¿Por qué el activismo se ha convertido en un galón de currículum? ¿Por qué culpabilizar al ciudadano es más fácil que enfrentarse al poder? ¿Cómo usan los poderes la conciencia social como mecanismo de control?
Hablamos con Anónimo García, autor de Contra la conciencia social (Debate), sobre el Ruido como nuevo Dios, los sacerdotes “aestheticos” que pululan las redes sociales, y la lucha contra la opresión y la mentira y la sustitución de Dios por su asesino, el Ruido.
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Aquí una transcripción editada.
DANIEL GASCÓN: Hola, muy buenas. Bienvenidos al salón de Gascón en Letras Libres España. Estoy muy contento con quien estoy hoy, que es Anónimo García. Hola, muy buenas.
ANÓNIMO GARCÍA: Hola, Daniel. Un placer estar aquí.
DANIEL GASCÓN: Anónimo es colaborador imprescindible de Letras Libres, escritor, editor, también el productor de este Salón. Así que bienvenido a tu casa.
ANÓNIMO GARCÍA: Te veo todos los días, todos “El Salón de Gascón” me los tengo vistos, o sea, que soy el primer fan.
DANIEL GASCÓN: Vamos a hablar de tu libro, que es Contra la conciencia social, que ha salido en Debate, un ensayo breve, como lo que los ingleses llaman un panfleto. Pero quería que nos contaras primero un poco de dónde vienes, porque vienes del mundo del arte performativo, de la sátira, y cómo empiezas a hacer eso y cómo llegas desde allí a este libro.
ANÓNIMO GARCÍA: Empiezo a hacer todo esto por ser de Zaragoza, como tú, y por la influencia de Buñuel, de la que ya hemos hablado alguna vez. Después de leer Mi último suspiro, las memorias de Buñuel, donde relata mucho sus andanzas con los surrealistas en los años 20 en París y también en Madrid antes, con Lorca y Dalí, que mandaban cartas de insultos a Juan Ramón Jiménez, por ejemplo, cosas totalmente gamberras y despreciables, pero que sueltan una sonrisa, por lo menos vistas con el tiempo. Y este libro fue de tal influencia que dije: hay que hacer lo mismo cien años después. Así que fundamos Homo Velamine y nos dedicamos a hacer estas pequeñas gamberradas que partían de ahí pero se fueron destilando a la idiosincrasia de la época, de hace diez años, que ya parece que fue hace mil, porque era otro ambiente social bastante distinto.
DANIEL GASCÓN: Era el ambiente post 15M.
ANÓNIMO GARCÍA: Sí. Hace diez no, hace quince años más bien, con la irrupción de las redes sociales, todo esto, cómo cambió el paradigma comunicativo. Y se fue perfilando como un tipo de gamberradas que básicamente ponían dos idearios en contradicción entre sí, pero de forma ingenua. Por ejemplo, taurinos y veganos, porque mucha gente de izquierda critica los toros por ser maltrato animal, pero luego se compra un pollo en el Carrefour por cuatro euros envasado con unos films de plástico, que eso sí que es maltrato animal. No estoy defendiendo una cosa ni otra, sino que las estoy poniendo en contradicción, o por lo menos invalidando estos argumentos que son muy ideológicos, no racionales.
DANIEL GASCÓN: Otros ejemplo fue el de hipsters con Rajoy.
ANÓNIMO GARCÍA: Esa venía de una campaña que hizo el PP, que puso a un hipster que era vegano, ecologista, se iba a Canarias en verano a defender las ballenas, iba en bici al trabajo, y luego votaba al PP. Es una campaña que hizo en las elecciones de 2015 y el propio spot se sorprendía: pero si haces todo esto, ¿por qué votas al PP? La conclusión era: es que nos vota mucha gente. Así que fuimos menos de un mes después a la sede del PP, cuando ganó las elecciones en 2015, vestidos de hipsters.
Y otra muy famosa fue la de Viva España Feminista. En 2018 pusimos una bandera de España de 50 metros cuadrados, tres pisos hacia abajo, en la Gran Vía de Madrid, que decía Viva España Feminista. El resultado fue que la gente en la calle no sabía muy bien si criticarla o aplaudirla, porque había dos mensajes en apariencia contradictorios: todo el mundo de esa manifestación querría lo que decía la pancarta, pero al llevar una bandera de España asociada culturalmente en nuestra época con la derecha, fachas, ahí es donde explotaba la cabeza. Yo siempre digo que si viniera un señor de Marte diría que esto es así. De hecho, ese mismo año había carteles por ahí que decían “viva Asturias feminista”, pero esto no. El resultado fue que vinieron cinco hombres de la guardia pretoriana de las chicas que se manifestaban y me partieron la cara, así que se acabó la acción antes de que pudiéramos desplegar del todo la bandera.
DANIEL GASCÓN: El que le explotó la cabeza fuiste tú, literalmente.
ANÓNIMO GARCÍA: Sí, total. Me explotó un ojo que se me puso así durante un mes. Al día siguiente daba clase en el IED, y me dijeron: “¿Y eso?” Y yo: “Esto es una obra de arte efímera”.
DANIEL GASCÓN: Luego otra famosa fue la de los cleroflautas.
