Villa y Katz, historias paralelas

Marzo 1999 | Tags:

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     Friedrich Katz, Pancho Villa, Era, 1998.
      
     La Revolución Mexicana fue cosa seria en su tiempo. Entre 1910 y 1911 ciudadanos de renombre se levantaron en diversos estados para protestar contra la séptima reelección del presidente Porfirio Díaz y exigir elecciones libres. El viejo mandatario se exilió. Madero, elegido por voto popular, subió al poder. Dos años después, Victoriano Huerta, un general del antiguo ejército, lo derrocó, lo mandó asesinar junto con el vicepresidente Pino Suárez e impuso su propio mandato con la cooperación de la Iglesia católica. La resistencia popular, organizada en ejércitos revolucionarios compuestos por decenas de miles de soldados —con apoyo estadounidense, que incluyó una intervención militar en 1914— arrojó al exilio al usurpador, desmembró a las viejas fuerzas federales y escenificó una "Soberana Convención Revolucionaria" para fundar un nuevo orden nacional que beneficiase a los campesinos y a los obreros en contra de la Iglesia.
     Los jefes revolucionarios desconfiaron unos de otros y se dividieron. Dos de los nuevos ejércitos se aliaron contra un tercero que, en 1915, los derrotó. A pesar de otra intervención hostil por parte de los Estados Unidos, los generales revolucionarios triunfantes en 1916 y 1917 organizaron un Congreso Constituyente, instauraron una Constitución nacionalista que promulgó la reforma agraria, el sindicalismo y el anticlericalismo; convirtieron a Venustiano Carranza, su jefe civil, en primer presidente de la nueva república, y apoyaron su neutralidad durante la Primera Guerra Mundial, una neutralidad que beneficiaba a Alemania e iba en contra de los Estados Unidos. Más tarde se dividieron en torno a la sucesión presidencial. En 1920 uno de aquellos generales, Álvaro Obregón, el estratega de la victoria en 1915, logró el apoyo de muchos otros para derrocar al presidente antes de que Carranza pudiera imponer a otro civil. Oficiales rebeldes capturaron y ejecutaron a su antiguo Primer Jefe. Obregón, el general que encabezó el levantamiento, ganó las elecciones presidenciales. Cuando aprobó algunas demandas de tierra que hicieron los campesinos armados y protegió a las nuevas y poderosas confederaciones sindicales, hubo quienes creyeron que los "bolcheviques" andaban sueltos en México.
     Pero la Revolución Mexicana nunca fue como la rusa. Sus revolucionarios mexicanos no eran marxistas ni compartían ideologías revolucionarias de ninguna otra especie. Tampoco disponían de un partido estable. En 1911 su más destacado intelectual, Luis Cabrera, declaró: "La Revolución es la revolución", en efecto (aunque no era esto exactamente lo que quería decir), "haga lo que haga el revolucionario que gane". Y lo que hicieron muchos jefes revolucionarios, antes y después de su triunfo, fueron negocios, tratos coercitivos y corruptos, explotar su poder, a sus tropas y a aquellos por quienes supuestamente habían luchado, en
beneficio personal.
     Sólo algunos permanecieron fieles a la justicia de su causa. El general que salió de los campos de batalla en 1915 para convertirse en presidente en 1920, y a quien se acusaba de amparar bolcheviques en su gobierno, se había vuelto millonario al acaparar desde 1917 e mercado de garbanzo. Otros generales eran auténticos pillos. La verdadera revolución sucedió en gran medida como un acto de rebeldía contra los revolucionarios oficiales. ***
     Para los norteamericanos fue una revolución particularmente interesante y confusa. En aquella época sólo conocían el país a través de imágenes: tarjetas postales, noticieros de cine, películas mudas hechas para entretener y no para explicar. Casi todas las fotos de México eran, como afirmaban los pies de grabado, escenas de "guerra", igual que las imágenes, vistas por los norteamericanos en los últimos tiempos, de conflictos en otros lugares exóticos: Cuba, Sudáfrica, China, las Filipinas, los Balcanes. No fue hasta 1914 que una película sostuvo que la guerra en México era algo especial, una protesta popular contra los ultrajes despóticos, una lucha por parte de los honestos campesinos mexicanos por obtener justicia y libertad. El título de la cinta era: El General Villa en batalla, fotografiado bajo los disparos, con escenas de la trágica historia de su juventud.1
     De hecho la película iba a rescatar un prestigio revolucionario en el cual tenía un interés material el productor Harry Aitken, de la Majestic Motion Picture Company de Los Ángeles, y la Mutual Film Corporation de Nueva York. En diciembre de 1913, Francisco Villa, comandante de la mayor y más exitosa fuerza revolucionaria mexicana —la División del Norte— se había apoderado de Chihuahua, la entidad más grande del país, justo en la frontera con Texas y Nuevo México. Confiscó gigantescas propiedades rurales (ninguna de ellas norteamericana), repartió ropa y comida entre los pobres y prometió a sus soldados tierras al triunfo de la Revolución. Los corresponsales norteamericanos en El Paso se deshacían en elogios de Pancho (diminutivo de Francisco) Villa y lo llamaron el Napoléon y el Robin Hood mexicano.
