En un mundo marcado por disrupciones tecnológicas, tensiones geopolíticas y una reconfiguración acelerada de la economía global, la Future Investment Initiative (FII) se ha consolidado como uno de los foros más influyentes para discutir el futuro del crecimiento. La novena edición (FII9, celebrada en Riad del 27 al 30 de octubre) reunió a cerca de ocho mil líderes globales, jefes de Estado, inversionistas, CEOs, académicos y emprendedores alrededor de un tema tan ambicioso como urgente: “La llave de la prosperidad: desbloquear nuevas fronteras de crecimiento”.
A lo largo de sus 250 sesiones y múltiples diálogos de alto nivel, FII9 ofreció algo más que discursos visionarios. Mostró con claridad la arquitectura emergente de una nueva economía global, que dependerá de la confianza institucional, la inclusión, la infraestructura digital, el talento en inteligencia artificial, la cooperación estratégica y la capacidad de los países para convertirse en nodos esenciales de la próxima ola de globalización. También reveló el alcance de las ambiciones de Arabia Saudita, que ya no busca ser solo una potencia energética, sino un nodo global de capital, innovación y convergencia geopolítica entre Occidente, Asia, África y el llamado Sur global.
Entre los ponentes más destacados figuraban: Yasir Al-Rumayyan, presidente del Patronato del Instituto FII, el príncipe Mohammad Bin Salman Al Saud, Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan Chase, Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates, Jane Fraser, directora ejecutiva de Citi, Laurence Fink, presidente y director ejecutivo de BlackRock, Stephen A. Schwarzman, cofundador y director ejecutivo de The Blackstone Group, Lip-Bu Tan, director ejecutivo de Intel, Eric Schmidt, exdirector ejecutivo de Google.
FII9 envió un mensaje contundente: el mundo está entrando en una nueva ecuación de prosperidad que requiere reinventar la colaboración internacional, modernizar las instituciones y navegar los grandes dilemas de nuestra época.
Las tres paradojas que definen el nuevo orden económico
El Instituto FII estructuró la conferencia alrededor de tres grandes paradojas que están reconfigurando la economía mundial:
1. La paradoja del progreso
Nunca habíamos avanzado tan rápido en tantos frentes –inteligencia artificial, biotecnología, ciencias de datos, nuevos materiales– y, sin embargo, esos avances generan presiones inéditas: infraestructuras saturadas, instituciones rebasadas, sociedades fragmentadas y brechas reales entre quienes pueden adaptarse y quienes quedan atrás. El mensaje: el progreso no basta; la gobernanza es necesaria.
2. La paradoja de la innovación
La innovación crea valor, pero también genera nuevos riesgos. La IA, en particular, plantea dilemas sobre privacidad y seguridad de datos, desplazamiento laboral, concentración de poder tecnológico, nuevas desigualdades digitales entre países. En FII9 se repitió una idea central: innovar sin regular es peligroso; regular sin innovar es inviable.
3. La paradoja de la fragmentación
Mientras los flujos comerciales se reinventan y el capital busca nuevas oportunidades, el entorno geopolítico se ha vuelto más incierto. Tensiones entre Estados Unidos y China, reacomodos en Oriente Medio, cadenas de suministro re-regionalizadas y nuevas alianzas del Sur global marcan el rumbo. La fragmentación amenaza la prosperidad, pero la cooperación basada en la confianza puede desbloquearla.
El nuevo mapa del capital
Reuters subrayó durante FII9 un consenso notable: Estados Unidos seguirá concentrando la mayor parte de los flujos globales de inversión, impulsado por su ecosistema de innovación, mercados líquidos y resiliencia institucional.
Pero el Golfo –en especial Arabia Saudita– está consolidándose como el destino alterno más dinámico para el capital internacional. La región ofrece estabilidad energética, proyectos de infraestructura a gran escala, fondos soberanos con capacidad extraordinaria, apetito por invertir en sectores frontera (IA, centros de datos, logística, hidrógeno, biotecnología).
El Fondo de Inversión Pública saudí es hoy uno de los grandes arquitectos de este nuevo orden económico. Su visión va más allá de la transformación doméstica: busca que Arabia Saudita se convierta en un nodo global de innovación, conectividad e inversión. Los anuncios de más de 50 mil millones de dólares en acuerdos consolidan esa narrativa.
La IA como el nuevo petróleo
Uno de los debates más intensos del foro giró en torno a la IA no como herramienta, sino como infraestructura. Los países empiezan a tratar la capacidad de cómputo como un recurso estratégico, tan decisivo como el petróleo en el siglo XX, la energía nuclear en la Guerra fría, o los minerales críticos en la última década.
Quien controle los centros de datos, las capacidades de entrenamiento, los flujos de datos, los semiconductores, y el talento en IA, tendrá una ventaja estructural. Arabia Saudita anunció alianzas con empresas de IA, fabricantes de chips y operadores de infraestructura digital para acelerar una red de centros de datos impulsados por energías renovables.