ANÓNIMO GARCÍA: Fuimos vestidos de dos monjas y un cura al Congreso de Vista Alegre 2017, que es donde se decidía si Pablo Iglesias o Íñigo Errejón iban a ser los mandamases de Podemos. Fue el gran cisma, y al final ganó Iglesias, y gracias a nosotros, yo creo, porque íbamos predicando que ganara Iglesias, que era un líder fuerte, autoritario, como lo es el Señor, que maneje bien a su rebaño. Llevábamos lemas como “Más oraciones y menos smartphones”, pronunciado en español.
DANIEL GASCÓN: Siempre había un componente de búsqueda de la contradicción, de sátira, aunque no sé si era el término que empleábais. Y no sé si eso tiene que ver también con esa otra idea del ultrarracionalismo, que nunca sé exactamente qué es.
ANÓNIMO GARCÍA: Muchas veces nos dicen que esto es humor. Realmente el humor, yo creo, es un subproducto de la puesta en conjunto de dos ideas que en principio, por nuestra carga simbólica, vemos como incompatibles. En esto de los cleroflautas, dentro de una izquierda muy radical como es Podemos, la Iglesia Católica no tiene sentido, pero tiene sentido cualquier otra cosa. No tanto la Iglesia Católica como la religiosidad o la espiritualidad no tienen cabida. Pero tienen cabida otras muchas cosas: allí se reivindicó la marihuana, lo rural, entre otras muchas cosas. Y de hecho, estando allí vestidos de cura y monjas, nos decían: “Esto sí que es transversalidad, porque yo soy religiosa, soy cristiana, y he echado en falta que dentro de la izquierda haya este grupo”. Fue revelador e interesante.
El humor realmente viene de la colisión de dos ideas que en principio son contradictorias. Entonces, ante eso cabe la sorpresa, o no cabe nada, si no produce ninguna reacción, o cabe el enfado, de hecho muchos comentarios después decían “a esos hay que quemarlos en la hoguera” por un lado, o “esos no son verdaderos curas y monjas” por el otro. También cabe la risa. Es un subproducto: pones, como hacían los dadaístas, una pequeña bomba semiótica y luego hay que ver cuál es la reacción. El ultrarracionalismo que me preguntabas simplemente es jugar con la razón llevada a sus extremos sin cortarla por los tabúes de las emociones. Las emociones pueden venirnos por una carga ideológica que nos impide ver que la bandera de España, por ejemplo, representa a toda España, y si queremos ser feministas, España tiene que ser feminista. Pero ese razonamiento está cortado antes por la carga ideológica de izquierdas que asocia la bandera de España a los fachas. El ultrarracionalismo simplemente era el método en el que seguíamos la razón hasta sus consecuencias sin dejarnos parar por el camino por las emociones o la carga ideológica o lo que fuera.
DANIEL GASCÓN: Y tu performance o acto más famoso es conceptualmente un éxito, pero ese propio éxito te lleva a unos problemas tremendos.
ANÓNIMO GARCÍA: Es el Tour de la Manada, bastante conocido. Juan Soto Ivars escribió el libro Nadie se va a reír sobre él.
DANIEL GASCÓN: Un libro fantástico que cuenta muy bien todo esto que estamos explicando.
ANÓNIMO GARCÍA: Mucha gente dice que era muy complicada de entender, pero se resume en un tuit. Hicimos una web que ofertaba un tour por el recorrido de la Manada en Pamplona. Era una web muy escueta que no daba ningún detalle de nada. Estuvo activa tres días en 2018. Al tercer día todos los medios la habían tratado, calificándola de vil, denigrante. Ese mismo día cambiamos la web para publicar un desmentido que aclaraba que se trataba de una bomba mediática, analizaba lo que había pasado y concluía con muchas capturas de pantalla de los mismos medios que habían criticado el tour como algo denigrante, y esos mismos medios habían dado todo tipo de mapitas interactivos con todo lujo de detalles.
Cinco meses después de esto, cuando la web ya tiene el desmentido, la chica de la Manada pone una denuncia. De repente me tengo que enfrentar a una denuncia de alguien a quien no se puede cuestionar, que es la persona sobre la que se ha construido el “Hermana, yo te creo”. Eso cambia totalmente todo lo que habíamos hecho hasta ahora, porque ya teníamos que enfrentarnos con la justicia y la prensa.
El proceso judicial es muy largo, son seis años y medio. Fui condenado por el Tribunal Supremo a cárcel y muchísimo dinero, y cinco años después me dio un amparo el Tribunal Constitucional que anuló la condena, en mayo de 2025.
DANIEL GASCÓN: En medio de ese proceso pierdes el trabajo, que era llevar las redes sociales de Greenpeace.
ANÓNIMO GARCÍA: Sí. De ahí sale este libro.
DANIEL GASCÓN: Empiezas con una pregunta que te hacen: “¿Dónde está la conciencia social en vuestras actividades?” Y dices que no haces más que recibir patadas en nombre de la conciencia social.
ANÓNIMO GARCÍA: Por eso se llama Contra la conciencia social. En nombre del bien, de la conciencia social, me expulsaron del trabajo. La prensa crítica que quiere retar el relato de los medios mainstream se sumó al carro del poder mediático y el poder judicial, no cuestionándolo, sino dándole más grasa ideológica. Y también participábamos en proyectos de autoedición contraculturales; fui expulsado de varios de ellos, de otros no. Todo en nombre de un buen ambiente, la cordialidad, un espacio libre y seguro. Todo en nombre de la conciencia social. No dejaba de recibir patadas. Entonces, la conciencia social es la excusa para dar castigos adicionales aparte del que ya tengo, que es una condena penal bastante severa de por sí.
