Uno de los temas de nuestra época es la cuestión del hogar. Para muchos españoles, la vivienda es el principal problema que tenemos. Jorge Galindo explica en su reciente ensayo Tres millones de viviendas los efectos sociales que genera la dificultad de formar hogares. Hay, podríamos decir, vidas aplazadas, condenadas a la inestabilidad. Es particularmente duro para los jóvenes. No puedes emanciparte, no puedes casarte, no puedes divorciarte y tener hijos es exponerte a la pobreza. Como explica Galindo, la solución no está solo en el Estado ni en el mercado y requiere una coalición que todavía no existe. Kiko Llaneras escribe que para abordar el asunto “puedes defender la construcción, las ayudas, la regulación contra malos usos o impuestos”: son medidas compatibles entre sí. Pero en vez de buscar el acuerdo resulta más entretenido subrayar el disenso: señalar sobre todo la medida que no te gusta, y atribuir a quien la defiende ingenuidad en el mejor de los casos y mala voluntad en el peor.
La cuestión de la dificultad del acceso a la vivienda preocupa transversalmente, aunque las crisis, como el romance, vivan en variantes, y se pueden articular desde la izquierda, como hace Mamdani en Nueva York, o desde la derecha, como hace Carlos Quero en Madrid.
También tiene que ver con el hogar la cuestión de la migración: por parte de quienes buscan un sitio donde puedan vivir mejor, por causas económicas o políticas o una mezcla de ambas, como ocurre a menudo. Y también por parte de los lugares de llegada. En algunos casos se produce la expresión de Hans Magnus Enzensberger que rescataba hace poco Ivan Krastev: bulimia demográfica: la sensación de que hay muy poca gente y a la vez demasiada en un mismo territorio. Demasiados pocos de “los nuestros” y demasiados de “los otros”. Hay variantes de esta sensación en distintos territorios europeos (y españoles). En nuestro país, la combinación de un crecimiento de población impulsado por la inmigración (también imprescindible para la economía) y problemas de escasez de vivienda alentados por las trabas a la construcción parece una combinación bastante ominosa.
Otro problema que tiene que ver con el hogar y que, como la vivienda, tiene una dimensión generacional, es el cambio climático. Antonio Gamero decía que como fuera de casa no se está en ninguna parte. Eso es cierto, siempre que tengas un sitio donde volver.
Publicado originalmente en El Periódico de Aragón.