Mi infancia es abisal,
un fondo en mí que siento por momentos.
En él deambula la niña que fui,
quien no hallaba lugar entre los suyos.
Su hermano, que leía y hablaba con sus padres,
tenía muchas palabras y ella era solo un cuerpo emocional.
En la madurez ya sin ser ella requiero sus tropiezos,
sus búsquedas a ciegas para tocar las cuerdas del transcurso. ~
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En mi adolescencia amaba el álgebra.
A mí tan insegura
y con la sensación de no ser nadie
si no era necesaria para alguien,
el álgebra me ponía a resolver incógnitas
siempre bien definidas,
era una vía franca
por la que mi mente transitaba.
En ese entonces temía abrazar
los titubeos que mueven la poesía,
la ambigüedad de sus palabras
dichas o escritas en cualquier momento.
Ahora puedo tender los versos en el aire,
columpiarme con ellos yendo lejos.
He ido perdiendo el vértigo
que al principio sentía
tan solo por el miedo
de elegir palabras al azar. ~