Los dos Ortuños

El amigo muerto

Antonio Ortuño

Seix Barral

Ciudad de México, 2025, 200 pp

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Con su nueva novela, que en realidad es la primera, Antonio Ortuño (Zapopan, 1976) ha demostrado que el talento es esa ilusión que se consigue luego de incontables capas de escritura. Si el lector se pregunta si puede un relato escrito en la juventud, que su propio autor veía con cierto recelo, convertirse en una estupenda novela, asombrosa y adictiva, la respuesta es que excepcionalmente sí, siempre y cuando el escritor sea implacable con la miopía de su viejo yo, destroce su antigua personalidad literaria sin clemencia y le muestre un mejor camino a punta de correcciones.

Por su vitalidad, el sentido del humor y la furia que caracteriza a sus personajes, la obra de Antonio Ortuño marca un claro relevo generacional. Lejos de los lugares comunes biempensantes, de los consabidos héroes con un compromiso político predecible o una prosa obsesionada por la búsqueda de una identidad nacional monolítica, sus doce novelas han creado una legión de lectores que disfrutan sus peculiares historias de rencor y venganza, crimen e impunidad, donde personajes rebeldes y desencantados se niegan de manera tajante a cooperar con el destino. Breves y amargas, una a una nos han demostrado cuán ridículas son las rivalidades volcánicas que pueden apreciarse en la redacción de un periódico o en un grupo de rock que busca regresar a los escenarios, cuán predecible es la traición entre cineastas que se dicen hermanados por el arte, la facilidad con que la clase alta fabrica delitos contra sus propios familiares o la comodidad con que la clase media cierra los ojos ante la tragedia de los migrantes, sean republicanos expulsados por la Guerra Civil española o centroamericanos no menos encomiables, perseguidos por grupos de delincuentes trasnacionales. Si bien el sarcasmo es lo primero que el lector aprecia en los escenarios ortuñenses, poco a poco comprende que estas tramas tan calculadas crecen sobre la indiferencia con que los narradores siguen la trayectoria de las caídas ajenas, dominados por la certeza de que “algunos nacen para escalar, y otros llegamos al mundo para hundirnos”, tal como consta a los personajes de OlinkaLa señora Rojo y Agua corriente. Mientras nuevos Titanics tapatíos van en busca de su iceberg, los narradores de Ortuño registran el naufragio con una ética insobornable.

Hasta ahora, el núcleo más logrado de las novelas de Ortuño está formado por La fila indiaMéjicoOlinka y La Armada Invencible. En la primera, Ortuño ofreció un puñado de narradores impresentables y poco solidarios ante la migración, en el trance de justificar sus acciones más vergonzosas, y en la segunda consiguió un admirable caleidoscopio novelesco, hecho en las mismas dosis de historia y escarnio: la Guerra Civil española y la Guadalajara asolada por el delito se daban la mano en una inolvidable historia de aventuras. Sin perder el brío y con nuevos recursos narrativos, la tenebrosa Olinka y La Armada Invencible les ceden la palabra a las últimas personas íntegras en el brutal entorno jalisciense en dos historias duras y entrañables a la vez. Mientras trabajaba en el manuscrito de su novela más ambiciosa a la fecha, Ortuño se topó con su viejo yo.

El amigo muerto fue la primera novela escrita por Ortuño en su juventud, entre el 94 y el 96. Bautizada inicialmente como Blackboy y publicada en 2014 bajo el seudónimo de “A. del Val” (un homenaje a su tío abuelo Antonio, republicano exiliado en México), el libro apenas circuló bajo un sello que fue adquirido por un poderoso grupo editorial, por no decir que desapareció sin llegar a librerías. Parecía que Ortuño se había hecho a la idea, pero desde hace años retomó el manuscrito original y se enfrentó con su antiguo yo: trituró, maceró y reescribió esa primera historia que, si bien gozaba de un auténtico desprecio por la gente mayor de treinta años, aún suspiraba por adquirir el cinismo y la prosa literaria que ha caracterizado al Ortuño más maduro ante los temas de la vida. El resultado es una novela de fuerza juvenil y experiencia acumulada: el motor de la historia es joven, pero el nuevo conductor tiene más años de experiencia en lo que se refiere al registro de las desgracias ajenas.

