voytek pavlik, CC0, via Wikimedia Commons

Criptomonedas: experimento libertario

Las criptomonedas ganan cada día más popularidad como medio de pago. Su uso puede tener ventajas frente a la banca convencional, pero también despierta dudas que no parecen próximas a resolverse.
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Gran revuelo ha causado la aparición de las criptomonedas en el ciberespacio después de la crisis financiera global de 2008-2009. El tema tiene muchos ángulos; el más conspicuo es la ambición de establecer un sistema monetario independiente de los bancos centrales y de la banca comercial. A diferencia de estos, que basan el valor de sus monedas en la confianza de los actores económicos, las criptomonedas basan el suyo en algoritmos que garantizan la seguridad y solvencia de las transacciones: confianza en la infalibilidad de las matemáticas computarizadas contra la desconfianza en las decisiones de los bancos centrales, los gobiernos y las instituciones financieras multilaterales.

Hasta ahora las criptomonedas son experimentos que tienen consecuencias en la vida real, pero su magnitud es pequeña en comparación con el valor monetario convencional circulante en el mundo. Hasta enero de 2022, el valor nominal de todas las criptomonedas activas equivalía al 7 por ciento del dinero mundial. La más difundida, Bitcoin, equivalía al 2.9 por ciento.

Ya que las criptomonedas son “descentralizadas” y sus usuarios son anónimos, es difícil saber cuántos usuarios hay. Las cantidades varían con las fuentes. Según CoinMarket.com, hay unos 300 millones en el mundo, la tercera parte de ellos en la India; en Estados Unidos hay 27.5 millones, seguido por Nigeria (13 millones), Vietnam (6 millones) y Reino Unido (3.4 millones). En México, según encuestas, más del 12 por ciento de la población adulta es usuaria, lo que parece exagerado.

Hay más de 16 mil criptomonedas en el mundo pero solo 9,600 están activas, la mayoría de ellas insignificantes. De las veinte más importantes, solo tres tienen tokens con valor superior a los mil dólares; el resto tiene valores alrededor de los cinco dólares. Unas 18 mil empresas aceptan criptomonedas como medio de pago en línea. En varios países, las criptomonedas pueden ser cambiadas por monedas de curso corriente.

Como experimentos que son, las criptomonedas están diseñadas para tener vida limitada. El límite de Bitcoin son 21 millones de tokens, el cual debería alcanzarse en el año 2140. Hasta enero de 2022 habían sido emitidos 18.9 millones de tokens, restando 2.1 millones para el límite.

Cómo funciona

Para ser usuario de criptomonedas hay que crear un monedero en el sitio respectivo y pagar la cantidad deseada con tarjeta de crédito o en efectivo a un tercero. El usuario así habilitado gira instrucciones de pago, las cuales son diseminadas al resto de los usuarios de la red peer-to-peer (red autónoma entre iguales). Un conjunto especializado de usuarios llamados “mineros” verifica la validez y crea el código de seguridad de las transacciones mediante complejas operaciones matemáticas y criptográficas asistidas por computadoras (mining). Los “mineros” compiten entre ellos para llegar a la solución. Una vez que esta ha sido alcanzada, el resto de los participantes en la red la valida mediante operaciones simples. A esto se le llama “consenso” y también proof-of-work. Se supone que este procedimiento es democrático y libre de sesgos políticos.

Las transacciones confirmadas son incorporadas a un “bloque” vinculado cronológicamente a los bloques anteriores a la vista de todos los participantes como un libro de contabilidad (ledger). La adición de estas operaciones es llamada blockchain, que es también el nombre de la tecnología respectiva, muy difícil de falsificar porque para alterar un bloque hay que alterar toda la cadena, lo que resulta casi imposible. Los “mineros” que solucionan el acertijo de seguridad de cada operación son recompensados con nuevas criptomonedas y aportaciones voluntarias del resto de los participantes. El éxito de las operaciones matemáticas depende del poder computacional (hash), de modo que para ser “minero” hay que invertir mucho dinero en equipo y electricidad.

Sobre aviso no hay engaño

Muchas personas creen que las criptomonedas son una estafa, pero no es así. La página de Bitcoin advierte: “Bitcoin es una moneda experimental en desarrollo. Cada mejora la hace más atractiva, pero también crea nuevos retos (…) puedes encontrar aumento de comisiones, lentitud de las confirmaciones y problemas más severos. Debes estar preparado (…) y consultar a un experto antes de hacer cualquier inversión importante (…) El precio de un bitcoin puede aumentar o disminuir repentinamente (…) tener tus ahorros en bitcoins no es recomendable. Bitcoin debe ser visto como activo de alto riesgo”.