DANIEL GASCÓN: El libro no es un libro sobre esta experiencia, sino una reflexión sobre la conciencia social, sobre los medios y sus efectos en la sociedad.
ANÓNIMO GARCÍA: Así es, he intentado que no sea un libro de mi experiencia, porque ya está relatada en un montón de vídeos de YouTube, aparte del libro de Juan Soto Ivars. Parto de mi experiencia extraña como condenadito para ver por qué esta gente que quiere hacer el bien suma sus castigos. Esa es la pregunta inicial. Yo estaba encerrado en casa, porque era el COVID, recién condenado, pensando en todo esto, y sobre todo porque dentro de estos grupos había un componente de “queremos hacer la revolución, queremos hacer una revuelta, y por eso vamos a sumarnos a esta condena del poder judicial y el poder mediático”. La cuestión es cómo el poder engatusa los movimientos sociales. Eso podría ser el subtítulo del libro, aunque va un poco más allá.
Yo estaba en el confinamiento pensando sobre todo esto, leyendo a Gramsci, que también estuvo encerrado, en condiciones distintas a las mías; leyendo a un personaje muy importante y menos conocido como Edward Bernays, y pensando cómo los poderes, en este caso el poder judicial y el mediático, habían engatusado los movimientos sociales para sumar sus condenas. De ahí sale esta teoría que llamo “la campana del poder”, que intenta sistematizar en qué momento está cada ideología y en qué momento el poder la utiliza para justificarse a sí mismo.
En este caso es el feminismo. Ya estamos hablando de la pandemia, y desde 2018, cuando empieza el proceso judicial, hasta los años de la pandemia, cómo el feminismo es utilizado por los poderes: en ese momento tenemos un gobierno de izquierdas de coalición muy feminista, pretendidamente feminista al menos, y un ambiente en el debate público que tiende a ser feminista. Y cómo en nombre de esto, en nombre de esta conciencia social, de este bien, de este estado ideal, se promueven más castigos.
DANIEL GASCÓN: Cuéntanos un poco sobre Edward Bernays.
ANÓNIMO GARCÍA: Bernays es un personaje que me resulta muy interesante porque nació en el mismo año que Gramsci, en 1891, y se dedicaron a lo mismo: ver cómo podían fundar un estado de paz en el que hubiera armonía y todo funcionase bien, pero desde puntos de vista muy distintos. La figura de Gramsci es bastante conocida: es un autor marxista que escribió encerrado por Mussolini en la cárcel en la Italia de los años 20 y murió nada más salir. Bernays quería hacer lo mismo, tiene menos escritos pero mucha obra hecha, que es muy interesante. Quería llegar a ese estado ideal a través del deseo, así como Gramsci quería llegar a través de la revolución. Bernays era sobrino de Freud, emigró siendo muy pequeñito a Estados Unidos y allí llevó el psicoanálisis a la comunicación de masas. Este es su gran aporte, para bien y para mal.
Lo que él hace, el truco de magia que lleva a la publicidad, las relaciones públicas y al debate público, es moralizar los asuntos que en principio son intrascendentes. Un ejemplo bastante conocido: en los años 20 en Estados Unidos estaba mal visto que las mujeres fumaran. La American Tobacco Company sufría ante ese segmento del mercado como el pobre Tántalo, que está rodeado de agua y alimento pero no los puede alcanzar nunca. La compañía había hecho publicidad destinada a que las mujeres fumaran, pero sin éxito, porque la publicidad entonces apelaba a la razón: haz esto y conseguirás esto.
Bernays hizo el salto cualitativo: llevar esto a un orden moral. Lo que había era un tabú moral; estaba mal visto que las mujeres fumaran porque se asociaba con la prostitución. Organizó una acción en una marcha multitudinaria de Nueva York: llamó a unas modelos, las vistió de forma moderna pero sin que parecieran modelos, llamó a la prensa, y en un momento dado, a su orden, las modelos se encendieron unos cigarrillos. Él mismo tenía fotógrafos y distribuyó estas fotografías a la prensa por si acaso algún periódico no había ido. Y consiguió crear un nuevo paradigma: asoció el tabaquismo femenino a la liberación de la mujer en los años 20.
DANIEL GASCÓN: No la promiscuidad, sino la libertad.
ANÓNIMO GARCÍA: Sí, y es el momento apropiado, porque el sufragio femenino se había aprobado en Estados Unidos, por lo menos en las mujeres blancas, no mucho antes. Esto fue en 1928, si mal no recuerdo. Es fantástico, porque estás dirigiendo a la gente a su sometimiento, pero parece que la estás conduciendo a su liberación.
La conclusión de esto es que si hubiéramos vivido en aquella época, lo fácil habría sido sumarnos a la idea de que fumar es liberador, porque es la verdad que se extiende moralmente y es fácil sumarse a ella. Lo contrario es mucho más difícil de ver, y no conocemos el mecanismo por el que estas imágenes llegan a nosotros. La gente que vio aquellas imágenes no conocía a Bernays, estaba totalmente desprovista de las herramientas para saber cómo se había producido todo aquello a través de los medios de comunicación de masas. Y me gusta abstraer esto a la realidad de hoy: hoy llegan a nuestra pantalla imágenes que nos indignan todo el rato, y saltamos y escribimos un comentario de odio. Pero ¿por qué ha llegado esa imagen a nuestra pantalla? Porque hay un algoritmo que está calculando todo el rato qué es lo que nos puede indignar más. Este mecanismo es el que nos resulta difícil de entender. Yo lo resumo así pero vete a saber por dónde estará ya.
