansado de los que no creen en la evolución, dan la espalda a la ciencia y a la naturaleza y creen antes en las balas que en las palabras. Estados Unidos ha vuelto a su raíz liberal. Comienza, así, una nueva era. Los “Joe” de traje italiano tendrán que buscarse un nuevo discurso. Ya era hora.

– León Krauze

 

 

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