Pasados ajenos: Viaje a México, 1939

En esta tercera entrega de textos a partir de videos caseros de la colección Prelinger, una visita a México en la década de los treinta. 
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Las imágenes en movimiento, mapas ideológicos de los contextos que les dieron origen, suponen que lejos de considerarse fuentes exactas de la realidad, sean utilizadas como parte de la memoria gráfica que se consolidó en determinado momento. En ese sentido, este video casero permite un acercamiento a los modos en que diferentes sociedades se imaginaron. El nacionalismo mexicano funciona y se muestra como elemento unificador de un país de gran diversidad cultural, este nacionalismo se desarrollaba con el uso de imágenes prototípicas de lo nacional en donde el paisaje, la artesanía, la arquitectura y el folclor mexicano se volvían tema de lo nacional.

A éste punto de vista se accede mediante la contundencia de un link. Es el relato de un viaje a México que, según lo indican datos de la lata, ocurrió en 1939. Por su ubicación en el archivo comprendo que el video casero muestra la ruta realizada por una familia norteamericana en territorio nacional. Del viajero que sostiene la cámara no sabemos nada, ni quién es, ni por qué está en México. Sabemos en cambio qué le interesó, sabemos que no estaba solo: en la primera escena aparece una mujer que sostiene una flor mientras observa a una indígena que se envuelve en un rebozo. Luego, en un patio interior una guacamaya anticipa el exotismo del lugar visitado, misma idea que se complementa con imágenes de un mercado; entre sombreros y carpas blancas una multitud de gente camina mientras la cámara se interesa por una iglesia colonial. Se le mira de costado, luego de frente y finalmente en su interior donde dos mujeres, supongo que las otras dos acompañantes, se asoman mientras recorren el claustro de la construcción colonial. Del interior de la misma, el viajero realiza una toma al exterior, donde lo que se observa es una toma del paisaje enmarcado por un arco. La imagen –de no ser por el marco- podría imitar a cualquier pintura de José María Velasco, es el mismo paisaje mexicano que tantas postales motivó en tiempos anteriores.

Desde una década antes, un fructífero intercambio cultural entre Estados Unidos y México producía imágenes encargadas de interesar a norteamericanos para que visitaran México. La idea de un refugio lleno de tradiciones pero al mismo tiempo moderno constituía el atractivo que circulaba como promoción turística en Norteamérica para la década de los treinta. El folclor y lo exótico, así como la artesanía y el paisaje serían motivos de promoción y construcción de la imagen de lo mexicano en el país extranjero. El turismo como negocio que acarreaba importantes sumas de dinero al país se vería complementado con una función ideológica pues con él se definía la identidad nacional a la que el estado le dedicaba tantos recursos. A partir de la imagen del país a ojos del extranjero se remarcó el ímpetu nacionalista de la nación en la década de los años veinte y treinta. No es casual que este video casero presente de manera muy clara a los prototipos para identificar a la moderna pero tradicional capital mexicana, las imágenes que cobran importancia para nuestro viajero están relacionadas con las de un imaginario de lo mexicano preciso para el extranjero de esos tiempos.

Lo que sigue corta con la idea tradicional de México y muestra su cara más moderna, la avenida Reforma, con tráfico automotriz y el Ángel de la Independencia al fondo seguida por el monumento a Cuauhtémoc,  el monumento a Colón y el nuevo Monumento a la Revolución, que concluyó el arquitecto Carlos Obregón Santacilia en 1938. La urbe sigue en pantalla, tras el Caballito de Tolsá puede observarse el esqueleto de un edificio, que muestra cómo la ciudad crece verticalmente en medio de autobuses y automóviles. El hemiciclo a Juárez y el Palacio de Bellas Artes concluyen con la idea de una urbe moderna, luego la Catedral aparece en pantalla. A una escena de otro mercado rodeado de gente se contrapone una imagen rural, luego la portada de una iglesia barroca y finalmente Xochimilco, punto del viaje que muestra el folclórico espectáculo de las trajineras que incluye flores, mariachis y chinampas.

En otro lugar del recorrido, el cielo mexicano cubre un volcán y luego, a la distancia, aparece las dos torres y la cúpula de la Iglesia de Santa Prisca en Taxco, Guerrero. Las dos protagonistas del viaje aparecen de nuevo posando junto a un burro, mientras más detalles del conjunto colonial se mezclan con lo rural, casas de adobe y techos de dos aguas de teja y las lonas blancas de otro mercado sobre calles empedradas dan identidad al pueblo retratado. Los viajeros también presencian un desfile donde participan charros, policías, ciclistas y otros personajes. El silencio hace de la escena algo hipnótico. La cinta continua y de nuevo, el paisaje mexicano se muestra enmarcado con un arco de medio punto. Una retrato en movimiento de dos de las viajeras anticipa el final. La mujer del inicio posa junto a una noche buena y por primera vez aparece un hombre ataviado con textiles mexicanos, podríamos suponer que ese hombre es el viajero que se ocultaba tras la cámara. De nuevo, la mujer camina sosteniendo un jarro en la cabeza, luego muestra a detalle artesanía mexicana. El viaje ha concluido.

 

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