DANIEL GASCÓN: Y Bernays tuvo también ese papel en Guatemala, al que Vargas Llosa le dedica un libro, Tiempos recios. Ese es más doloroso y más siniestro, aunque inducir al tabaquismo también es bastante siniestro, aunque no lo sabían aún seguramente.
ANÓNIMO GARCÍA: Eran ya los años 50, Guatemala era una “república bananera”, porque estaba controlada de facto por la United Fruit Company, que controlaba las infraestructuras y al gobierno. Hubo una revolución en 1944 que implantó una democracia e intentó hacer unas reformas que quitaran el poder a la compañía estadounidense. En 1950 hubo elecciones y salió el presidente Jacobo Árbenz, que continuó las reformas.
DANIEL GASCÓN: Era un liberal, ¿no?
ANÓNIMO GARCÍA: Su primera reforma fue intentar quitar la tierra en manos muertas de la compañía y devolverla a los indígenas. La compañía vio que no había manera de hablar con el nuevo gobierno, “hablar” entre comillas, así que contrató a Bernays, y Bernays hizo su truco de magia estrella: llevar un problema ordinario, de índole económico, a la moralidad. Dijo: vamos a decir que en Guatemala, a doscientas millas de Nueva Orleans, hay un gobierno que tiene vínculos con la Unión Soviética. Eran los años 50, el macartismo, y el anticomunismo era una cuestión moral en Estados Unidos. Asoció el problema económico a una cuestión moral candente, hizo un trabajo importante con la prensa, y se creó en la opinión pública la idea de que había una amenaza comunista muy cerca de Estados Unidos. Todavía no había pasado la revolución de Cuba. Esto llevó a un golpe de estado promovido por la CIA en 1954 que derrocó al gobierno de Árbenz, que desde entonces vivió en la pena y la miseria absoluta, yendo de país en país, siempre tildado de comunista, de abandonar a su pueblo, etcétera. Fue horrible su vida. Pero bueno, al final la compañía volvió a tomar el control de Guatemala y todo el mundo fue feliz.
Y de nuevo la conclusión es la de antes: si hubiéramos vivido en Estados Unidos en aquella época, lo fácil habría sido consentir, apoyar la idea de que había este gobierno comunista cerca de Estados Unidos.
DANIEL GASCÓN: Has aludido antes a la campana del poder. ¿Cuáles son las fases?
ANÓNIMO GARCÍA: Divido siete fases en el momento en que una fantasía ideológica, que es un término de Žižek, nace, desde que se “incuba”. Se llama campana porque tiene esa forma de curva de Gauss. Cuanto más pronunciada es la curva, más éxito tiene.
Cuando una fantasía ideológica entra en la segunda fase, la “panfletización”, esto es, reducirse a eslóganes, entra en el debate público como una excentricidad, como algo de lo que reírse o de lo que indignarse. Después da un salto que llamo “fariseización”, que es cuando ciertos poderes ven en ella potencial para utilizarla para sus propias causas y se integra plenamente en el debate público. Ahí se convierte “en lo que mola”, se vuelve lo cool, “la tendencia es esta”, salen artículos así en medios progresistas.
La pregunta que venía a raíz de Gramsci y de Bernays era dónde está la hegemonía, porque desde la derecha se dice que la hegemonía está en la izquierda, y viceversa. El ecologismo, el feminismo han estado en “fariseización”, pero no significa que sean la hegemonía. La publicidad siempre apela a estas cosas, porque es lo deseable en este momento: todos los coches son ecológicos, por ejemplo, sin que realmente lo sean. Es una parte de la hegemonía, pero no es toda la hegemonía. La hegemonía empieza en esa etapa de fariseización y sigue por las siguientes tres. La siguiente sería la vulgarización, que es cuando algo está plenamente integrado en la opinión pública, en lo que el pueblo cree, en el “sentido común” del que hablaba Gramsci. La siguiente fase la llamo “carcamalización”, cuando ya es algo que está más de salida pero sigue teniendo su representación, tradicionalmente sería la política de derechas. Luego hay una “kitschificación”, que ya es un cliché seguido por personas nostálgicas, y se convierte de nuevo en una fantasía ideológica de la que indignarse o reírse en el debate público: mira estos carcas, mira estos franquistas. Y la última fase es la quijotización, cuando ya aquello queda totalmente descolgado.
DANIEL GASCÓN: Es curioso porque en la incubación están los locos, los visionarios, y en la última, también están los locos y los visionarios.
ANÓNIMO GARCÍA: Bueno, esque también esta teoría bebe mucho de Foucault, del orden del discurso. Y en los extremos, están los locos, yo, como Breton, siempre defiendo a los locos.
DANIEL GASCÓN: Es como un túnel con fases y la idea va como una pelotita pasando. Los ejemplos que se ocurren más fácilmente en el trayecto completo casi serían ideas más de izquierdas, pero eso dependerá del contexto.
