En el número 18 de la revista Letras de México, con fecha de 15 de junio de 1942, Octavio Paz publicó una serie de sonetos intitulada “Crepúsculo de la ciudad”, dedicados “A Rafael Vega Albela, que aquí padeció”. Acaso sea esta la primera y más memorable mención que tuvimos del poeta y ensayista nacido el 23 de febrero de 1913 y muerto el 19 de marzo de 1940. Miembro de la generación de Taller, a cuyo consejo editorial se sumó a partir de la sexta entrega, invitado por Paz, quien asume la dirección, sus poemas llamaron la atención de otro tallerista, Efraín Huerta, que escribió en El Nacional: “sus poemas me agradan; el tono es incisivo, solemne y profético, como debe ser en general el de toda la poesía que no se dedica a fabricar falso optimismo”.1
“A la fecha –resume Ángel Gilberto Adame en las ‘Notas’ que cierran la compilación–, Vega Albela se diluye en la anécdota de su cercanía con Paz.” Aun cuando varios investigadores, entre ellos el propio Adame, Guillermo Sheridan –quien prologa el libro– y Xalbador García, habían aportado datos para esclarecer las brumas de su vida y pese al morboso magnetismo que su suicidio en plena juventud y su melancólica leyenda ejercían en los enterados, necesitábamos un volumen que reuniera su parca y dispersa producción poética y prosística. El compilador, quien en Octavio Paz. El misterio de la vocación (2015) ya había brindado relevante información biográfica del malogrado escritor, reúne ahora sus escritos.
Al mérito del rescate de esas publicaciones en Letras de México y Taller se añade el de las colaboraciones en Romance y sobre todo en El Popular; mérito que Adame advierte al mencionar que “una de las bondades de la presente antología es que logra reunir esos textos ignorados y no solo su poesía”. No se trata únicamente de que, como él señala, fuera “poco sabido” que Vega Albela colaboró en el órgano de la Confederación de Trabajadores de México (sí, la CTM), sino al virtual olvido en que tal diario se encuentra. Para combatir la propaganda del fascismo que, a decir de Vicente Lombardo Toledano, la prensa diaria promovía, en febrero de 1936 el antiguo profesor de sociología en la Preparatoria Nacional propuso en un congreso obrero editar un periódico portavoz del proletariado nacional, cuyo primer número aparecería dos años después. Como el investigador Juan Campos Vega destaca en su estudio El Popular. Una historia ignorada, del cual he tomado la información precedente, “a pesar de su larga existencia, no se han escrito libros relativos a su trayectoria ni se le menciona en las historias del periodismo mexicano”. De ahí la importancia de rescatar las colaboraciones de Vega Albela, quien en dicho diario publicó ensayos literarios –una semblanza del por entonces recientemente fallecido Antonio Machado y otras de Rimbaud y Poe, además de reflexiones sobre Balzac, Racine y otros autores franceses, literatura con la que el joven poeta y curioso lector demuestra mayor familiaridad–; ensayos de corte filosófico y sociológico –destaco “Generación deshecha”, “Perfil humano” y “La época veloz” que, a tono con las meditaciones distintivas de esa promoción, ensaya en torno a las circunstancias de la época y de las condiciones sociales– y, sobre todo, artículos políticos tan mesurados y analíticos como los estéticos. Algunos de sus pensamientos, incluso, son dolorosamente actuales; avizoró, al respecto, la complicidad de quienes contribuyen al mal, con lo que se adelanta al concepto de Hannah Arendt de la banalidad del mal: “Y todos están complicados en la barbarie de que hacen víctima al pueblo.” Por ello, el gran mérito de la compilación no es solo descubrirnos que colaboró en El Popular, sino permitirnos leerlo, ya que El Popular es un paria en la historia del periodismo y en los anales literarios del que apenas si hay registro.
Tampoco es mérito menor leer los poemas en libro, aunque apenas sumen un tridecálogo. Sus contemporáneos apreciaron el temple de su voz y escritores de distintas generaciones, además de los especialistas en el grupo de Taller, han ponderado sus sonetos. Sin embargo, fuera de esos poemas publicados en las antologías de Castro Leal, Novo y Salvador Elizondo, todas fuera de circulación, el lector de a pie no podía apreciar las virtudes del poeta.
En una entrevista con Fernando García Ramírez y Juan José Reyes, publicada originalmente en la revista Textual y rescatada posteriormente por Letras Libres, Octavio Paz evocó a Vega Albela considerando su poesía dueña de “una religiosidad atea”; opinión en la que apenas han reparado quienes se han referido a la obra del desdichado amigo de Paz. En los pocos poemas que se conservan –los inéditos los quemó– es patente ese amor por la humanidad que permea sus escritos contra el fascismo en El Popular:
Solo el hombre puede amar al
[hombre,
solo el hombre puede sufrir por el
[hombre…
Solo la sangre, el llanto y el amor
puede dar el hombre por la tierra.
Eco de la bipolaridad que rigió su vida, su obra manifiesta una dualidad: en la poesía, la pulsión de la muerte, a la cual considera una voz maternal y profunda, casi genésica, en “Vosotros los puros”, y al mismo tiempo una enérgica afirmación de la vitalidad; mientras que en su prosa esta dualidad se traduce en la defensa de los ideales de la cultura y la libertad, como expresión de la vida, frente al fascismo y su atracción por la muerte. Trató temas comunes a su generación, aunque destaca la pureza de su verso, la naturalidad de su ritmo, el temprano dominio del soneto y la dimensión trágica que se percibe incluso en las descripciones del paisaje. Encontramos ecos del romanticismo que caracteriza igualmente la lírica temprana de Paz, a la vez que asimilaciones barrocas, aunque menos conceptuales y quevedianas que las de su célebre amigo y compañero. De ese romanticismo imbuido de Hölderlin y de Novalis, a quienes leían esos muchachos tan absolutamente modernos, toma esa consideración del cuerpo como doble del universo:
Amorosamente, tierra de mis venas
llevará su rumor, ritmo de río,
a la serena música nocturna.
Por el rescate y por asentar la piedra basal para una eventual revaloración de este joven y parco escritor cuya huella impactó a sus contemporáneos, Poesía y prosa reunida es uno de los aportes a la historia de la literatura mexicana más valiosos de los últimos años. ~
- “Revista poética: poesía de Taller”, El Nacional, 24 de septiembre de 1939. ↩︎