No es preciso ser experto en materia electoral para saber que en países como Canadá, E.U., India o Reino Unido no existe la representación proporcional: cada legislador debe ganarse su curul a pulso, como resultado de una campaña. Esto, naturalmente, tiene ventajas y desventajas. Entre estas últimas, que las decisiones colectivas no requieran debate ni consenso. Se vota y punto. La mayoría se impone.
Fue para evitar esta arbitrariedad para lo que se inventó el sistema de representación proporcional: los perdedores podían tener más o menos legisladores en el Congreso, según los porcentajes obtenidos en una elección y los grupos minoritarios podían hacer oír su voz. Las decisiones colectivas exigían diálogo y negociación. Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega son ejemplo. Todas las voces cuentan.
A partir de 1977, México incorporó un sistema mixto que permite que los partidos políticos que hayan obtenido una votación minoritaria tengan derecho a más curules, según los porcentajes alcanzados en una votación. Es justo. A pesar de lo anterior, y por asombroso que parezca, en 2024 el partido ganador –la coalición Morena, Partido Verde y PT– obtuvo un 54% de la votación pero, contrariando la lógica elemental (y la Constitución), se apoderó de un 73% de los escaños en las cámaras. A las minorías, que obtuvieron un 46% de la votación –proporción nada desdeñable– se les otorgó sólo el 27% restante de las curules. Esto es lo que se denomina sobrerrepresentación.
¿Cómo hizo la coalición? Registró candidatos de Morena, como si fueran del Verde o del PT. Apenas concluyó la farsa, los legisladores se quitaron la máscara y volvieron a integrarse a Morena. Pero el daño a la democracia estaba hecho: se había conseguido que a cada uno de los tres partidos que integraba lo coalición se le asignaran legisladores por separado, con lo cual la coalición obtuvo un 19% de asignaciones plurinominales por encima del tope y no el 8%que le correspondía y que, por cierto, es el límite que permite nuestra Carta Magna.
De esto tratan, precisamente, los quince textos que conforman La inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión, libro que reúne quince estudios que acaba de publicar el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Es un libro técnico, árido por momentos, pero tampoco hay que ser experto en materia electoral para entenderlo.
María Marván, Jesús Orozco y Diego Valadés, sus coordinadores, convocaron a catorce de los máximos expertos en materia electoral de nuestro país para que, desde sus diversas trincheras, desmenuzaran, analizaran y evaluaran lo que ocurrió en 2024 y provocó la desaparición de los órganos constitucionales autónomos, la desintegración de la Suprema Corte, la “renovación” de los poderes judiciales federales y estatales, el retroceso de los alcances del amparo, la destrucción de los mercados energéticos y, en suma, el desmantelamiento de nuestra incipiente democracia.
Su conclusión es devastadora: se impuso una mayoría calificada que se ganó de manera fraudulenta y fue avalada por un desacreditado Instituto Nacional Electoral y un deplorable Tribunal Federal Electoral, que funcionaba con cinco magistrados y no con los siete que deberían haberlo integrado.
Es cierto que la representación proporcional ha sufrido reformas con el paso del tiempo pero, como lo señalan algunos autores del libro, desde 2008 quedó claro que partidos políticos y coaliciones se cocinaban aparte. Aun así, en 2024, las autoridades electorales se empeñaron en una interpretación inverosímil, que se distanció en todo del espíritu constitucional. Bastaría echar una ojeada de la exposición de motivos de la reforma de 1996 para que no quede duda al respecto.
En la primera parte del libro, María Marván y Javier Martín Reyes hacen un examen de los fallos respectivos. “La sentencia de la Sala Superior que avaló la sobrerrepresentación legislativa tras las elecciones de 2024”, señala Martín Reyes, “es probablemente una de las decisiones con mayores repercusiones para la historia constitucional contemporánea de México”. Yo suprimiría el “probablemente”.
En la segunda, Jorge Alcocer, José Woldenberg, Arturo Sánchez Gutiérrez y Ciro Murayama reflexionan sobre la evolución de la integración de la Cámara de Diputados. Los tecnicismos abundan. Si no fuera por la agilidad de su pluma, resultaría una sección terriblemente cansada y hasta tediosa.
La tercera parte –la integración de las Cámaras del Congreso de la Unión en 2024– combina rigor técnico y política. Mientras Lorenzo Córdova y Morelos Canseco disertan sobre los alcances y límites del artículo 54 de la Constitución, Jaqueline Peschard prefiere señalar “la degradación de la política mexicana”. La forma en que se corrompió a Miguel Ángel Yunes, por ejemplo, a cambio de su voto en el Senado. Participan, también, Beatriz Zavala, José Reynoso y Luis Eduardo Medina Torres.
La cuarta y la última parte es la más inquietante: explica las implicaciones de esta espuria mayoría. Aquí se dan cita dos de los coordinadores del trabajo –Jesús Orozco y Diego Valadés–, así como Flavia Freidenberg, César Astudillo y Antonio Mendoza. La mayoría calificada hegemónica, sostiene Valadés, tendrá repercusión en las acciones de inconstitucionalidad, las comisiones de investigación, las designaciones, el juicio político, una eventual presidencia sustituta y –lo más grave– en las reformas constitucionales que podrán hacerse al capricho del grupo en el poder. La sobrerrepresentación no es asunto menor: cancela a la oposición política y deja a los gobernantes el camino libre para hacer lo que les venga en gana.
Por su carácter colectivo, el libro permite enfoques, aproximaciones y hasta estilos contrastantes. Se incluyen siete códigos QR mediante los que un lector curioso podrá consultar la evolución del artículo 54 de la Constitución, las sentencias de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, un par de amicus curiae al respecto y el voto particular de la entonces consejera electoral Claudia Zavala.
Cuando uno termina de leer este trabajo, al que se tiene acceso en papel o en versión electrónica, queda con una sensación de desasosiego: nuestro país no solo retrocedió con la usurpación de esta mayoría calificada, que a todas luces se alcanzó a través de la corrupción, sino que seguirá retrocediendo. ¿Hasta dónde va a topar? Frente a la reforma electoral que se avecina, hay poco por hacer. Si, más tarde, en 2027, la oposición ganara la mayoría del Congreso, ¿quién nos dice que se va a respetar la decisión popular? Una sobrerrepresentación como la que padece México provoca que ya nada sea confiable. ~