List, un joven brillante pero condenado a estudiar en una escuela pública por sus pésimas calificaciones, convencido desde joven de que “las cosas torcidas nunca se resuelven así, tan fácil”, y de que, “llegada cierta edad, ninguna persona cuerda les dice la verdad a sus padres”, tra- ta de superar el horror que le causó la muerte de su mejor amigo, Carlos Villaurrutia, en circunstancias oscuras, pero meses después del entierro recibe nuevos mensajes de texto provenientes del celular del difunto. En cuanto supera la conmoción, impulsado por una mezcla de rabia y desencanto, List convence a sus amigos más cercanos de investigar quién le envió los mensajes aunque para ello deban internarse en los puntos más sórdidos de la ciudad y descubrir los peores secretos de su amigo. El resultado es una narración apasionante, que revela las contradicciones e injusticias sobre las que crece una ciudad tan compleja como “ese agujero en medio de un bosque, un lago y una barranca al que alguien llamó Guadalajara”. Como escribe List: “Quizá jamás sabría la identidad del culpable, y aquella sería otra de las cosas inexplicables que suceden en el mundo y giran por siempre en la negrura de lo desconocido”:

Ni siquiera se nos ocurrió acudir a las autoridades. En nuestra experiencia particular, todos los policías eran unos culeros y unos vagos, estaban vendidos al crimen, y no podíamos confiar en ellos. A Javi lo habían parado en el automóvil de su padre más de una vez, con cualquier excusa, y debió dar todo lo que llevaba en la cartera para que no lo arrestaran. A Maples y a mí nos detuvieron en las calles cercanas a los andadores por llevar el cabello demasiado largo o corto, la ropa rota o una lata de refresco en la mano. A Gabriela le chiflaron mil veces desde las patrullas.

El amigo muerto es la más ácida y candente de las novelas de Ortuño y una de las mejores novelas criminales de la literatura mexicana. Por la calidad de la escritura, el sentido del humor del protagonista y las intensas pasiones que despierta, va a inspirar y a divertir a generaciones de lectores. Impulsado por la furia de juventud, El amigo muerto demuestra que el héroe de una gran novela negra no necesita ser un detective quijotesco ni un cuarentón desencantado, y que sus ayudantes pueden ser papanatas de la peor ralea si sus exigencias de justicia solo quedan satisfechas ante la verdad. El relato y el retrato de la Atenas de México, la Sultana de Occidente o la Perla del Pacífico queman las manos de manera literal. Es la más veloz de esas doce historias incendiarias que, en cuanto uno ha terminado de leerlas, desea empezar otra vez.

La ingenuidad del héroe en las cuestiones sentimentales crea un contraste estupendo con las opiniones del protagonista sobre la vida, los amores, la policía, la justicia y el crimen en México; el sentido del humor es hilarante y la antiquímica que tiene con su amigo, el krameriano Maples, es fantástica, pero desde que aparece la misteriosa y bella Gina en la ecuación, todos los personajes, femeninos y masculinos, brillan como piezas de oro, en particular la gran variedad de malvados. El rancio padre Novo y el siniestro Max Villaurrutia inspiran todos los matices del miedo a morir asesinado en la adolescencia: “La muerte, en la juventud, no es el asunto amargo en que la convierten los años. Es un escalofrío que aterra, sí, pero también vigoriza: hay un placer horrendo en seguir vivo y caminar junto al río helado sin congelarse.”

La mezcla de los dos Ortuños ha creado su mejor protagonista a la fecha: un héroe adolescente enamorado y furioso, que merece vivir más aventuras donde la grandeza del primer amor y el descubrimiento de la corrupción humana luchen por iluminar u oscurecer el sentido de la vida. Por su habilidad para escribir sobre la juventud con madurez sin perder la incandescencia, El amigo muerto merece un destino largo, como aquellas novelas que nos arrastran a gozar la literatura, esa hermana más intensa y a veces punk de nuestras vidas. ~


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