El juicio por la presunta trama de corrupción en el seno del Gobierno produce entretenimiento, pero también instrucción. Una de las cosas más interesantes es la forma de entender lo público que revela.
El poder servía para colocar a amigas, empleadas vinculadas o el eufemismo que se prefiera. Por supuesto, nadie había visto nada, aunque Jessica Rodríguez acompañara al ministro de Transportes en numerosos viajes, siempre cobrando. Pero ¿qué iban a saber sus compañeros o los periodistas?
El ministro de Presidencia muestra indignación, aunque subraya aliviado que no parece financiación ilegal, de momento. No se ha visto que el dinero fuera al partido, sino a gente del partido y a gente a la que se lo quería llevar gente del partido, lo que resulta tranquilizador.
Se nos insiste sobre el valor de lo público, mientras asistimos a una privatización de la administración por parte de partidos políticos y de núcleos de poder en esos partidos. El nuevo director de la agencia española de meteorología no es un experto, sino un señor que no terminó los estudios de derecho: no necesitas un hombre del tiempo para saber por dónde sopla el viento.
Por supuesto, la hipocresía y las incoherencias no son novedosas. La Kitchen muestra cómo se cometían delitos para ocultar otros delitos, y también que quienes más debían combatir la ilegalidad se saltaban las normas. El partido del nacionalismo español es servil con un presidente estadounidense que persigue a los hispanos y Gabriel Rufián pide el voto de la gente que insultaba, lo que quizá sea insultarles dos veces. El Gobierno que llegó al poder por una moción de censura motivada por la corrupción tenía desde el primer momento figuras decididas a sacar tajada. Gracias al ejecutivo más feminista de la historia se daban puestos en empresas públicas a mujeres previo envío de fotos en ropa interior, y la descolonización de las administraciones terminó colocando bastante bien a un equipo de baloncesto de instituto, suplentes incluidos. ¿Qué decir de la vocación de servicio, del respeto a lo público o de la igualdad de oportunidades para el ascenso de los mejores? La cosa solo mejoraría si a las 8 todos aplaudiéramos en los balcones a las dentistas colegiadas.
Pero lo más dadaísta es lo más educativo. Jessica Rodríguez dijo que la trama que le pagaba el piso le había pedido que fuera a otro más barato, pero ella se negó: ya se sabe cómo está el mercado de la vivienda en Madrid, explicó. Claudia Montes decía que su trabajo en Logirail consistía en ir a la biblioteca y coger algunos libros, pero se atenía a la temática ferroviaria. Hay que formarse continuamente, quién podría negarlo. Son frases absurdas si sea las atribuimos a personas “normales”. Pero, como argumentos políticos, muestran una lógica estándar. No se pueden aprobar los presupuestos porque hay que pensar en la guerra, etc.
Las excusas grotescas no solo son una caricatura de la realidad: muestran que la realidad es una caricatura.