ANÓNIMO GARCÍA: Bueno, toda idea fue en principio progresista y luego pasa a ser más de derechas. Los ejemplo que ahora están en la fase de fariseización, en la que los poderes los presentan como algo cool, lo que mola, suelen asociarse a la izquierda en este momento. Pero eso en un momento también se volverán un bloqueo para las nuevas ideas que salgan, dentro de X años, o tal vez ya lo están siendo. Se volverán un impedimento para las nuevas concepciones de la vida que salgan, y eso es el devenir de las ideologías a lo largo de la historia.
DANIEL GASCÓN: Ahora que nos llega desde lejos como un ruido, te quería preguntar por otra de las ideas del libro: el Ruido. ¿A qué te refieres con eso?
ANÓNIMO GARCÍA: Qué bien traído. Hay una frase de John Lennon que me gusta mucho, que dijo en el 66: “Los Beatles somos más famosos que Jesucristo”. Todo el mundo se le echó encima, hubo un montón de protestas. Lo interesante es que en esa frase ya sintetiza algo que estaba ocurriendo: durante el siglo XX, los medios de comunicación de masas, como hemos visto con Bernays que los utilizó como palanca moral, fueron quitando el poder moral a la iglesia. Al final del siglo XX el poder de la Iglesia en Europa ya es residual. Por supuesto tiene influencia, pero hoy los jóvenes no van a misa.
A partir de aquí lo que establezco es que el nuevo preceptor moral son los medios de comunicación, que son los que han matado a Dios, por utilizar la idea de Nietzsche. Pero ahora tenemos que lidiar, no ya con Dios, con unas escrituras permanentes, sino con toda clase de lucecitas, coloritos, estadísticas e índices de audiencia que van cambiando muy rápidamente. La idea que hay detrás de esto es que para progresar en la campana del poder todas las fantasías ideológicas tienen algo en común, que es la hegemonía que subyace a todas ellas, ya seas de Podemos o ya seas de Voz, que es la fe en el Ruido. Porque todas quieren medrar en los medios de comunicación, tanto prensa como redes sociales, y esto es lo que es común a todas ellas.
DANIEL GASCÓN: Lo necesitas para llegar a la gente, al público que quieres movilizar.
ANÓNIMO GARCÍA: Eso es, pero entonces tienes que jugar a su juego. En este juego hay la emisión incesante, estar todo el rato diciendo cosas, y la omertà, porque hay cosas que se pueden decir y ciertas cosas que no, lo que tiene que ver con el ambiente moral.
Está esta idea de Mark Fisher, el realismo capitalista: no nos podemos imaginar hoy alternativas al capitalismo. Y yo hago la analogía con el Ruido: hoy tampoco podemos imaginarnos alternativas al Ruido, a la cháchara constante de los medios de comunicación. Para mí el ruido es el equivalente a Dios, porque como lo era Dios antes, es la entidad sobre la que proyectamos nuestros anhelos, nuestros deseos; le imploramos que las cosas vayan bien, si queremos un cambio social vamos a los medios de comunicación, y esperamos que allí todo se resuelva. Pero igual que Dios era irresponsable, es decir, no se le puede pedir responsabilidad porque no va a cambiar las cosas, el Ruido tampoco lo hará. El Ruido ha ocupado su lugar, es el que ha asesinado a Dios, y por eso lo pongo con R mayúscula: el Ruido, porque es el ente al que imploramos.
DANIEL GASCÓN: Del silencio de Dios al Ruido que producimos en parte nosotros. Y otra cosa de la que hablas es el “sacerdote aesthetico”, no sé si lo he dicho mal.
ANÓNIMO GARCÍA: Como es la primera vez que se dice en público, lo establecemos aquí. Esta idea es de Nietzsche, que se cagaba en la gente que seguía mucho la moral, y él hablaba de estos sacerdotes “ascéticos”, del ascetismo, que son los que promueven el dolor, la culpa, el sufrimiento y el victimismo. Lo resumo en esta frase que él dice: “yo sufro, por lo tanto alguien tiene que ser el causante”. Siempre es el otro el que tiene la culpa de mi sufrimiento. Creo que esto lo podemos llevar tal cual a lo que ocurre hoy en redes sociales, donde siempre alguien le pasa algo malo y es culpa de una entidad global o algo en el entorno. Muchas veces es el patriarcado, por ejemplo, en los discursos de hoy. Pero esto no es algo de ahora: en el franquismo eran los judeomasones y los rojos, también pueden ser los musulmanes. Siempre están estos enemigos por ahí.
Y hago un juego de palabras y los llamo sacerdotes “aestheticos”, como de “aesthetics”.
DANIEL GASCÓN: Son ascetas y son estéticos a la vez.
ANÓNIMO GARCÍA: Han pasado por este proceso de fariseización en el cual todo se vuelve estético, pierde la ética y se queda la estética.
DANIEL GASCÓN: Me gusta la definición de Savater de ética, que es lo que les falta a los otros.
ANÓNIMO GARCÍA: Muy al hilo. Y simplemente cambio el nombre pero sigo la definición que hace Nietzsche, porque se aplica tal cual hoy y lo podemos ver día a día en redes sociales.
DANIEL GASCÓN: En esa capacidad de dar la monserga. Podríamos decir que el libro habla de “La captura de las élites”, un ensayo que habla de cómo la causa de la diversidad la han tomado las élites, y se hace diversidad en las élites, pero no entre la masa y las élites. Y tú lo que dices es cómo las causas y el activismo forman parte de la agenda de quien está al mando y de la propaganda del poder.
