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México y Corea del Norte: lo que Ebrard pasó por alto

En su respuesta a una pregunta que tal vez lo tomó por sorpresa, el canciller mexicano habló de reabrir la relación entre México y Corea del Norte. Omitió mencionar que, de hecho, no está cerrada.
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Marcelo Ebrard se disponía a abandonar el podio después de “informar y comentar” la posición del gobierno de México acerca de la importancia de priorizar el flujo de ayuda humanitaria –incluyendo la distribución de vacunas– por sobre la política, y recalcar la crítica al bloqueo de países con gobiernos incómodos, por su ruinoso impacto social. El mensaje fue impartido al terminar su intervención en el Consejo de Seguridad el 16 de julio, donde se discutieron esos temas. Se aceptó una pregunta de la prensa, que fue sobre la posición de México con respecto a las protestas en Cuba contra el gobierno de la isla. El canciller respondió que el bloqueo a Cuba y otros países causan sufrimiento a la población, por lo que debería repensarse su efectividad; reiteró el principio de privilegiar la solución pacífica de los conflictos y el respeto a los derechos humanos: diplomacia tradicional mexicana en su punto. Mientras el canciller tomaba su carpeta de trabajo, su cubrebocas y sus gafas, una reportera argumentó la inutilidad de las sanciones del Consejo de Seguridad impuestas a Corea del Norte y preguntó “¿Cuándo es que el presidente López Obrador restablecerá relaciones con la República Popular Democrática de Corea (RPDC)?”

El tema se habría acabado en ese momento si Marcelo Ebrard le hubiera recordado amablemente que no hay relación pendiente de restablecerse, pues desde el 29 de septiembre de 2020 el presidente mexicano recibió las cartas credenciales del nuevo embajador de Corea del Norte, Sun-Ryong Song. Pero en lugar de eso, el canciller dijo que México “tiene una posición de no intervención, respetamos todos los gobiernos y vamos a reabrir las relaciones con Corea del Norte también, como con cualquier otro país.”

Ante la breve tempestad de notas de medios de comunicación mexicanos y algunos extranjeros, los coreanistas quedamos un poco desconcertados, pues entendíamos que nombrar persona non grata al entonces embajador Hyong-Gil Kim y otorgarle 72 horas para abandonar el país no significaba romper relaciones con Corea del Norte. Tal acción diplomática ocurrió en septiembre de 2017, en repudio por la sexta detonación nuclear subterránea y el lanzamiento de misiles balísticos por parte del régimen norcoreano. En ese entonces, nos pareció una medida innecesaria, irrelevante y hasta perjudicial a la imagen del gobierno del entonces presidente Enrique Peña Nieto, pues evidenciaba el servilismo pragmático de su administración ante Donald Trump en el contexto de las negociaciones para renovar el TLCAN.

En su respuesta a la reportera, Marcelo Ebrard se refirió a “reabrir” las relaciones, lo cual también es incorrecto porque nunca cerraron y el embajador ya tenía diez meses en su despacho. Concediendo que la pregunta tomó por sorpresa al secretario de Relaciones Exteriores, lo que sigue es intentar descifrar a qué se refería. Previamente dijo que México busca abrir embajadas y emprender relaciones comerciales con cualquier país, sin importar su tipo de régimen porque, como dicen los cánones de la Doctrina Estrada, en la política exterior mexicana se respeta a todos los gobiernos. En ese sentido, quizás el término que hubiera encajado mejor era el de “restaurar” o hasta “resanar” las relaciones con Corea del Norte, y después aclarar que la embajada norcoreana conservó su encargado de despacho y no hubo cambios drásticos en los lazos comerciales entre los dos países. De cualquier forma, la relación económica y política bilateral es tan insignificante que los cambios pasan inadvertidos.

Lo anterior no quiere decir que el evento carezca de importancia. Se pueden valorar al menos dos cosas: la primera es que, aunque el régimen norcoreano sea indefendible aun para la política exterior más neutral del mundo, para México es una oportunidad simbólica de recobrar la autonomía de su diplomacia respecto a Estados Unidos. Cuando ambas Coreas competían por el reconocimiento internacional durante la Guerra Fría, México no tomó partido y reconoció a las dos. La segunda es que parte de la base de Morena tiene una relación larga con el Partido de los Trabajadores de Corea, por lo que Marcelo Ebrard fue prudente en su manera de referirse al caso. Si el canciller hubiera respondido a la primera parte de la intervención de la reportera, sobre el fracaso de las sanciones a la RPDC, enfatizando el sufrimiento humano, la nota habría reforzado la posición crítica sobre las dificultades de la asistencia humanitaria. En su lugar, abrió una discusión que se prestó a malas interpretaciones y facilitó el golpeo a la administración actual.