¿Puede Joe Biden sorprender? Los verdaderos cambios radicales que hacen falta en Estados Unidos

El establishment liberal estadounidense se ha acostumbrado a un relato que idealiza los años previos a Trump.
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[Este es un breve artículo, de menos de 700 palabras, que el Globe and Mail me pidió que escribiera sobre las elecciones estadounidenses. Recibieron algo que aparentemente no esperaban y me pidieron que revisara el texto sustancialmente. Siempre estoy dispuesto a hacer cambios factuales y correcciones en inglés, al igual que diferentes expresiones, etc. Acepto incluso eliminaciones de algunas partes de mis textos (como es el caso de mis libros traducidos en China). Pero no acepto cambios en el contenido. Así que voy a publicar el texto original aquí]

¿Qué está en juego en las elecciones presidenciales estadounidenses? Lo explicaría con una palabra: “Normalidad”. Pero al escribir esta palabra, me siento incómodo. Para un europeo del este de mi generación trae malos recuerdos de la “normalización” checoslovaca de 1968, cuando la Unión Soviética y (lo que hoy llamaríamos) sus “compañeros de coalición” invadieron Checoslovaquia para sofocar la Primavera de Praga y traer de vuelta un mal gobierno.

Y esta es la segunda razón para la incomodidad. Los Estados Unidos antes de Trump no estaban precisamente en un estado ideal. No solo eso: es esa misma “normalidad” la que condujo a Trump a hacia la victoria en primer lugar. Es útil refrescar la memoria. Durante el mandato de George W. Bush, los Estados Unidos provocaron innumerables guerras que desestabilizaron Oriente Medio y acabaron con, según algunas estimaciones, la vida de medio millón de personas. Bajo la misma presidencia, también produjo una de las mayores crisis económicas desde la Gran Depresión. Y bajo el siguiente presidente se rescataron a aquellos responsables de la crisis, se fomentó el caos en Libia y se ignoró el declive de la clase media.

Así que, ¿qué era lo “normal” entonces? Se podría decir, sin embargo, que hay diferencias, incluso dejando de lado la respuesta extraordinariamente irresponsable y explícitamente insensible del gobierno de Trump a la epidemia de covid-19, que en general ignoró, y cuando no la ignoró contribuyó a la muerte de casi un cuarto de millón de estadounidenses. La primera diferencia es que la salida de Trump acabará con la incesante cantidad de peleas diarias con periodistas, políticos, actores, individuos privados, productores de televisión y prácticamente cualquiera que se cruce con este gobierno.

La nueva administración acabará con la estrategia inaceptable de poner a unos grupos de estadounidenses en contra de otros para así permanecer en el poder. Acabará con el comportamiento abiertamente racista desde las más altas instancias. Y ya no se deleitará con la idea de usar cocodrilos para frenar a los inmigrantes ilegales que intentan cruzar la frontera de EEUU.

En asuntos internacionales, se reducirán las tensiones con China. Trump las ha radicalizado y no cabe duda que las cosas seguirán así. Pero su idea de que la covid-19 es un complot chino para sacarlo del poder es extraordinariamente peligrosa. Las relaciones entre EEUU y China no van a volver al estado previo a Trump, pero al menos el peligro de dos poderes nucleares comenzando una guerra se reducirá.

¿Qué traerá la normalidad en términos positivos, más allá de lo que el gobierno de Biden “no” vaya a hacer? No puedo ser muy optimista. No solo por el historial deslucido de Biden durante medio siglo, sino por un relato al que el establishment liberal, que ahora incluye tanto a los demócratas centristas como a muchos republicanos, se ha acostumbrado. Es un relato en el que todo lo previo a Trump era excelente y de pronto se fue al traste.

Es un relato no solo falso (por las razones que he mencionado arriba) sino que también conducirá a la inacción. Estados Unidos necesita cambios importantes en su distribución de la riqueza, sus sistemas de educación de élite, su sanidad disfuncional, su sistema político dominado por plutócratas, su infraestructura desmoronándose, su clase media en declive, sus monopolios desatados. ¿Quién va a cambiar todo esto? A menudo se invoca un nuevo Roosevelt. ¿Encaja con el perfil de Biden? No deberíamos tampoco ignorar que muchas de las victorias de Roosevelt se afianzaron tras la colaboración entre clases que se desarrolló gracias al esfuerzo de la guerra. No existe nada similar ahora, y esperemos que no sea una guerra la que traiga todo eso ahora.

Así que, tras reflexionar, no espero una “normalidad” del nuevo gobierno sino cambios políticos radicales, los más ambiciosos (aunque en la dirección opuesta) desde la elección de Reagan en 1980. Estados Unidos ha tenido a menudo suerte y ha sorprendido al mundo gracias a su habilidad especial para salir de situaciones aparentemente imposibles. ¿No se consideraba a Truman un don nadie? ¿A Kennedy un inexperto? ¿A Roosevelt un vástago de las clases altas? La pregunta es, ¿puede Biden sorprender al mundo, y a sí mismo?

Traducción de Ricardo Dudda.

Publicado originalmente en el blog del autor.