Expresiones raras II: Alzar la voz

El verbo “alzar” ya no se puede usar de otra manera; se le ha incrustado el objeto directo que es “la voz” hasta el punto de que los dos elementos forman ya un verbo no troceable en sí mismo.
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No es exactamente rara esta expresión, y de hecho la llamativa y creciente frecuencia con la que se usa es lo que me ha empujado a tratar de analizarla, pero sí le detecto algo desencajado, y algo exangüe y mohoso que desdice sus aires insurrectos. Intuyo que aquí el lenguaje ha seguido un desvío desacostumbrado, como si, habiendo estado ya implantada la metáfora, su abuso y la consiguiente expulsión de sus sinónimos (quejarse, denunciar) hubiesen dejado expuestos los huesos de su literalidad, y solo se pudiese vestir ya con una mortaja. Es como si alzar ya no se pudiese usar de otra manera; se le ha incrustado el objeto directo que es la voz hasta el punto de que los dos elementos forman ya un verbo no troceable en sí mismo. Como sustituir a un ser humano por un maniquí que expone siempre el mismo vestido.

Debe de tener que ver con que los dichos metafóricos se generan a partir de una imagen o una acción que se dan en el mundo físico, pero que al saltar al lenguaje se cristalizan en una expresión inamovible. El verbo que triunfa es determinante: no se dice precipitarse del guindo, y es posible que a más especialización, más resistencia a perder el carácter original. Caerse, como alzar, es un verbo sencillo de movimiento. De hecho, es más pedestre, como quizá convenga a su semántica de batacazo y gravedad. Pero la voz es un genérico, como lo sería el cerebro humano, mientras que no se dice árbol sino guindo, especie concreta que, por el encantador aspecto de sus frutos de roja fosforescencia, y porque no crece en todas las latitudes, parece referirse cada vez a un ejemplar diferente, que crece en el frondoso jardín mental de cada cual.

Alzar la voz: por supuesto se entiende lo que se quiere decir, como es característico de las frases hechas. En un primer término significa hablar más alto, imprimirle más volumen a la voz, pero esta forma parece que ha dejado de usarse en sentido literal. Otras conjugaciones pueden transportarnos a escenas de aire anticuado: “Cuando el último de los violines enmudeció, se alzó la voz del castrato ”, etc. Pero en todo caso, cuando nos referimos a un incremento en los decibelios de la voz se suele recurrir a otros verbos como subir o levantar. “A mí no me levantes la voz”, en una discusión acalorada, pero sería chocante el verbo alzar en este caso, con el sufijo reflexivo: “No me alces la voz”. “No subas la voz” parece más adecuada a entornos de peligro, como si se recomendase hablar en susurros para que nuestro perseguidor no diese con nuestro escondrijo; también es una instrucción que se da en un estudio de grabación, o cuando se está mezclando un disco.

La forma “alzar la voz”, pues, ha quedado no solo limitada a quejarse por algo, sino también casi como única opción para la denuncia de la injusticia. Convoca la imagen de una multitud callada, connivente con el abuso, acojonada, en medio de la cual se distingue al individuo valiente que en un impulso heroico −o candoroso− se atreve a señalar al rey desnudo. Un gesto, pues, liberador y espontáneo por definición, lo que contrasta con la premeditación evidente de las muchas acciones que en la prensa, a diario, se califican ya siempre de “alzar la voz” y nunca de “denunciar”, que sería el verbo natural para los discursos escritos de antemano. 

Ese debe de ser el moho del principio, que se ha ido formando en el tiempo que hemos tardado en decidirnos a destapar la quesera de nuestra sublevación.

Raspa el uso constante de la expresión en los medios de comunicación, quizá porque, como ha pasado también con muchos verbos transitivos, por lo visto se ha ido haciendo superfluo el añadido de los complementos, hasta el punto de que para “alzar la voz” ya no parece imprescindible algo concreto a lo que oponerse.

Por otro lado, quizá convendría defender esta expresión como uno de los últimos refugios donde se mantiene el artículo no posesivo en el complemento directo: alzó la voz pero rascó su brazo. ¡Su brazo de nazi redomado!

Para quejarse solo se usa el verbo alzar, y no subir o elevar. Lo único que se me ocurre que se alce son la voz y las banderas. Los precios, por su parte, se alzan solos. Concentrándome un poco más se me ocurre también que quizá la diferencia entre alzar, subir y elevar tenga que ver con su inspiración en la mecánica del mundo. ¿No implica alzar el uso de una herramienta intermediaria? Alzar el telón requiere de un sistema de poleas, mientras que un mantel se levanta o se sube directamente con los dedos colocados en postura prensil. Parece también adecuado el verbo alzar aplicado al mazo de un juez, en cuyo caso el mango sería el intermediario por mucho que forme parte del mazo. Si fuese un juicio paleolítico, en el que el juez da la sentencia con un canto rodado, no lo alzaría, sino que levantarlo parece el verbo más adecuado, antes de dejarlo caer ruidosamente sobre la otra piedra, a saber, la cabeza del reo.


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