el cine japonés de horror versión remake (ahora cortesía del brasileño Salles) continúa tropezando con la más inconveniente de las piedras del género: la repetición. Nada hay peor que lo predecible cuando uno va en busca de un buen susto. Agua turbia debería marcar la decadencia de la moda del llamado “Jhorror“. No es casualidad, quizá, que todo en la propia película sea decadencia y descomposición. Dahlia (Jennifer Connelly) se muda a un decadente apartamento en la decadente isla Roosevelt de Nueva York sólo para enfrentarse a los demonios de su decadente matrimonio y a (¡sorpresa!) una niña de larga cabellera que emerge de entre aguas encharcadas para aterrorizar a cuanto incauto se cruce por su camino. Todo lo hemos visto antes. Y aburre. Al final, sólo diez minutos de inesperada ternura salvan, para los muy indulgentes, la cinta. Con Tim Roth como un abogado… decadente. -L.K.
Tradición de asilo y control migratorio
Pablo Yankelevich Los otros. Raza, normas y corrupción en la gestión de la extranjería en México, 1900-1950 Ciudad de México, El Colegio de México, 2019, 334 pp. Justo en los días de la…
Aquellas rosas del fango / y 4
Cuarta y última entrega de la serie sobre las cabareteras, las solitarias, las lúbricas, las imposibles protagonistas del erotismo nacional a mediados del siglo XX.
Tú como objeto
Hablar de ti no es hablar contigo. Por el contrario, es como verte (de lejos, en una foto, de memoria) sin hablarte. El ver y el hablar se desconectan, pasan del diálogo a una…
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