ANÓNIMO GARCÍA: Parto de la idea de que las redes sociales han trastocado la manera en que nos comunicábamos, por lo tanto han trastocado la campana del poder. Han puesto en contacto a los activistas con el Pueblo. Los activistas a quienes tienen que retar y cuestionar es al poder. Pero de repente en internet están todo el rato cuestionando a la gente de a pie: si has hecho esto, si has hecho lo otro, sembrando a la gente de culpa. Tienes que ser así, esto está mal hecho. Y esto me parece muy pernicioso porque los convierte en unos cansinos. Yo he trabajado muchos años en Greenpeace, y ahí a quién hay que retar es al poder. Pero con las redes sociales se culpabiliza al señor que va en coche. Y el señor que va en coche lo hace porque si no la alternativa igual son tres veces más de trayecto.
Lo que ha ocurrido también es que en los últimos años estos grupos activistas se han hecho con el poder ejecutivo. Ha estado Podemos y ahora está Sumar en el Gobierno. Y lo que hacen desde el Congreso, que es la representación de todo el mundo, es culpar a la gente. Pero si sois el poder vosotros. Tantos tuits de Echenique metiéndose con una cosa, con otra. Los activistas tienen unas herramientas muy útiles para ser activistas, pero no para ser gobernantes. Para ser gobernantes uno tiene que dirigirse a toda la población, también a los que no les han votado o que no opinan parecido.
Y por la parte que me toca: yo estaba culpabilizado por el hecho de ser hombre, porque todo el rato desde el gobierno en aquellos años estaban diciendo que los hombres son nosequé, los hombres son nosecuál. Eso es el pecado original llevado por condición de nacimiento, por género.
DANIEL GASCÓN: Todavía la ministra de Igualdad decía hace unos días que somos dos especies diferentes. ¿Y eso sería para ti la activismocracia?
ANÓNIMO GARCÍA: Sí. Tengo un amigo anarquista con el que hablo de muchas cosas de estas, que se llama Sócrates, su nombre real, Sócrates Rigo. Hablábamos mucho de esto y él decía que antes ser activista era algo que tenías que esconder. Pero ahora lo pones en el currículum. En Instagram todo el mundo pone “soy activista”. Me entrevistaron con Carla Galeote, y en su rótulo ponía “activista”, en plan: ¿cómo la televisión, que es un poder, puede llevar a un activista? Esto es porque ya el activismo está en otro lugar; ya no es un activismo reformador o revolucionario. Ya está en otro lado. Ser activista ahora son galones que uno se pone en el currículum. Y esto hace que pierda el sentido original. Explico esto mediante la campana del poder: en qué momento las fases no están claras, todas se juntan y no siguen su ritmo natural.
DANIEL GASCÓN: Y hablas mucho en esa parte también de que se dice que los ciudadanos tienen que hacer esto o lo otro, ese énfasis en el comportamiento personal y en el estilo de vida para cambiar las cosas. Hay una nota al pie en la que dices que, al final, en el desarrollo del ciclismo en las ciudades, en una ciudad como Madrid, ha acabado haciendo más Glovo que todas las campañas de concienciación.
ANÓNIMO GARCÍA: Sí, lo puse en un tuit y se me echó la gente encima. Yo parto de ser activista ecologista durante muchos años, los últimos ocho trabajaba en Greenpeace, pero ya de antes. Es una crítica a mí mismo. Y esto no quita el mérito a las campañas ecologistas, ni mucho menos. Perp hay un cambio en la realidad material: de repente las apps de reparto utilizan patinetes y bicis, y esto hace que mucha más gente utilice métodos de transporte sostenibles que antes de la irrupción de Glovo y estas compañías de reparto.
Y de aquí saco la idea de que es liberador saber que el futuro no depende de mí. La segunda parte del libro se titula así. Los poderes, que defino concretamente como los tres poderes del Estado más el poder mediático, están todo el rato diciendo hay que ser así, hay que hacer esto para salvar el mundo. Y la carga de la culpa, una vez que está muerto Dios, se queda en el ciudadano. Tú eres responsable de salvar a los bosques del mundo, a la fauna, a la humanidad, a las mujeres, de todo, porque ya no está Cristo, que es el que se encargaba. Ahora no, ahora eres tú. En tus pequeñas acciones está la salvación de la humanidad. Y esto es una carga intolerable, es imposible. Y este lema, “lo personal es político”, lo que hace es llenar a la gente de culpa. Cada pequeño desliz es motivo de condena. Y en esta lógica, en el capitalismo el dinero sube hacia arriba y la culpa baja hacia abajo. Adoptar el lema “lo personal es político” me parece un gran error de los movimientos sociales y el activismo.
Me gustó mucho cuando entrevistaste a Ernesto Castro, que dijo algo que me parece la solución: “yo creo que lo personal es pedagógico”. En todo caso tú puedes ser un ejemplo, pero no puedes decir a los demás qué tienen que hacer. Para mí la idea del infierno es un lugar en el que todo el mundo diga a los demás lo que tienen que hacer.
DANIEL GASCÓN: Y hay un momento al principio donde dices: las dos cosas que más detesto, el autoritarismo y la certeza.
