Paboty, CC BY-SA 3.0 , via Wikimedia Commons

El CIDE es un asunto de interés público

Las contribuciones del CIDE son tangibles e inversamente proporcionales a su discreto tamaño. Su defensa es un asunto de interés público.
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El dedo mañanero apuntó a Cuajimalpa. La etiqueta de conservador lo alcanzó. Se dictó la consigna y se impuso al encargado de acatar la instrucción. Empezaron los despidos sin fundamento. El ejecutor del mandato llamó a las y los estudiantes “esponjas que absorben lo que los profesores les dicen”. En contra de las normas establecidas, se consumó el nombramiento del impuesto. En respuesta, se tomaron las instalaciones. Hoy, las “esponjas” resisten, buscan y exigen el diálogo con las autoridades.

El pretexto del ataque: que el CIDE calló en sexenios anteriores. Las consecuencias: tildarle de “neoliberal” para amordazarle hoy. Se acusa al CIDE de que antes formaba especialistas en soberanía nacional y ahora fabrica licenciados que buscan el lucro y propagan el credo neoliberal. De que se ha desempeñado “como un think tank de los gobiernos neoliberales, que no hicieron sino profundizar la dependencia externa, la desigualdad social, la injusticia, la corrupción y la violencia social”. La cita refleja la nostalgia del nacionalismo revolucionario. Ese que dio origen a la historia oficial de México, con grandes héroes y patriotas. Da cuenta del deseo por convertir al CIDE en un centro para impulsar los valores del Foro de São Paulo. El historiador y profesor del CIDE Jean Meyer ha alertado sobre ese riesgo ante el embate en contra de instituciones de educación pública. Ahí es donde se encuentra la paradoja, se acusa a una institución educativa de “propagar” una forma de pensamiento, para destruirla y querer imponer otra que eduque desde la visión de un proyecto específico.

En realidad, se desconoce que en el CIDE no se educa desde ideologías, sino que se construye el pensamiento crítico. Una de las materias impartidas por José Antonio Aguilar es ejemplo de que el abanico de lecturas va desde Stuart Mill hasta Marx. Se enseña a cuestionar con datos verificables y replicables, con argumentos y con objetividad. Como muestra, el plan de estudios de la licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, que en su objetivo y malla curricular da cuenta de los cursos cuantitativos y cualitativos que se imparten. Es decir, se construye el pensamiento lógico: las premisas llevan a una conclusión. Así, sin adjetivos y sin predicar una forma de pensar. Se olvida que busca y atrae el talento en diferentes partes del país. Se pasa por alto que personas egresadas son funcionarias del gobierno y de las instituciones del Estado. Se obvia que en el CIDE se han impulsado transformaciones reales: la regulación de las drogas, el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto, los juicios orales, la transparencia y rendición de cuentas.

Las contribuciones del CIDE son tangibles e inversamente proporcionales a su discreto tamaño. Ya Mauricio Merino mostró las que tienen que ver con la transparencia y la denuncia de grandes casos de corrupción. Basta recordar la colaboración del CIDE en el documental que dio cuenta de las injusticias del sistema penal y judicial en México, Presunto culpable. Se encuentran también en esfuerzos como la creación del Programa de Política de Drogas del CIDE Región Centro, para estudiar el fenómeno de las drogas y las políticas que se implementan. En 2018, alumnas, alumnos y docentes de la Clínica de Interés Público del CIDE colaboraron con Amnistía Internacional para liberar a Teodora Vázquez, salvadoreña que sufrió un aborto espontáneo y que fue condenada a prisión. En noviembre de 2015, el CIDE, junto con el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, organizó los Diálogos por la Justicia Cotidiana para “elaborar propuestas y recomendaciones para garantizar un mayor y mejor acceso a la justicia”. El CIDE ha evidenciado diversas problemáticas sociales en México e incluso ha apoyado y sumado para exponer y resolver casos de injusticia particulares. Nunca ha callado y mucho menos ha observado desde la inacción. De hecho, causa molestia que en el CIDE se cuestiona, desde siempre, la militarización del país. ¿A dónde lleva una brújula que destruye instituciones educativas, pero consiente a las castrenses?

Es de reconocer a las y los estudiantes del CIDE, que actúan y alzan la voz para exigir procedimientos limpios. Que se siga absorbiendo el pensamiento metodológico y crítico de un comprometido cuerpo docente que fomenta la responsabilidad social y la vocación por el servicio público. El CIDE es un semillero, y hoy su cosecha hace eco más allá del poniente de la Ciudad de México y de Aguascalientes, sus dos sedes.

La defensa y prevalencia del CIDE, de las universidades y de los institutos de investigación que están corriendo la misma suerte es un asunto de interés público. Lo que empezó como un conflicto ante la imposición y violación de las reglas es hoy una lucha por la autonomía, la educación pública de calidad y contra el abuso del poder.

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