Cuando lo encontré
entre la arena del desierto
era blanco nevado.
Ahora se ha puesto oscuro
entreverado
perdiendo transparencia
y lucidez
cargando la oscuridad que traigo
amarrada al cuello,
a las circunstancias.
Aquella vez supe lo que cuesta algo
hallado en su lugar de origen:
un ataque de pánico
y la revelación de que no saldremos nunca de allí.
Desde entonces, huyo de esos lugares
donde la paranoia me impida comprender
cuánto vale todo lo que acumulé
con resignación
tan devaluado ahora.
Eso que se puede perder
en un instante de distracción
contra las dunas apaciguadas por el viento
de cualquier parte
sobre un cielo de un infinito que espanta
la boca del estómago,
la mirada
cuando se empequeñece,
se refracta
y lo vivido se reduce
a este pedazo de cuarzo sobre mí
donde los otros nunca entrarán. ~
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