Guillermo Sartorio

Entrevista con Aixa de la Cruz: “Me han impresionado muchísimo los Evangelios porque parece un manual casi de guerrilla, entre el civismo básico y la emancipación colectiva honesta”

La escritora bilbaína vuelve a dar un quiebro con su novela ‘Todo empieza por la sangre’ y se adentra en los vínculos más allá de la familia, en la religión y en el complejo y frágil mundo de las relaciones, con la identidad y el miedo de fondo.
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La escritora Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) ha sabido perfilar una voz propia mostrando la dureza, la evolución y las múltiples caras de la vida y de sus personajes. Ya había escrito tres novelas, −Cuando fuimos los mejores (Almuzara, 2007), De música ligera (451 editores, 2009) y La línea del frente (Salto de Página, 2017)−, y un libro de cuentos, −Modelos animales (Salto de Página, 2015)−, cuando Cambiar de idea (Caballo de Troya, 2019) la destacó dentro de una nueva generación de escritoras por su manera de contar el paso a la vida adulta, por cómo salir a la intemperie y enfrentarse a los miedos y al vacío. La caracteriza una escritura que quiebra y conmueve a partes iguales. 

En la actualidad, sigue su senda de personajes que se salen de los márgenes. En Las herederas (Alfaguara, 2022), su anterior novela, mostraba una aventura rural de hermandades, herencias, salud mental, dependencias y búsqueda de la identidad como mujer, junto con experiencias psicotrópicas, mágicas y surrealistas. La pasada primavera publicó la novela Todo empieza por la sangre (Alfaguara, 2025), una manera de adentrarse en los vínculos, más allá de la familia, de la religión, de los miedos, de las relaciones y de las diversidades. Una buena excusa para propiciar esta energética charla que mantuvimos en Madrid con Aixa de la Cruz, en las oficinas de su editorial.

Esta novela tiene un arranque muy visceral, los vínculos y la sangre, también podría haber sido el cordón umbilical, pero no.

Me he dado cuenta, obviamente no era consciente, de que hay una especie de hilo de continuidad muy fuerte con el libro anterior. En Las herederas hablaba mucho de la familia, y de formas de trascender la familia, de ampliarla y demás. Y aquí, no era la intención principal, pero al final sí que ha sido una indagación de cómo desjerarquizar relaciones cuando hablamos de la relación con un otro que no está en la familia. 

Un más de tú a tú. 

Claro. Y está la cosa de por qué tengo una amiga. Muchas veces además nos enamoramos de las amigas, los procesos pueden ser idénticos, pero de pronto parece como que la relación sexual entre dos personas es lo que le pone un sello de “esto va en serio”, como un énfasis jerárquico. Esto se ha comentado mucho desde la anarquía relacional, lo que cuenta Brigitte Vasallo, cuando habla de no monogamias. Lo importante, lo disruptivo, no es tanto empezar a follar con más gente, que se ha hecho siempre, sino empezar a poner en cuestionamiento esta jerarquía. ¿Por qué se presupone que en mi idea de lealtades, de tiempos, de cuidados, primero va a estar la pareja, luego van a estar tus padres, hermanos, primos, etcétera, luego en último lugar tus amigos? O sea, seguimos viviendo según esa jerarquía. 

Estuve leyendo sobre los pactos de sangre en la antigüedad. Existían en diferentes culturas, tradiciones y épocas. Utilizar el pacto de sangre como forma de legitimar el vínculo con una persona que no era de la familia, y que además podía ser del mismo sexo. En Palestina, por ejemplo, se hacía mucho entre hombres, era como un pacto de lealtad. Se daban también tabús propios de las familias, “si tú y yo hacemos un pacto de sangre luego nuestros hijos no se pueden casar entre sí”, como si fueran hermanos. Era una forma de asimilarlo al vínculo familiar. 

Qué interesante que a través de un corte, poder hacer de sangre a quien no es de sangre, porque esto significa que entonces cualquier persona puede ser de sangre. Si todo el mundo es de sangre, la sangre ya no importa. Sí que había cierta fijación con este símbolo. Y luego, claro, también con la sangre, la eucaristía, la ingesta del otro, los vampiros. En fin, empezaron a aparecer muchas ramificaciones.

La familia es uno de los grandes temas de toda creación artística. A veces ese vínculo te lleva a un tormento porque no sabes cómo ubicar esa figura, cómo ubicarte tú. En su novela están las amigas, la pareja masculina, la pareja femenina, la madre… ¿Dónde quería ir? 

