El desahucio de Maricarmen, la ancianita de 87 años en silla de ruedas, tiene los elementos de una buena historieta, y por eso nos ha encandilado a las masas. Una princesa (la abuelita vulnerable) debe ser salvada de un dragón (especuladores inmobiliarios), y los sacerdotes-periodistas señalan el camino moral del caballero, al que todo el mundo debe sumarse si no quiere ser percibido como partidario del dragón. Los políticos rápidamente se montan en el corcel y prometen salvar a la princesa, aunque lleven años zascandileando. Es lo que llamo “sesgo de telenovela de los media”. La popularidad de una noticia no está determinada por su relevancia, sino porque los elementos se ajusten mejor a la narrativa de la telenovela. Así, la mayoría de las noticias hablan de cosas que parecen serias pero en el fondo dan igual: por lo general declaraciones sin sustancia de políticos y otras celebrities cuyo único propósito es cumplir los requisitos del sesgo de telenovela y asegurar que se habla mucho de ellos sin necesidad de tener que hacer nada más. Basta con el simulacro. Pero, a veces, relevancia y narrativa de telenovela coinciden. Es lo que ha ocurrido con el Maricarmengate.
Normalmente el sistema solo aprieta, pero ahora ya ahoga. El dragón lleva muchos años masticando a la princesa, que en realidad somos todos los españoles que no somos millonarios. Hay un malestar general que la telenovela de Maricarmen ha simbolizado, y los grupos de izquierda, que están a la que salta, han montado sus protestas y manifestaciones. Como se quejan por cualquier cosa, y a menudo la lógica de los media amplifica las posturas más extremas o desconectadas de la realidad, los de derecha y otros cascarrabias porfían y argumentan automáticamente en contra. Este bailecillo suele quedar ahí, pero ahora el sistema se resquebraja de tanto ahogar. Aparece un hueco moral y hay una ventana de oportunidad para que algo cambie.
De momento, esta vez la cosa ha llegado más lejos y se ha montado un 15M contra un Gobierno con un partido surgido del 15M. Esa ventana de oportunidad no significa que vaya a haber algún cambio relevante. ¿Para qué sirvió el 15M? Se vio arrastrado por las propias condiciones que lo habían hecho posible: las redes sociales refinaron su algoritmo y premiaron los discursos más contrarios, en forma y fondo, a lo que una persona común evidencia con los sentidos, que eran los que más interacción producían. Entonces, los postulados liberadores se volvieron autoritarios, y fueron capitaneados por políticos que regañan al Pueblo y usan bellos ideales para promover gratuitamente la culpa y el miedo. Se alejaron de la persona común y engulleron a la izquierda en esa lógica de farmear interacción. Al menos sus representantes consiguieron, quien más, una entrada en la casta, quien menos, una mamandurria.
Lo que sí hizo bien el 15M fue poner contra las cuerdas al buenismo del PSOE. Esta nueva acampada lo va a hacer más que entonces, porque su motivo es más concreto. El presidente del Gobierno ya ha declarado que va a ser el caballero que traiga viviendas baratas a toda España, pero ya sabemos que va a seguir zascandileando en el simulacro. No creo que la acampada vaya a servir de mucho, porque cualquier cambio en este aspecto requiere una presión a largo plazo sobre los mil tentáculos del Leviatán y el mercado, pero ojalá aguante un buen rato. Aunque octubre no es mayo, y viene el frío. Pero lo más difícil va a ser resistir la aparición de talleres de reiki, saludos de cuencos tibetanos, comisiones transmaricabollo y el lenguaje de cuerpos interseccionales, que alejan a la persona común y dinamitan cualquier pretensión universalista de la reivindicación. Estaría mejor si los talleres fueran de corte de jamón y llevasen a Bertín Osborne junto a Samantha Hudson.
Por cierto que yo fui de las primeras personas en conocer esta nueva acampada, tras salir de un concierto de Los Punsetes en la Wurli, que está al lado de Sol. Fue reconfortante descubrir que otras personas trabajaban por un mundo mejor mientras yo me emborrachaba, y me alejé contento, tatareando “el año del caballo, el año del caballo…”.
La foto está tomada de aquí.