Sueños minerales (Primera odisea)

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VII

No querías dormir.
Pero la noche estaba aullando
en tus oídos. Semillas
para el fuego echaban de
su escándalo en parvada.
Abriste los ojos
de repente. No querías
dormir. Tu murmullo en la
penumbra cuando otra vez
cerrabas, llena por último
del hambre, enjuto sitiador,
cuida las puertas a la espera
de vencer murallas, devorar
los perros y volver
luego al silencio.
Afuera millones de alas se volvieron
locas. Volverán. Sonó. A
volver van, sonó entre tu
risita soñolienta. No existen
los pájaros. En su lugar está una
nube salpicando todo el aspecto de
la noche con monedas.
Son estas al romper fragmentos
las que cantan, vuelan,
rigen en el aire. En lo
que abres los ojos,
tu boca empiézase a dormir.
¿Soñé? ¿Dije otra vez  algo
invisible? Todo perfecto. Vengan
donde viniesen, escaparemos sin
manchar de pluma largas horas.

Este poema forma parte del libro Anfibio Odisea, publicado por Nieve de Chamoy recientemente.