En los tiempos que corren se olvida a menudo que la estadounidense fue una revolución en toda regla: implicó el derrumbe de un modelo agotado y la aspiración a crear algo nuevo. Igualdad, derechos inalienables, capacidad de autogobierno. Algunos de los ideales que impulsaron la fundación de Estados Unidos pueden parecer extraños para aquel que observe su actual deriva autoritaria o repase sus numerosas empresas imperialistas. Sin embargo, ese pasado –complejo, problemático, en disputa constante– ofrece el marco propicio para pensar, sin caer en el tono celebratorio o en el alarmista, cómo aquella nación llega a su aniversario 250. No sabemos con certeza si la democracia estadounidense sobrevivirá a la prueba de resistencia a la que se ha visto sometida los últimos años, ni si también lo hará su sistema de controles y contrapesos. Frente a esa incertidumbre, las voces críticas convocadas para este número han buscado ubicar el momento histórico que vive Estados Unidos y observar la trayectoria de un país cuya influencia se extiende más allá de sus fronteras.
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