“Sheinbaum debería pedir elecciones transparentes en Venezuela”. Entrevista a Gonzalo Azócar

A días de la operación militar en la que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro en Caracas, Gustavo Azócar, periodista y analista político venezolano en el exilio, habla acerca de los presos políticos, el petróleo y el futuro de la democracia en Venezuela.
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Tú has sido preso político en Venezuela.

Fui el primer periodista preso del “socialismo del siglo XXI” en Venezuela. El 6 de marzo de 2006 me pusieron preso por denunciar a uno de los mejores colaboradores de Hugo Chávez. Yo vivo en Táchira, que es justo en la frontera de Venezuela con Colombia. Ahí vivo yo, desde hace más de 30 años. Y allí desarrollé mi carrera de periodismo, me vinculé a la universidad, di clases en la escuela de periodismo de la Universidad de Los Andes durante 27 años. Y ejercía periodismo, hacía radio, hacía televisión, trabajé para medios impresos.

Entre 2000 y 2008 tuvimos en Táchira un gobernador que era un militar retirado del equipo de Chávez, su nombre es Ronald José Blanco La Cruz, a quien yo denuncié por actos de corrupción. Y en 2006, de tantas veces que lo denuncié, ese señor ordenó mi detención. Estuve 15 días detenido en una cárcel común y corriente en Táchira.

Dame un poco de contexto sobre los presos políticos en Venezuela. ¿Cuántos presos políticos han sufrido un destino similar e incluso peor al tuyo a lo largo de estos años de dictadura? ¿Qué es El Helicoide?

En Venezuela hay más de 800 presos políticos. Algunos tienen cinco o seis años presos. Hay un grupo de policías que están presos desde el año 2002, van para 24 años presos. Pero la ola más gruesa de presos políticos fue luego de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.Hubo más de 2 mil personas presas, detenidas. Niños, menores de edad, mujeres, activistas políticos. Gente que lo único que hizo fue hacer campaña por Edmundo González. Personas que actuaron como testigos en las mesas de votación, cuyo trabajo era simplemente cuidar los votos de Edmundo González y fueron apresadas.

Muchos de esos presos están en cárceles comunes por diferentes partes de Venezuela, porque una de las cosas que hace la dictadura es que te pone preso, pero te lleva a una cárcel que te queda a mil kilómetros de distancia de tu casa, donde no tienes familia, donde nadie te puede visitar, nadie te puede apoyar.

Además se han creado centros de reclusión y de tortura en Venezuela. El Helicoide, por ejemplo, es una cárcel hecha para presos políticos que son sometidos a tortura de cualquier tipo y es un emblema de lo que es la represión en Venezuela.

¿Qué relación tiene Delcy Rodríguez con El Helicoide?

Siendo vicepresidenta de la República –ahora es presidenta encargada– está a cargo de un tema que tiene que ver con seguridad. De ella dependen organismos de seguridad del Estado, administrativamente hablando. De ella dependen recursos financieros que se aprueban para las policías, para los organismos policiales, y de ella depende también lo que es la política penitenciaria, conjuntamente con un ministerio que se llama Ministerio de Asuntos Penitenciarios.

Quiero preguntarte por la insistencia de Donald Trump y del gobierno estadounidense con el petróleo venezolano. ¿En qué sitio del cálculo de lo que ha ocurrido y del futuro de lo que va a suceder en Venezuela pones al petróleo?

La economía venezolana gira en torno al petróleo. Si los precios del petróleo van bien, seguramente la economía venezolana va bien.Si, por el contrario, los precios del petróleo van cuesta abajo, pues nosotros vamos a tener serios problemas, porque el grueso del dinero que se maneja en Venezuela, cerca de un 60 o un 70%, ingresa como consecuencia de petróleo. Por eso a Venezuela le ha ido tan mal desde que Maduro y Chávez tomaron el poder, porque destruyeron la gallina de los huevos de oro, que era Petróleos de Venezuela (PDVSA). La hipotecaron, la pusieron en manos de gente incompetente, corrupta, que hizo que PDVSA pasara de ser una de las 10 empresas petroleras más importantes del mundo a estar hoy prácticamente en quiebra.

