Filtro anticonjuros y estrés natural

VV me invitó al juicio simulado para conocernos y que pudiera ver en la práctica a qué se dedican. También para hacerme una prueba de acceso.
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He conocido a una persona especial a la que llamaré VV; no tiene género, la nombraré en femenino por persona: la persona VV. Ahora nadie tiene género, no interesa significarse. Cualquier género es peligroso. Casi todo es peligroso o/y horrible. La película de Alauda Ruiz de Azúa Los domingos lo expresa muy bien: pisos horribles, muebles marrones, falta de luz, familias rotas, etc. Lo del convento es un mcguffin.

He conocido a la persona VV en un juicio simulado: se trataba de reproducir el proceso al fiscal general (de España, país donde se desarrolla la trama) en un entorno privado, con métodos, digamos, mágicos y técnicas de hechicería. Aunque no sé cuál era el objetivo ni si lo han conseguido.

VV se dedica a proteger a sus clientes de sortilegios, ataques con magia negra y brujerías. Yo pensaba que esas malas artes no existen, pero VV es persona acomodada gracias a sus dones para combatirlas.

VV tiene un socio o proveedor (también sin género conocido, o con género oculto) al que llamaré WW, que está en el mismo sector o nicho que VV, y patentó un aparato para bloquear los maleficios: se instala en la casa e impide que las hechicerías alcancen a sus destinatarios.

Hasta que no conoces este mundo no te das cuenta de los millones que mueve. El mecanismo o ensalmo del aparato de WW –según dice– es muy sencillo, pues responde a prácticas milenarias al menos tan antiguas como las que trata de evitar. Así que para darle empaque y poder facturar a lo grande WW revistió su fórmula con una envoltura hermética (en los dos sentidos) de manera que es un cubo de acero cromado de un metro de lado y que pesa una barbaridad. Lleva incrustados unos extraños signos de oro que solo los sabrían interpretar algunos iniciados. Si lo ves en una casa, tal vez en funciones de mesita sin uso o escultura, ya sabes lo que es y para qué sirve, aunque cualquiera que haya adquirido tal objeto negará por contrato que tenga alguna utilidad.

Según WW la eficacia de su invento (que no tiene nombre, o lo llaman “el cubo” para entenderse) obedece a prácticas tradicionales del mundo antiguo, pero añade que esa sabiduría ancestral encaja con los atributos y capacidades que aporta la física cuántica, entrelazamiento, etc.

WW sostiene que el estrés no es producto de la vida agitada ni un avisador de peligro, tal como predica el consenso de la época, sino que es justo al revés: el estrés es el estado natural de los seres vivos, “es lo que nos ha traído hasta aquí –explica– mientras que tantas especies humanas y animales se han extinguido, precisamente, por carecer de ese impulso salvaje que es condición indispensable aunque no suficiente para sobrevivir”.

El estrés de Jesse Plemons corriendo en bici enloquecido (en la película Bugonia de Yorgos Lanthimos) para inyectar anticongelante en el gotero de su madre en coma y convencido de que el bote de anticongelante de coche es un elixir resucitador venido de Andrómeda.

El estrés natural de Colin Farrell (en Maldita suerte, de Edward Berger) jugándose lo que no tiene en los casinos de Macao, donde se apuesta más que en Las Vegas. Por cierto que Colin Farrell, en el momento más desesperado, cuando más hundido está, pide dry martini con la receta exacta de Luis Buñuel, incluyendo angostura.

Los cubos mágicos de WW se fabricaban en China (Hong Kong, junto al Macao de Farrell), hasta que el reciente incendio de los rascacielos destruyó la factoría. WW piensa que iban a por su floreciente industria y no se separa de uno de sus cubos.

Por eso me llamaron a mí. VV me invitó al juicio simulado para conocernos y que pudiera ver en la práctica a qué se dedican. También para hacerme una prueba de acceso: al parecer, un requisito insoslayable para colaborar con VV y WW es que cumpla la condición de “hombre inútil” y “andrógino” tal como lo define y explica Luis Beltrán Almería en sus libros Estética de la novela y Estética de la modernidad (2021 y 2025, respectivamente, Cátedra), que, bajo la apariencia de ensayos heterodoxos sobre humanidades, son manuales de instrucciones del futuro.

Soy admirador de Pepe Cerdá y una vez le acompañé a una fundición donde su amigo Jaume Plensa y su equipo iban a fundir unas piezas y fruto de esa visita surgió una relación. Cómo supieron VV y WW acerca de estas conexiones es un enigma, pero tratándose de personas que presumen de poderes o habilidades poco habituales tampoco me extraña.

La explicación sobre el estrés me la ha proporcionado WW como pago por mis servicios. Según WW, el saber eso –que el estrés es el estado natural y no un sistema de alertas– otorga un poder que hace invencible a quien lo utiliza o, cuando menos, le ayuda a sobrevivir. Digamos que es el secreto de la vida. Sería pues un regalo de valor incalculable, aunque temo que yo, quizá por mi escepticismo genético, no le sepa sacar partido o simplemente lo olvide. Publico estas notas para recordarlo: entiendo que su propia inverosimilitud preserva la confidencialidad que tampoco han exigido.

Lo único que puede enfrentarse y vencer a la ausencia (ya muy demostrada) del libre albedrío, según mis amigos/clientes VV y WW, es este conocimiento que intentan inculcarme: el estrés es la vida. Si no tienes estrés insoportable y segregas cortisol a chorros, estás muerto, aunque no lo sabes (precisamente por la falta de estrés, que proporciona la lucidez del relámpago), de ahí el éxito de los zombis y vampiros.

Lo que no adivinaron VV & WW es que soy becario ultrasenior de los servicios secretos, he leído la Historia de la filosofía oculta, de Alexandrian, y estoy a punto de detenerlos si logro salir de esta línea donde, creo, me han confinado.

(Spoiler: han convencido a las autoridades de que Putin tiene un ejército de hechiceros del Cáucaso emitiendo maleficios contra Occidente y los han contratado). ~


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