Eliza Soros

Qué escuchamos cuando no escuchamos

‘La prueba de audición’, debut de la artista Eliza Barry Callahan, es una reflexión sobre el silencio como elemento artístico.
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Silencio. El 29 de agosto de 1952 el músico, compositor, teórico y ensayista John Cage estrenó su pieza 4’33’’ en el Maverick, interpretada por el pianista David Tudor. En La prueba de audición (Anagrama, traducción de Rita da Costa), novela debut de la artista y cineasta Eliza Barry Callahan, se atribuye la actuación a John Cage himself, licencia novelesca. Lo que importa es que el 29 de agosto de 2019, unos cuantos años después pero el mismo día, la protagonista de la novela sufre una súbita pérdida de audición de la que se da cuenta cuando ve ladrar a su perro pero no oye el ladrido. A partir de ahí, entre pruebas de audición, tratamientos variados, algunos experimentales, hipnosis online, operaciones arriesgadas y seguimiento exhaustivo de la sordera repentina, se construye la novela, que combina la peripecia vital de la narradora con miniensayos sobre el arte y los artistas en relación al sonido o a su ausencia. Con su pieza 4’33’’, más que provocar al público, Cage quería sintonizar –es el verbo que usa el MoMA– a los oyentes con el silencio como estructura dentro de la música. En la novela, coloca a uno de los personajes en el concierto: “Dijo que John había dispuesto un marco temporal en torno a una serie de momentos consecutivos, obligando al oyente a escuchar lo que quiera que sucediese alrededor de esos momentos, dentro del marco temporal”, o sea, que Cage estaba animando a escuchar el silencio. 

La hipnosis online. La novela cubre un año, tiene cuatro partes y una estructura circular: del fallido viaje a Venecia para acudir a una boda al viaje que sí hace un año después. Poco antes del episodio, la protagonista, que trabaja haciendo bandas sonoras para cine y publicidad, ha alquilado un apartamento en Nueva York (recuerda la entrevista con la casera), también se ha separado y llamará al exnovio –que reaparece– “el cineasta”. La sordera sobrevenida le produce una sensación de aislamiento y al mismo tiempo se vuelve más observadora, o mejor dicho, observa de otra manera. Tiene sesiones de hipnosis online que se ven interrumpidas por la fluctuación de la conexión de internet. Como debe de pasar en las sesiones de hipnosis con público, la protagonista colabora activamente; pero los momentos más provechosos son cuando se cuela la mujer del hipnotizador, que, entre otras cosas, le habla de Goya: “El propio Goya padecía sordera desde hacía años, tras una súbita y aguda enfermedad. Fue en las paredes de esa casa [La Quinta del Sordo] donde pintó catorce óleos murales que, en principio, nadie más debía ver”. 

Collage sin costuras. En la novela conviven de manera tan feliz como orgánica las aventurillas vitales con las derivas alrededor de la historia del arte, resultado de la investigación del arte y el sentido del oído. Ese cruce de la peripecia vital con el arte está también en los libros de cuentos de María Gaínza. Barry Callahan explicaba en ABC a Carlos Sala que esas piezas “funcionan como una especie de collage en que reúno diferentes reflexiones y estados de ánimo”. 

Cine. Entre los atractivos de la novela de Eliza Barry Callahan está que habla de películas, la protagonista se acuerda de películas o ve películas, además de que ella trabaja haciendo bandas sonoras. Sale Adele H, de Truffaut (cuenta la escena del hipnotizador, que yo no recordaba) o Te querré siempre, de Rossellini, entre otras. La novela está llena de películas que se cuentan a veces deteniéndose solo en una escena. El libro de EBC puede leerse como una invitación a pensar el silencio no como la ausencia de algo sino como presencia, como un elemento. En Un destino común, que reúne algunas conferencias de y entrevistas a Lucrecia Martel (Caja negra), la cineasta comienza hablando precisamente del sonido en el cine y de lo poco que se piensa en el cine desde el sonido, comparado sobre todo con la luz, como si se olvidara lo sonoro de ese arte. Eliza Barry Callahan lo tiene presente. 

Coda. EBC sufrió ella misma un episodio similar al de su protagonista, pero la novela no es el relato de esa experiencia, sino una creación literaria que parte de esa experiencia para luego seguir su propio camino. Y por eso está bien. 


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