Hacia una democracia de apego y sin generación: el interés general no tiene edad

Necesitamos dinamizar la sociedad civil, crear un espacio para que todo ese talento sin género y sin generación que está fuera de los partidos políticos pueda articularse y contribuir a la agenda común de los problemas reales.
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La teoría del apego, desarrollada por el psicólogo británico John Bowlby en los años 70 del siglo pasado, sostiene que los seres humanos tenemos una tendencia innata a buscar la proximidad y el contacto con nuestras figuras de apego, sobre todo padres y cuidadores, y especialmente en momentos de angustia o peligro. Este vínculo profundo proporciona seguridad, protección y apoyo emocional, una base segura para explorar el mundo y enfrentar sus dificultades. Conforme la persona va creciendo, sus apegos van cambiando y no se centran en sus cuidadores, sino en todas aquellas personas con las que establece un vínculo emocional, en función de tres clases básicas de apego: seguro (relaciones de confianza, comodidad y equitativas), evitativo (mucha desconfianza, evitación de relaciones y compromisos) y ambivalente (no equitativo, fuerte dependencia).

Nuestra relación con la política (o, mejor dicho, con los políticos) no constituye una excepción. Porque la clave para el apego es la confianza. Y en España parece que hemos perdido la confianza en el futuro. Cualquiera diría que ya no tenemos ni la ambición ni la expectativa de poder mejorar las cosas, de poder crecer por nosotros mismos. No creemos que nuestra educación pueda llegar a ser competitiva o que podamos lograr un alto nivel de virtud pública aplicando los controles y garantías que nos faltan. Se trata de una mezcla de derrotismo y complacencia que no hace sino perpetuar la parálisis autoinducida que lleva décadas bloqueándonos como país.

¿Qué tiene que ver el debate político con lo que realmente nos ocurre? No estamos creciendo con tracción propia, ni tenemos la productividad que necesitamos. El desempleo juvenil y el abandono escolar son problemas gravísimos, no nos estamos adaptando adecuadamente a la tecnología, ni las estamos utilizando eficazmente para mejorar los servicios públicos y las políticas que los sustentan. 

¿Cómo podemos cambiar esto? Desde luego, necesitamos hacerlo en colectivo. Por ejemplo, desde España Mejor estamos intentando dinamizar la sociedad civil, creando un espacio al lado de los partidos políticos para que todos los ciudadanos, independientemente de su ideología, puedan contribuir al diseño de políticas públicas. Entre otras iniciativas, ya hemos puesto en marcha un proyecto pionero, *Imagina, que consta de tres fases: escuchar a los jóvenes (con una macroencuesta para conocer las preocupaciones y aspiraciones de 50.000 jóvenes entre 18 y 35 años); trabajo activo de los jóvenes (aplicando, por primera vez en España, la ciencia del comportamiento –la nudge theory del Premio Nobel de Economía, Richard Thaler, y el profesor de Harvard, Cass Sunstein– a la elaboración de políticas públicas); y cierre de brecha intergeneracional (uniendo a mayores de 65 y genZ en grupos de trabajo sobre empleo, educación y sostenibilidad). Pretendemos que todo ese talento sin género y sin generación que está fuera de los partidos políticos pueda articularse y participar de la agenda común, la de los problemas reales de los ciudadanos, que la clase política no puede seguir ignorando.

Avanzar hacia una “democracia de apego” a través de una mayor participación

Las instituciones políticas deberían profundizar en el camino que han pavimentado las iniciativas de gobierno abierto, así como en las posibilidades que ofrece la tecnología. La exposición pública, la rendición de cuentas y la interacción con los ciudadanos van en el puesto, y no hay excusa para que no esté disponible para cualquier ciudadano con acceso a internet. Es cierto que la mayoría de las personas tiene mucho que hacer y no encontrará el momento para revisar un contrato o la ejecución de un presupuesto, pero siempre habrá una asociación o un medio que se encargarán de buscar fallos con sano afán fiscalizador. 

La sociedad no está ni mucho menos tan polarizada como nos quieren hacer creer los políticos, más bien al contrario: tenemos un suelo común de intereses y preocupaciones compartidas, y podemos y sabemos relacionarnos entre nosotros. Ha llegado el momento de que nuestro país dé un salto adelante, desde la participación y la dinamización de la ciudadanía, que es compleja, diversa, y está dividida en grupos con intereses distintos. Esta es la realidad de la que debería partir cualquier político: vivir en sociedad no significa eliminar el conflicto, sino asumirlo y gestionarlo para convertirlo en la energía que hace progresar un país. En ese sentido político profundo, querámoslo o no, la brecha generacional existe, y se ha ido ahondando a lo largo de estas últimas dos décadas. Pero no puede haber sesgo de edad cuando de interés general se trata. Lo que hoy cabe preguntarse es: ¿cómo se articula el diálogo entre personas con experiencias y necesidades tan distintas y convergentes al mismo tiempo? 