El mensaje es inequívoco: La soberanía digital y el cómputo estratégico serán la nueva base de la prosperidad nacional.
Una transición energética pragmática, no dogmática
FII9 también envió un mensaje importante sobre la transición energética: el futuro no es un pleito entre petróleo y energías limpias, sino un portafolio inteligente y gradual.
Se discutieron temas como hidrógeno verde, captura de carbono, electrificación del transporte, infraestructura para energías renovables, modelos “híbridos” para países emergentes. Arabia Saudita busca maximizar el valor de los hidrocarburos actuales mientras lidera inversiones en renovables y tecnologías de bajas emisiones.
Los líderes africanos agregaron un punto crucial: la transición debe ser justa. África emite menos del 4% de los gases globales, pero sufrirá de forma desproporcionada los efectos del cambio climático.
África en el centro de la conversación
Uno de los giros más significativos de FII9 fue la visibilidad de África como actor estratégico. No fue presentada como un “problema a resolver”, sino como una de las fronteras clave del crecimiento global, con la población más joven del planeta, enorme potencial en energías limpias, minerales críticos para la transición, ecosistemas tecnológicos emergentes.
Los líderes africanos insistieron en algo fundamental: África no quiere caridad; quiere alianzas. FII9 reforzó esa visión con iniciativas en energía limpia, agricultura inteligente, infraestructura y digitalización.
Más allá de África, FII9 dejó claro que el Sur global ya no espera un liderazgo externo: está construyendo el propio. Países como India, Indonesia, Brasil, México, Turquía y Sudáfrica están impulsando cadenas de suministro regionales, infraestructura digital, estrategias nacionales de IA, nuevas rutas de inversión, alianzas flexibles sin bloques rígidos. Arabia Saudita busca ahora ser conector y catalizador de estas nuevas redes económicas.
La infraestructura suave de la prosperidad
En medio de las conversaciones sobre megainversiones y nuevas tecnologías, emergió un tema recurrente: la confianza. La prosperidad no depende solo de capital o infraestructura física; también requiere instituciones creíbles, regulaciones predecibles, políticas públicas basadas en evidencia, talento capacitado, mecanismos de cooperación entre sectores. En palabras de un panelista: la confianza es el activo más subvaluado del mundo. Sin confianza, las inversiones no fluyen, las alianzas se debilitan y la innovación se frena.
La nueva vara de medición
Un mensaje duro pero imprescindible apareció en muchas conversaciones: no basta con anunciar, hay que ejecutar. Los inversionistas piden marcos regulatorios claros, gobernanza eficaz, menor incertidumbre, participación real del sector privado. La época del “powerpoint sin resultados” ha terminado.
FII9 esbozó los rasgos de una globalización renovada: pasamos de la Globalización 1.0: comercio, a la Globalización 2.0: capital, y luego a la Globalización 3.0: infraestructura digital, energías limpias, talento y datos.
El nuevo mapa es el siguiente: Estados Unidos como motor de innovación. El Golfo como centro de capital e infraestructura. Asia como columna vertebral tecnológica y manufacturera. África como frontera de crecimiento. Europa como regulador global. América Latina como reserva energética, mineral, agrícola y ubicación estratégica para nearshoring.
Es un mundo interdependiente, pero reequilibrado.
¿Y México?
Para quienes miramos este panorama desde México, la reflexión es inevitable: ¿dónde está nuestra estrategia? Tenemos minerales críticos, abundancia de energía renovable, talento joven, potencial agrícola, cercanía estratégica a Estados Unidos, ecosistemas digitales vibrantes. Pero carecemos de una visión articulada sobre IA soberana, infraestructura digital, energía limpia, seguridad estratégica, integración regional real, alianzas con África, Asia y el Golfo.
FII9 mostró lo que puede ocurrir cuando un país piensa a 20 años, y no a 6.
El futuro pertenece a quienes sepan liderarlo
FII9 no fue solo un foro de inversión; fue un diagnóstico del mundo que viene. Y su mensaje esencial puede resumirse así: la prosperidad ya no depende de los recursos ni de la geografía. Depende del liderazgo estratégico, tecnológico, ético y colaborativo.
Los países que construyan confianza, capacidades digitales, alianzas inteligentes, instituciones sólidas, y talento preparado para la IA, serán los que definan la próxima frontera del crecimiento. Quienes se queden atrapados en modelos antiguos –de extracción, improvisación política o confrontación ideológica– corren el riesgo de permanecer al margen de la mayor transformación económica en generaciones.
La ventana para actuar está abierta, pero no estará así para siempre. Los países, empresas y líderes que decidan entrar a esa conversación global –con ambición, seriedad y visión– serán quienes tengan en sus manos la llave de la prosperidad. ~