¿Cuáles son entonces las ventajas de las criptomonedas? Para tener éxito deben ofrecer soluciones más eficaces y baratas que la banca convencional, pero no hay casi nada superior en ellas. El dinero convencional cumple las funciones de medio de pago, depósito de valor y unidad de cuenta. Las criptomonedas solo son eficientes como medio de pago.

Una transacción con criptomonedas toma diez minutos en promedio, pero su lugar en la cadena de procesamiento depende del monto de la transacción, así que las operaciones de montos pequeños pueden llevar días esperando en la cola. Como depósito de valor, las criptomonedas no son confiables por su alta volatilidad, salvo para los especuladores profesionales, cuyas ganancias dependen de aprovechar los márgenes arrojados por las fluctuaciones. De hecho, esta es su función principal en la práctica. Como unidad de cuenta tampoco funcionan porque su valor varía mucho respecto de las otras monedas.     

Por más vueltas que uno le dé a sus ventajas, la única aparente es que sus comisiones pueden ser menores que las de la banca convencional. Lo curioso es que el costo real de la “minería” es mayor que el del procesamiento bancario convencional debido a la inversión en equipo, electricidad, capacidad y tiempo de trabajo de los “mineros”. El aparente menor costo se debe a que la “minería” es subsidiada por las nuevas criptomonedas creadas al cierre de cada operación exitosa, lo cual permite a los “mineros” cobrar comisiones menores que las de la banca convencional. Pero esta ventaja no es sostenible a largo plazo porque el valor de las criptomonedas decrece con su acumulación y monto de las transacciones, a menos de que los “mineros” se confabulen en monopolios para fijar precios, lo que contradeciría el propósito “democrático” de la banca descentralizada.  

¿Qué es el dinero?

La emergencia de las criptomonedas plantea la cuestión de qué es el dinero y si los procedimientos matemáticos son una alternativa al elemento subjetivo de la confianza tradicional. El dinero que hoy circula en el mundo es dinero fiduciario o fiat (por decreto de la autoridad estatal o de los bancos centrales), pero esto no significa que su emisión sea arbitraria. Los criterios para decidirla son complejos, pero la categoría principal es el PIB: el valor de la totalidad de los bienes y servicios producidos en un año, incluyendo el crédito en circulación y, por supuesto, el Estado de derecho y el poder del Estado para hacerlo valer. Este poder puede actuar como “prestamista de última instancia” en las crisis financieras, de modo que su decisión es estrictamente política.

En las criptomonedas no hay nada de esto. Sus proponentes suponen que no lo necesitan porque sus algoritmos determinan la validez de las transacciones, mientras que los usuarios depositan su confianza en la credibilidad de sus ejecutantes y en las opiniones de los líderes. En última instancia, la piedra de toque de las criptomonedas es tanto o más subjetiva que la confianza en el dinero fiduciario.

El sistema monetario vigente empezó a formarse en la primera mitad de la década de 1970, después que el gobierno de Estados Unidos desvinculó el valor del dólar del patrón oro en 1971. Como consecuencia tomó un lugar un régimen de flotación de las monedas principales. En esa época hubo una confrontación fuerte entre los países desarrollados y los países del tercer mundo en torno al sistema monetario más deseable. Terminó imponiéndose la política de Estados Unidos basada en el control de la inflación. Este periodo llegó a su fin con la crisis financiera global de 2008-2009, pero no ha surgido una alternativa.

Fue en el contexto de esta crisis que emergió la idea de las criptomonedas, basada en el rechazo al dinero “político”, representado en ese momento por la “facilidad cuantitativa” de la Reserva Federal de Estados Unidos, que actuó como prestamista de última instancia de los bancos comerciales quebrados por sus propios excesos. La vieja idea de la “desnacionalización del dinero” de Friedrich Hayek (1975), según la cual las olas de desempleo e inflación son producto de la negación del derecho de los particulares a crear sus propias monedas, cobró nueva vida en el ambiente electrónico.

Los bancos centrales y las instituciones financieras multilaterales han sido tomadas por sorpresa y han empezado a actuar con cautela. La Reserva Federal y otros bancos centrales han anunciado su intención de crear sus propias criptomonedas, lo cual es interpretado como dique al peligro de que los grandes fondos de inversión deserten del campo institucional, lo cual crearía caos mundial. Se interpreta también que es una maniobra de envolvimiento de las tendencias centrífugas y las actividades ilícitas que han encontrado escudo en las criptomonedas debido al anonimato de los actores. Las criptomonedas suenan atractivas para países que dependen en gran medida del envío de remesas (como El Salvador), pero su adopción en masa depreciaría su valor, lo que anularía la ventaja de las comisiones menores.

En suma, las criptomonedas no son una alternativa al dinero convencional, favorecen la especulación, sirven como guarida de actividades ilícitas y su crecimiento potencial –como afirma Agustín Carstens, presidente del Banco de Pagos Internacionales. Pero su uso implica riesgos para la estabilidad del sistema monetario internacional.

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