Un anglófilo español

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La anglofilia ha tenido una presencia minoritaria pero notable en la cultura española. Desde Jovellanos hasta Madariaga, desde Blanco White hasta Maeztu, cada etapa ha contado con un pequeño grupo de destacados autores que se ha visto atraído por lo británico. Y en el de nuestra época figura, desde hace varios años, el escritor y periodista Ignacio Peyró; como mínimo, desde la publicación de su muy celebrado Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura británica (2014). El posterior nombramiento de Peyró como director del Instituto Cervantes de Londres vino a ratificar su estatus como intérprete privilegiado de esa cultura para un público hispanohablante. No es la única faceta de su obra: en los últimos años ha publicado el primer tomo de sus diarios y unas originales “notas de cocina y vida” bajo el título Comimos y bebimos. Pero el interés de Peyró por el país de Shakespeare no mengua, como demuestra ahora la publicación de Un aire inglés. Se trata de una recopilación de artículos de tema británico publicados en distintos medios entre 2008 y 2021. El material está dividido temáticamente en varios apartados: artistas y estética, escritores, política, la monarquía, relaciones hispanobritánicas, relaciones angloamericanas y una suerte de cajón de sastre final en el que se incluye un conmovedor retrato del Londres de la pandemia.

El resultado es un muestrario didáctico y ameno. Entre los artistas y escritores tratados se encuentran William Morris, Eric Gill, John Galsworthy, Evelyn Waugh y, sobre todo, Rudyard Kipling, cuya obra y legado Peyró analiza con un rigor encomiable. Algunos textos se asoman a la tradición británica; otros –como el titulado “Brevísima historia del amanecer”– se apoyan en esa tradición para atisbar cuestiones más amplias. Destaca también el espacio dedicado al conservadurismo de aquel país, tanto en lo referido a su acervo ideológico –con buenas exégesis de las ideas de Edmund Burke, Michael Oakeshott y Walter Bagehot– como en su concreción a través del partido tory. Una vez más, lo británico sirve como conducto para alcanzar reflexiones más generales, e incluso para trazar un ideario propio. Peyró extrae de Burke algunos principios políticos aplicables al presente, y el partido de Churchill, Thatcher y Cameron le permite plantear un modelo de conservadurismo esencialmente flexible, capaz de alcanzar síntesis virtuosas en diferentes momentos históricos. También son notables los textos sobre la salida británica de la Unión Europea, y especialmente el titulado “Ínsula extraña. Una anatomía del Brexit”. Peyró se aleja de los análisis mecanicistas y de cariz socioeconómico que han abundado en los últimos años, destacando en su lugar los aspectos contingentes de este proceso –vinculados a los vaivenes de la política británica del último decenio– y las raíces culturales de la conflictiva relación británica con Europa.

Quizá hayamos tardado demasiado en señalar que Ignacio Peyró es un gran estilista. Y, sobre todo, un gran estilista del español. Esta es la tensión más interesante de Un aire inglés: la fascinación por lo británico se expresa en un castellano limpísimo. Es más, el autor opta a menudo por giros castizos. No es infrecuente que sus comentarios sobre la literatura o la política británicas hagan referencia a “la Rowling” o “la Thatcher”; ni que ante el lector desfilen vocablos como “achampanado” y construcciones como “veraneos con empaque”. Pero no se trata solo de expresiones simpáticas. El proyecto estilístico de Peyró es serio y deliberado: como plantea en la introducción, busca “un modelo de prosa española capaz de dar una continuidad solvente a su tradición”. A la luz de los resultados, se ha decantado por uno que maneja con maestría la arquitectura del idioma sin caer en la tentación del barroquismo. El resultado es una fluidez y una precisión expresiva al alcance de muy pocos escritores actuales. En plata: da gusto leer a Peyró. Y si bien la naturaleza de miscelánea de Un aire inglés hace que resulte más desigual que el deslumbrante Comimos y bebimos, muchas de sus páginas logran aparecer ante el lector como versiones definitivas e inmejorables de sí mismas. Quizá el mayor logro de este librosea que, para disfrutarlo, no es preciso que a uno le interese Reino Unido; basta con que aprecie la buena escritura.

Un último apunte tiene que ver con los elementos de la tradición británica que aparecen en esta obra. Todas las filias nacionales son selectivas; todas deben elegir entre distintos aspectos del país en cuestión, destacando algunos y descartando otros. El amplísimo interés de Peyró por lo británico no abarca, por ejemplo, espacios tan significativos como la cool Britannia de los años noventa y dos mil, la contracultura de los sesenta y setenta, o la tradición centrada en la historia social y la clase obrera de aquel país. No hay nada reprochable en ello, máxime cuando el libro en ningún momento aspira a la exhaustividad. Pero es interesante plantear por qué no reconocemos como anglofilia la devoción por los elementos recién mencionados y sí lo hacemos, por contraste, con aquellos que atraen la atención de Peyró. No es anglófilo quien cita a E. P. Thompson, quien admira los diseños del swinging London o quien ve Love actually todas las Navidades; sí lo es quien se interesa por la historia de la corona británica. Un aire inglés anima, por tanto, a reflexionar sobre un doble proceso: la construcción de una Inglaterra vista desde el extranjero y la construcción del anglófiloen la cultura española. ~

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