     Muchos directores de periódicos decidieron olvidar su carrera de "bandido" prerrevolucionario y elevar a dimensiones heroicas al insurrecto favorecido de manera más evidente por la Norteamérica oficial. El New York World y el Metropolitan enviaron a John Reed a Chihuahua para hacer reportajes sobre Villa. Aún más ambicioso, Aitken mandó a un agente a firmar contrato con el general. El 3 de enero de 1914 los representantes de Villa y de Aitken suscribieron el acuerdo: la Mutual Film Corporation compró los derechos exclusivos para filmar las batallas de Villa y exhibirlas como noticieros en los Estados Unidos, México y Canadá. A cambio, Villa recibió un adelanto de 25 mil dólares sobre 20% de regalías.
     La primera película de Villa en acción que exhibió la Mutual, una cinta de dos rollos sobre la batalla de Ojinaga, el 10 de enero de 1914, fue decepcionante. El polvo y el humo que se levantaron en la locación y la retirada de casi todas las fuerzas enemigas (cruzaron el Río Grande para refugiarse en los Estados Unidos) hicieron que las escenas a menudo resultaran opacas y confusas. Peor aún, no hubo escenas de combate gracias a que Villa no lanzó su ataque final sino hasta el anochecer. La secuela tenía que resultar mejor. Villa planeaba movilizar a su ejército hacia el sur para atacar Torreón, una importante ciudad ferrocarrilera y algodonera. Allí la batalla sería sensacional. La Mutual organizó a su equipo cinematográfico y le compró a Villa (quien antes siempre había peleado en traje de civil) un uniforme como se debe de general.
     Sin embargo, el 17 de febrero, en su cuartel de Ciudad Juárez, Villa (o su guardaespaldas) mató de un tiro a un ganadero británico que exigía indemnización por unas reses perdidas o tal vez robadas. Se produjo un escándalo internacional y hasta los periodistas que simpatizaban con él condenaron a Villa y lo llamaron un bandido nato. El New York World infamó al héroe de Reed como "un
perfecto villano."
     Para defender a su socio y salvar su inversión, Aitken viajó desde Nueva York hasta Ciudad Juárez y firmó con Villa un nuevo contrato en que autorizaba a la Mutual a filmar su "vida". Aitken telegrafió a uno de los directores de la Majestic en Los Ángeles y le ordenó trasladarse a Chihuahua para empezar la filmación tan pronto como fuera posible.
     El director era Cristy Cabanne. A los 25 años Cabanne había sido asistente en Nueva York de D. W. Griffith, hasta que ambos se fueron a Hollywood a filmar para la Majestic. Cabanne dirigió con éxito los primeros westerns de esta compañía. (Más tarde fue envidiado por su trabajo con las hermanas Gish y otras estrellas del cine mudo y llegó a dirigir casi 70 películas sonoras de bajo presupuesto, entre las que sobresale The Last Outlaw El último fugitivo—, con Harry Carey y Hoot Gibson, en 1936.) Cabanne se apresuró a viajar a Ciudad Juárez. Lo acompañaba un escritor de la Majestic, quien durante el viaje en ferrocarril convirtió algunas entrevistas recientes de Villa en el guión para un western.