Diferencias y fórmulas para acercar posiciones

Contrariamente a lo que ocurre con la diversidad de género, la diversidad generacional no ha entrado aún de lleno en las agendas y objetivos de las instituciones políticas y de las empresas, fundamentalmente porque no existe aún una regulación que desarrolle medidas para eliminar la discriminación generacional. Hoy por hoy, los pilares que cimentan esa brecha generacional son variados, y, en muchos casos, cuestionables: tienen más de tópico que de realidad. Defender la necesidad de gestionar la diversidad generacional significa convertir un posible problema en una herramienta de competitividad. El “Diagnóstico de la diversidad generacional” del Observatorio Generación y Talento, o el informe “El desafío de la diversidad generacional en la empresa”, elaborado por Grant Thornton, por ejemplo, proporcionan un análisis profundo sobre estas barreras y recomiendan implementar estrategias para superarlas, como la promoción del aprendizaje mutuo (con mentoría directa e inversa entre jóvenes y mayores, o los espacios de trabajo colaborativos), la creación de espacios de diálogo (foros y talleres intergeneracionales y proyectos comunitarios), el fomento de la empatía y la comprensión a través de la educación y, por supuesto, la tecnología como herramienta de conexión (con plataformas digitales inclusivas que faciliten la participación de todas las edades y promuevan el intercambio de ideas y experiencias, y programas ambiciosos y no paternalistas de alfabetización digital).

Contexto en España y Europa respecto a América Latina

El análisis de las diferencias generacionales y las fórmulas para acercar posiciones varía significativamente entre contextos como España (y Europa) y América Latina, debido a factores culturales, económicos y sociales que influyen en las dinámicas intergeneracionales.

España tiene una población envejecida, con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa y una alta expectativa de vida, lo que crea presiones sobre el sistema de pensiones y servicios sociales. Aunque es una de las economías más grandes de Europa, enfrenta graves problemas de desempleo juvenil, precariedad laboral y acceso a la vivienda. Existe una fuerte tradición de apoyo familiar intergeneracional, con jóvenes que dependen de sus padres durante más tiempo debido a las dificultades económicas. Las tensiones económicas, particularmente después de la crisis financiera de 2008 y la pandemia de la covid-19, han exacerbado las diferencias entre generaciones. Estos retos definen igualmente la situación de un buen número de países europeos.

Mientras, en muchos países de América Latina la población es más joven y está creciendo, lo que genera un dinamismo diferente en la interacción intergeneracional. La familia extendida sigue siendo asimismo un pilar fundamental, y hay una alta valoración del respeto a los mayores, lo que facilita el diálogo intergeneracional, aunque con dinámicas más jerárquicas. Los países de la región están en diversas etapas de desarrollo de políticas intergeneracionales, con algunos avances en educación y empleo juvenil, pero con desafíos en la implementación de sistemas de seguridad social sostenibles.

Hay ya numerosas iniciativas de diálogo intergeneracional exitosas en España, Europa y América Latina, que han demostrado que el trabajo intergeneracional promueve la cohesión social y el entendimiento mutuo. Valgan como muestra tres que considero particularmente interesantes: el programa “Generaciones en Marcha” de la Fundación La Caixa ha logrado en España unir a distintas generaciones en proyectos comunitarios, mejorando la convivencia y reduciendo la soledad en personas mayores, promoviendo la colaboración entre jóvenes y personas mayores y el aprendizaje intergeneracional a través de talleres, voluntariado y eventos culturales. La red europea “AGE Platform Europe” promueve los derechos de las personas mayores y el envejecimiento activo y ha influido en la formulación de políticas públicas en toda Europa sobre discriminación por edad, empleo e inclusión social. Y, en América Latina, iniciativas como “Conectándonos” conecta en Chile a jóvenes voluntarios con personas mayores a través de la tecnología. Los jóvenes enseñan a los mayores a utilizar dispositivos electrónicos y redes sociales, promoviendo la inclusión digital. Ha tenido un impacto significativo en la reducción de la brecha digital y ha mejorado la calidad de vida de los mayores, al facilitar su conexión con familiares y amigos. 

Estos proyectos no solo benefician a los participantes directos, sino que tienen un alto impacto positivo en toda la sociedad y, por definición, en la mejora de su competitividad. Demuestran que el diálogo intergeneracional es posible y fructífero cuando se diseñan políticas que reconocen y valoran las fortalezas de cada generación. Cuando la sociedad civil se activa y se compromete. Cuando existe confianza y, por lo tanto, el apego democrático es seguro. 

Bibliografía:

Grant Thornton (2000): “El desafío de la diversidad generacional en la empresa española”. Disponible en: https://www.grantthornton.es/especiales/el-desafio-de-la-diversidad-generacional-en-la-empresa/

López, F., Gómez, M., & Fernández, J. (2019): Estudio sobre los estilos de apego y su relación con el desarrollo emocional enla infancia. Revista de Psicología Infantil, 35(2), 89-104.  

Observatorio Generación y Talento (2018): “Diagnóstico de la Diversidad Generacional: análisis del talento intergeneracional en las empresas”. Disponible en:

https://generacciona.org/wp-content/uploads/2020/04/Estudio-Diagn%C3%B3stico-Diversidad-Generacional-An%C3%A1lisis-del-Talento-Intergeneracional-en-la-organizaciones-Obse.asd_.pdf


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