ANÓNIMO GARCÍA: Sí. Es un trasunto de Albert Camus, que dice que hay que luchar siempre contra la opresión y la mentira. Pero ver cuáles son esos mecanismos es lo difícil. Camus también dice que la ideología promete un más tarde perfecto, que sería el equivalente al más allá cristiano, en el cual no hay dolor, ni pecado, ni delito. Todas las fantasías ideológicas siempre prometen ese más tarde: sacrifícate ahora porque luego vendrá un futuro en el que no habrá violaciones, no habrá violencia contra las mujeres, será un futuro perfecto. La cuestión es que ese futuro no es deseable. No queremos ese futuro porque nos quita lo que nos hace humanos, que es la posibilidad de obrar mal, la posibilidad de elegir.
Y aquí hablo con guasa de la figura de los NPC, que usa mucho la gente joven: non-playable character, los personajes de videojuego que no son jugables, que están preprogramados.
DANIEL GASCÓN: Son como un figurante, un extra.
ANÓNIMO GARCÍA: Las fantasías ideológicas, ese más tarde que prometen, es un mundo lleno de NPCs, de gente que no puede salirse de su camino. Eso es indeseable porque nos quita lo que nos hace humanos, nos quita la concupiscencia.
DANIEL GASCÓN: Claro, estaba pensando que lo que haces es como una defensa de la libertad, también para errar. Y tiene que ver con tu idea del arte.
ANÓNIMO GARCÍA: Siempre se le pide al arte que haga algo: que favorezca la inclusión, que fomente ideas ecologistas. Y creo que eso es una perversión del arte. No se le puede pedir al arte lo mismo que se le puede pedir a la ingeniería. El arte abre caminos morales. Y yo plantearía la libertad en oposición a la moralidad, sin que una sea mejor que otra: sin libertad seguiríamos en las cavernas, sin moralidad nos habríamos extinguido porque la moralidad cohesiona el grupo. El arte yo lo defino como el producto improductivo de la imaginación, porque no se le puede pedir que haga algo, sino que simplemente plantea una pregunta: “¿qué pasaría si…?” Y a partir de aquí es donde salen respuestas que pueden llegar a algún lado o no, pero durante la historia los gobiernos siempre han intentado ponerle cotas, ya sea mediante la censura o mediante la subvención, porque se te puede ir de madre.
DANIEL GASCÓN: Dices: “Considero arte lo que satisface mi aspiración de libertad total de imaginación”.
ANÓNIMO GARCÍA: Sí, es una idea de los surrealistas.
DANIEL GASCÓN: Tanto aquí como en artículos de Letras Libres donde hablas del sesgo de telenovela de la prensa, eres muy crítico con los medios, que muchas veces se lo merecen. Pero también podrías decir que a veces lo que resquebraja el autoritarismo son precisamente informaciones de los medios, porque si las instituciones se blindan a sí mismas, muchas veces es un periodista el que cuenta algo.
ANÓNIMO GARCÍA: Aquí voy a retomar el ejemplo de Bernays y Guatemala, porque hay un estudio hecho muchos años después sobre cómo trató la prensa aquel caso. Hubo un discurso más o menos generalizado de que el gobierno de Guatemala estaba vinculado con la Unión Soviética, pero hubo periodistas que se atrevieron a cuestionarlo y a dar otra versión. Eran pocos y no obedecían tanto a una línea editorial o a un interés del periódico en sí, sino a su propia voluntad de ser buenos periodistas. Y buenos periodistas siempre hay y siempre va a haber, pero muchas veces se van a topar con las propias estructuras de poder que envuelven a los medios de comunicación. La crítica no es tanto a las personas, sino a las estructuras que favorecen ciertos comportamientos y no otros. Que estos periodistas cuestionaran la versión oficial era a costa de la propia reputación e interés personal de esos periodistas, porque podían ser también acusados de comunistas. Y sigue habiendo periodistas así, pero se tienen que enfrentar a este tipo de cosas.
Y cuento también un ejemplo personal. Yo creé una plataforma que se llamaba ZAP, Zero Automobile Publicity, cuando me despidieron de Greenpeace. Dije: como sigo siendo ecologista, ¿qué puedo hacer ahora así pequeñito? Intentar eliminar la publicidad de los coches, como pasó con la del tabaco y el alcohol. No fue a nada porque estaba metido en el proceso judicial. Y un buen periodista nos hizo una entrevista muy extensa, nos grabó pintando carteles de publicidad de coches, nos grabó en vídeo, nos hizo preguntas en profundidad. Pero ese día venía indignado porque su medio le había cambiado un titular que era muy crítico con los SUV, se lo habían rebajado en contenido crítico. Era periodista de medio ambiente. Venía cabreado, y dijo “ya veremos qué pasa con lo vuestro”. Y efectivamente, a pesar de sus esfuerzos, esto no salió. Aquí hay otro buen periodista que se ve enfrentado a la propia estructura de la que depende.
DANIEL GASCÓN: El libro es muy divertido, con muchas frases casi aforísticas. Has citado esa del infierno antes. Hay otra que es: “no es mi responsabilidad limpiar la caca del sistema”.