     En cuanto llegó Cabanne filmó algunas escenas "posadas" que mostraban al mismísimo Villa apaciblemente entregado a las labores del campo. A mediados de marzo las fuerzas revolucionarias se dirigieron al sur. Cabanne envió con ellas a un equipo de cinco personas. En la verdadera Batalla de Torreón —una acometida de los quince mil hombres de Villa contra los diez mil del usurpador que se prolongó del 23 de marzo al 2 de abril— el equipo filmó por lo menos 2,600 pies de cinta, incluidos 200 pies de escenas de combates callejeros y acercamientos a las cargas con bayoneta. (Entre los camarógrafos estaba Charles Rosher, un joven de 28 años que más tarde iba a ganar el Oscar a la mejor fotografía por Sunrise [Amanecer, 1927] y The Yearling [El potro, 1946].) De vuelta en Chihuahua, Cabanne dirigió al reparto de la Majestic que representó la "vida" de Francisco Villa tal y como estaba en el guión.
     Otro protegido de Griffith era Raoul Walsh, un actor de 27 años que interpretó el papel del "joven Villa". Después de representar, con mucho mayor éxito, a John Wilkes Booth, el asesino de Lincoln, en The Birth of a Nation (El nacimiento de una nación), con el tiempo Walsh alcanzó su plenitud al dirigir a actores de la talla de James Cagney. Entre sus 120 películas sobresale White Heat (Fuego blanco), estelarizada por el propio Cagney y Virgina Mayo en 1949. En sus Memorias Walsh asegura que él dirigió Villa's Life (La vida de Villa).
     De vez en cuando, al volver del frente, Villa se representaba a sí mismo en actitud de mando. La División del Norte ganó la Batalla de Torreón. La película, todo un éxito de cinco rollos, además de otros dos para noticieros, se estrenó el 9 de mayo en el Teatro Lyric, en el corazón de Broadway. Gracias a ella el público norteamericano quedó fascinado con el comandante de la División del Norte.
     Esta es la trama: la familia Villa tiene un rancho. Francisco, el hijo, ara la tierra. Un día se ausenta en viaje de negocios. En las cercanías hay un campamento militar. Dos oficiales aparecen, coquetean con las dos hermanas de Francisco y las persiguen. Uno de ellos atrapa a la menor. Auxiliado por su camarada, la viola. Ella muere. Al regresar Francisco descubre la atrocidad, persigue a los villanos, captura y mata al violador, pero su cómplice logra escapar. Comienza la revolución. Prófugo de la injusticia, Francisco encabeza el levantamiento. Sus victorias son contundentes. En Torreón se encuentra al otro culpable. En el clímax de la película, lo elimina de un disparo. Quizá Villa será el próximo "hombre fuerte" de México. Tal vez llegue a ser presidente.
     De hecho, la División del Norte destruyó a las fuerzas del gobierno en el norte y en diciembre de 1914 ocupó la Ciudad de México. En 1915 la Mutual lanzó una versión reeditada de la obra de Cabanne: una cinta de cuatro rollos, The Outlaw's Revenge, From Bandit to General (La venganza del forajido: de bandolero a general), porque "el General Villa está ahora de manera casi continua bajo el escrutinio de la opinión pública..."
     Pero ese mismo año otro ejército revolucionario destruyó a la División del Norte y Villa tuvo que volver a las operaciones guerrilleras. Mientras tanto, los Estados Unidos lo abandonaron y reconocieron a Venustiano Carranza, jefe del ejército vencedor y archirrival de Villa, como nuevo gobernante mexicano. El 9 de marzo de 1916 guerrilleros villistas atacaron Columbus, Nuevo México, y mataron a 17 norteamericanos. Villa se convirtió en el Osama Bin Laden de su época.
     El 15 de marzo una expedición punitiva al mando del general John Pershing cruzó la frontera y entró en Chihuahua para capturarlo. De pronto los contratos y las películas de Aitken perdieron todo su valor, excepto el histórico. Otras compañías, entre ellas la Hearst y la Pathe, se encargaron entonces de filmar los noticieros. La Feinberg Amusement elaboró Following the Flag in Mexico (Tras la bandera en México) en la que se anunciaba: "Villa a cualquier costo: 20 mil dólares, a quien lo entregue vivo o muerto..."

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