Por lo tanto, todo lo que haga el gobierno de Estados Unidos, incluyendo al presidente Donald Trump, va a tener el tema petrolero como prioridad. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo. Tenemos petróleo para 800 años. Y lo que pase con el petróleo de Venezuela, para bien o para mal, impacta al mercado.

La producción de petróleo de Venezuela, con la colaboración de Chevron, alcanzó cerca del millón de barriles diarios. Si Chevron no está en Venezuela, esa producción no va a llegar a eso. Pero aún con la presencia de Chevron, solo puede llegar a eso, porque Chevron simplemente está produciendo para cobrar deudas. Para que Venezuela pueda alcanzar su nivel de producción, como el que teníamos en la década de los 90, que llegamos a producir 3 millones y hasta 3.5 millones de barriles diarios, se requiere de por lo menos unas diez empresas como Chevron, se requiere de infraestructura, de inversión. Entonces, la pregunta que mucha gente se está haciendo es, ¿de dónde van a salir los 30 o 50 millones de barriles que le van a mandar a Trump?

Dando el beneficio de la duda al gobierno estadounidense en cuanto a que uno de los objetivos finales de su operación es una transición a la democracia, ¿cómo se evita que una negociación con Delcy Rodríguez termine en una reconfiguración del mismo régimen, con otro rostro, un chavismo 3.0, y que la democracia y la libertad de Venezuela sigan en el olvido?

Es una apuesta que ha hecho el gobierno de Trump, pero no deja de ser una apuesta riesgosa. Porque al fin y al cabo estás negociando con la propia estructura de la dictadura. Trump y su gobierno tuvieron que tomar una decisión complicada. Tenían que elegir con quién negociar la transición. ¿Con Vladimir Padrino, el ministro de Defensa? Descartado. ¿Con Diosdado Cabello, ministro del Interior? Descartado.

Al final se inclinaron por negociar con los hermanos Rodríguez, pero eso no significa que no haya riesgos en esa negociación. No hay nada que garantice que los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, vayan a cumplir las exigencias de Trump. Y la señora Rodríguez no la tiene fácil tampoco, porque en este momento está entre la espada y la pared. Por un lado está Trump, que está presionando duro para que cumpla con una agenda que él ha trazado. Por el otro lado están Cabello, Padrino y los radicales de la dictadura. Tiene que aguantar la presión de ambos lados, y al final va a tener que tomar uno de los dos caminos.  

¿Y dónde están las Fuerzas Armadas?

Las Fuerzas Armadas están fracturadas. Hay un pedazo que está con Padrino y hay un pedazo que está con Cabello. Pero las dos presionan. ¿Y por qué presionan? Porque no quieren entregarse, porque quieren seguir medrando, porque pretenden mantener o extender al régimen al infinito y más allá. Para ellos ha sido un negocio redondo, que les ha durado 26 años, 14 años de Chávez y 12 años de Maduro. Obviamente no quieren dar su brazo a torcer.

Cuando ves la situación, ese equilibrio dificilísimo en Venezuela, la presión de Trump, la presencia de los radicales venezolanos, la oposición venezolana encarnada en María Corina Machado, tan cuestionada directamente por el presidente de Estados Unidos, que insiste en no reconocer el triunfo de Edmundo González, ¿qué tan lejos está el día en que en tu país haya elecciones libres y haya una transición de poder pacífica?

Me gustaría que fuera lo antes posible, pero no lo veo cerca. La dictadura controla todos los poderes en Venezuela: poder ejecutivo, poder legislativo, poder judicial, poder militar, poder electoral.

