Fuegos

Una leyenda sobre un bosque quemado en el Maestrazgo, el incendio de 1994, el de 2009 y los fuegos de este verano: ¿por qué España repite cada verano la misma conversación sobre los incendios?
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Una leyenda que se contaba en Ejulve, el pueblo de mis abuelos maternos, hablaba del nombre de Valdepinar, que es un sitio sin pinos. El bosque llegaba hasta muy cerca del pueblo, facilitaba que se acercaran los lobos y al final la gente del pueblo había decidido quemarlo. Mi padre escribió un cuento, “La loba”, que era una variación de esa leyenda. Está recogido en el libro Los seres imposibles, que ha tenido varias ediciones; la más reciente, en Prensas de la Universidad de Zaragoza. 

Recuerdo también el verano del 94, porque estábamos en Ejulve cuando se produjo el gran incendio del Maestrazgo, en el que ardieron 30.000 hectáreas. Era el verano del Mundial de Estados Unidos y el penúltimo Tour de Induráin, y por la noche la ropa tendida se llenaba de cenizas. 

Algo más de un año después nos fuimos a vivir a La Iglesuela del Cid, por el trabajo de mi madre, y muchas zonas de la carretera que recorríamos habitualmente estaban calcinadas: una imagen desoladora. También me acuerdo de una visita a la masada donde se crio mi abuelo, entre Ejulve y Molinos. Un familiar del pueblo señalaba el bosque y la maleza que había brotado; hacía mucho que había dejado de utilizarse para la agricultura y la ganadería. A los urbanitas nos impresionaba, y él decía: “Ya veréis el día que caiga una chispa”. 

Creo, pero en realidad no estoy seguro, que eso fue antes del incendio que estuvo a punto de arrasar el pueblo en julio de 2009, y que (como ahora) obligó a desalojar varias localidades de la zona. Cuando escribo, un nuevo incendio ha quemado 2.900 hectáreas, ha forzado desalojos, amenaza algunos pueblos. 

Se produce a la vez que otros incendios que asolan el país este verano: los de Ávila y Madrid han afectado a casi 80.000 personas. Se pierden vidas, propiedades, recursos, patrimonio histórico y natural; producen pánico y angustia. 

El trayecto de la leyenda a estos fuegos me hace pensar en Pyrocene, de Stephen J. Pyne, que publicará Pepitas de Calabaza en castellano en octubre: la historia de la humanidad es la de la domesticación del fuego y ahora -él habla sobre todo de incendios en California y Australia- tenemos un fuego que se ha vuelto salvaje de nuevo. 

Y, por otra parte, esta tragedia reiterada también produce la sensación que describía el periodista científico Antonio Villarreal:  “Qué triste es ver arder España cada verano y aquí la misma conversación circular (el tuit avisando en febrero de que iba a pasar, y luego el cambio climático, la gestión de los bosques, la despoblación, los recortes del PP): es como si nos formatearan la cabeza al llegar el otoño”.

Publicado originalmente en El Periódico de Aragón.


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