Hay cosas de las que no eres consciente. El motivo por el que aparece mucho la madre, o la familia de la protagonista, es sobre todo porque son episodios de infancia. Es decir, como la novela es una novela sobre amor, es una novela en la que quería rastrear el historial amoroso de un personaje. ¿Dónde empieza esto? ¿Dónde empieza el historial amoroso de una persona? Esto me llevó a incluir las lecturas que había realizado la protagonista en la infancia porque en el historial amoroso tienen que figurar cuáles son las ficciones que te han hecho enamorarte del amor. Y antes incluso estaba la idea de quién nos enseña qué es el amor. A menudo, son los padres. Tú naces y se supone que quien ante todo te ama, y que por tanto a través de sus acciones te va a enseñar lo que es el amor, son tus padres. Se generan asunciones, heriditas, aciertos, que lo que hacen es constituir patrones de repetición, una cosa así como muy básica, muy psicoanalista. Lo que nos enseñan en casa luego lo vamos a estar repitiendo hasta que no nos paremos y tomemos conciencia. Probablemente lo vamos a estar repitiendo de forma inconsciente todo el tiempo. Por eso empecé a desarrollar bastante al personaje de la madre, para mostrar el tipo de amor que le han enseñado a Violeta. Luego obviamente también fue interesante para ubicarlo con el tema de los cuidados. También habrá que reconciliarse con esa madre. Por mucho que sea el origen de todas estas heriditas, es tu madre, está ahí, va a ser dependiente. Habrá que sanar los vínculos. Habrá que encontrar una forma en la que nos sigamos cuidando. 

El catolicismo tiene mucho arraigo en nuestra sociedad, aunque la juventud está bastante desvinculada de la religión. La gente se sigue casando por la iglesia, pero se buscan otras formas de relación espiritual. ¿Cómo contempla esto más allá de su novela? 

Creo honestamente que estamos necesitadas de un poco de trascendencia y espiritualidad. Seguro que hay gente que quiere emprender un camino espiritual sensato. Pero también tenemos todo el rechazo a las religiones tradicionales por lo que acarrean de historia, de turbiedad y de asociaciones bastante ilícitas. Lo que me quería preguntar con el personaje de Violeta es si nos podemos aproximar desde cero a las grandes tradiciones. Para escribir este libro he leído La Biblia por primera vez. He leído, con muchísimo disfrute por cierto, mucha mística cristiana. Para mí ha sido un primer contacto con el cristianismo porque vengo de una familia militantemente atea.

¿Y cómo lo ha encontrado?

Pues fascinante. Y limpio, en el sentido de resonancias que para mis padres son inexpugnables. Es decir, para mis padres es imposible no pensar en el catolicismo, y no pensar en Franco y en las hostias que les pegaban los curas. Para ellos está muy viciado. Y me pregunto si ya ha pasado el tiempo suficiente como para que yo y las generaciones que vienen detrás, en lugar de optar por este batiburrillo que nos venden los algoritmos, digamos “si queremos tener un camino espiritual también podemos volver a las tradiciones de siempre pero haciéndolas propias”. Es decir, desde el feminismo y desde lo marica se habla tanto de resignificar, de reapropiarnos de cuestiones que a veces tienen connotaciones negativas para nosotras mismas ¿Pues igual también se puede hacer con el catolicismo?

La Biblia a veces tiene ese punto de fábula. 

El Antiguo Testamento es obviamente mitología. Pero, aunque suene muy ingenuo y muy extraño, a mí me han conmovido e impresionado muchísimo los Evangelios. Porque parece un manual de acción, y son casi guerrilla en su contexto. Incluso para hoy en día, me parece entre el civismo básico y la emancipación colectiva honesta.  

Aquí no está tan presente la maternidad. No sé si a usted de alguna manera la maternidad le ha afectado a su forma de escribir. La protagonista ha elegido el camino de no ser madre o padre. 

En efecto, no aparece la maternidad en el libro. El personaje aparece como alguien que ha decidido no ser madre. Cuando pienso en estas ideas de espiritualidad y de trascendencia, me doy cuenta de que durante bastante tiempo a mí me apaciguó la maternidad. Es decir, la maternidad también es una forma de saciar tus ansias de trascendencia. Late esa pregunta de “¿qué va a quedar de mí cuando no esté?”. Una forma de encauzar esta especie de vacío, de búsqueda, es la maternidad. Entonces para dar entereza al personaje de Violeta, alguien que de pronto tiene este deseo de trascendencia enorme y acaba buscándolo en una opción bastante radical, necesariamente ha tenido que dejar ir esta otra opción.

Estamos en un momento en el que se están rompiendo muchos mitos como el amor. Eso no es nada malo, es positivo, cada uno es libre de elegir. 

Es que esa es la movida. Es súper guay el amor romántico. Es súper guay la maternidad, pero cuando no nos coaccionan para elegirlo, sino cuando lo elegimos libremente. 

El problema es acabar siendo prisionero de algo en lo que tú no te sientes cómodo.

Claro, que lo has elegido por condicionamientos culturales.

¿Tiene ideas para próximos proyectos?

Estoy obsesionada con los ovnis y con los alienígenas, con el relato del testigo de algo que es imposible.


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