No tenemos un CNE neutro, independiente, transparente. ¿Con qué hacemos una elección en Venezuela? Si convocan una elección para dentro de 30 días, tendríamos que hacerla con el mismo Consejo Nacional Electoral (CNE) que se robó las elecciones el 28 de julio de 2024. Eso no tiene ningún sentido. Tendríamos que dejar la misma estructura, al mismo presidente del CNE, Elvis Amoroso, que es un dirigente connotado del chavismo-madurismo. Entonces, tienes que, primero, desmontar la estructura, el aparato que el gobierno o el régimen montó en el CNE y que convirtió al CNE en una suerte de oficina electoral de la dictadura. Está controlado totalmente por la dictadura y hace lo que esta quiere.

Pero entonces la pregunta tiene que ser, casi como en un dilema del huevo y la gallina, ¿qué tiene que ocurrir primero? Porque me parece improbable que esa dictadura trabaje desde dentro para boicotear su propio dominio de las herramientas electorales de Venezuela.

El escenario según el cual la dictadura se arrepiente de sus pecados y decide montar un CNE independiente, transparente, listo para una elección como los venezolanos desearían, no va a ocurrir. Ellos no van a hacer nada a menos que sientan la presión, no solo de Trump, sino de la comunidad internacional.

Tenemos que tener un nuevo CNE, con otro tipo de condiciones, un proceso donde haya observación internacional, donde esté la OEA, donde esté la ONU, donde estén diferentes organismos internacionales, con supervisión internacional.

El temor que sentimos los venezolanos es que nos vuelvan a hacer lo que nos hicieron el 28 de julio. Las peores condiciones de la historia democrática de Venezuela para un proceso electoral fueron las del 28 de julio de 2024. Inhabilitaron a María Corina Machado, inhabilitaron a no sé cuántos candidatos, y de broma nos permitieron ir a la elección con Edmundo González Urrutia. Hicieron todo lo que les dio la gana para que no pudiéramos participar. Aún así fuimos. Ganamos la elección. Tenemos las pruebas de que ganamos la elección. En la bóveda del Banco Central de Panamá está el 80% de las actas originales que prueban que se ganó la elección. ¿Y qué hicieron? Salieron con un resultado que evidentemente no era el resultado de la elección. Desconocieron el triunfo de Edmundo González. Tumbaron la página web del CNE, no publicaron resultados, no publicaron actas, no publicaron nada, y el presidente del CNE salió diciendo que Maduro había ganado la elección sin ninguna prueba.

No podemos ir a un proceso electoral en las mismas condiciones en las que fuimos en 2024. Tiene que haber más fuerza, más presión, no solamente de Trump, de otros gobiernos, incluyendo el de México: la presidenta de México también debería pedir elecciones transparentes en Venezuela. A mí me duele mucho ver a presidentes legítimamente electos como Sheinbaum, Petro, Boric o Lula, defendiendo a un tipo que se robó las elecciones y se robó la presidencia de la República.

Y luego reprimió, torturó a su pueblo.

Así es. Violó derechos humanos, metió mucha gente presa. Hay asesinatos selectivos en Venezuela. Dirigentes políticos que murieron dentro en la cárcel. Hay 8 millones de venezolanos que tuvimos que salir de Venezuela para que no nos detuvieran, para que no nos metieran presos, para que no nos torturaran. ¿Por qué no defienden eso? Yo quiero ver a estos presidentes defendiendo eso.

Hablan de legitimidad. ¿Cuál legitimidad? No hay legitimidad. La legitimidad de origen te la da un proceso electoral transparente, con auditoría, con observación internacional, que demuestra que tú ganaste. Creo que eso fue lo que ocurrió en los países que te acabo de nombrar. Pero en Venezuela no ocurrió así. Se robaron la presidencia de la República a punta de plomo. Con armas. Asustando a la gente. Metiendo presa a la gente. Violando derechos humanos. Matando si fue necesario. Así se robaron las elecciones. ~

Esta es una versión editada de la entrevista que apareció originalmente en el podcast En boca de León. La versión completa puede escucharse aquí.


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