ANÓNIMO GARCÍA: Tiene que ver con lo que comentábamos antes de la culpa. Yo parto de reírme de mí mismo, después de haber fundado ZAP, de haber trabajado en Greenpeace ocho años, de ser ecologista desde mucho antes. En Zaragoza iba a todas las Ciclonudistas, en lso años 2000. De repente me tocó un coche en el Eroski. Un SUV. Un coche muy grande. Y dije: qué bien se va en coche. Iba con mi aire acondicionado, mi musiquilla guapa. Iba por la M-30 llevando a mi hija Julieta al cole y se iba mucho mejor que el metro con una niña pequeña. Entonces aquí lo que hago es reírme de mí mismo. Y sí: lo de limpiar la caca del sistema viene de que todo el rato te están echando culpa, tienes que hacer esto, tienes que hacer lo otro, comportáte bien. Voy a decir algo que es una pequeña falacia: el PSOE te dice todo el rato “no te vayas de putas”, en cambio ellos se ponen finos. Esto sacado de contexto puede estar muy mal visto.
DANIEL GASCÓN: El que nos hace los cortes de los vídeos para Instagram seguro que escogerá este momento.
ANÓNIMO GARCÍA: Por favor no saques esto, seas quien seas. Pero sí: como desde el poder te dicen: no hagas esto, pero luego ellos lo hacen todo el rato.
DANIEL GASCÓN: Y llegas a todo esto desde el activismo ecologista y desde el mundo del arte, que son como los dos ángulos desde los que llegas a esta crítica, no llegas desde el mundo de la comunicación, como otros.
ANÓNIMO GARCÍA: Sí, empecé a trabajar en Greenpeace en 2011, que era el año del 15M. Greenpeace hacía muy bien lo que hacía, pero hacía falta un Greenpeace social, que pudiera poner una pancarta enorme sobre los temas que nos interesaban en ese momento: sobre todo la corrupción del PP, la crisis que estaba rompiendo el estado del bienestar, la confluencia de la crisis de 2008 y las redes sociales. Hablé con gente de Greenpeace: ¿qué pasa si fundamos otra cosa por aquí? Pero al final me quedé con cuatro borrachos bohemios, con todo el cariño, y fundamos Homo Velamine también a través de leer a Luis Buñuel, sobre todo, y todo lo que viene a partir de ahí.
DANIEL GASCÓN: Es curioso porque el otro día hablaba con Pablo Rodríguez Suanzes, el corresponsal de El Mundo en Washington y me decía: ahora en la tele hay muchos debates de humor en los que solo se habla de política. Ya sé que vosotros no hacéis exactamente humor, pero parece que ha habido un estrechamiento de los temas de los que se habla desde la sátira. No sé si tú eso lo percibes también.
ANÓNIMO GARCÍA: Yo creo que sí, pero es que el cambio de paradigma tecnológico de las redes sociales, que es el que define todo desde los últimos veinte o quinte años, hace que asuntos que antes podían ser tratados de otra manera ahora se vuelvan una telenovela. Volviendo al “sesgo de telenovela”: todo son cotilleos, traiciones, este ha hecho esto. La política da todo el rato cosas de que hablar. Un colega decía que también pasaba con el fútbol: de repente ya no comentas el partido, sino que es todo cotilleo de este jugador, este fichaje. Hay que llenar muchos minutos y la política se vuelve un recurso fácil: mira esta declaración, sacas dos palabras de contexto, las pones en un titular, todo el mundo enfadado. Ese exceso de información nos lleva a ir a estos temas fáciles.
Y lo que decías del humor: vemos mucha gente que dice tener humor crítico pero parte de un lado del espectro ideológico al otro. Eso aparentemente es crítico, pero realmente lo único que estás haciendo es circunscribirte a tus estándares ideológicos, no hay una posición crítica ahí.
DANIEL GASCÓN: Sabes ver los defectos del otro, ¿no?
ANÓNIMO GARCÍA: Claro. Pero lo interesante es ver los tuyos, y ahí es donde está opresión y la certeza. Una vez que estás seguro de algo, por ahí te van a manipular. La certeza conduce a la opresión.
DANIEL GASCÓN: ¿Y qué es lo siguiente que vas a hacer, en qué estás?
ANÓNIMO GARCÍA: Estaba acabando otro librito corto que sigue la estela de este, sobre el proceso de cancelación. Partiendo un poco de aquí, que es más teórico, este será más práctico: cómo afrontar un proceso de cancelación duro. Qué mecanismos ocurren en la cancelación viene un poco de aquí. Creo que hay dos: el de moralización, volver todo lo privado público con esto que hemos hablado de lo personal es político; y el de victimización, volver la transgresión agresión. Una transgresión es ir en contra de una norma moral, pero no tiene por qué haber hecho daño a nadie: escupir sobre una bandera, por ejemplo. No hay un daño ahí, pero mucha gente se lo va a tomar muy mal
DANIEL GASCÓN: Como la blasfemia: el crimen sin víctima.
ANÓNIMO GARCÍA: Eso es. Hay una corriente feminista muy importante que no quiero dejar de mencionar, el feminismo antipunitivista. En España, Laura Macaya es una de las autoras de referencia, que tiene un dossier muy valioso que se llama “Conflicto no es lo mismo que abuso”. Parto mucho de estas ideas para ver cómo estos dos procesos de moralización y victimización están cancelando a mucha gente que no ha hecho realmente nada muy grave o que todo se podría solucionar con una conversación privada. Es de lo que estoy trabajando ahora.
DANIEL GASCÓN: Estupendo. Pues muchas gracias, y os recomendamos que leáis Contra la conciencia social, que es un libro lleno de ideas y de lucidez y también muy divertido. Y espero que nos volvamos a ver pronto.
ANÓNIMO GARCÍA: Muchas gracias, Dani.