Debería llamarlo felicidad pero quizá sea otra cosa
lo que viene entrando con ligereza. Es lo que
se me ocurre por ahora, pero intento, de alguna
manera, encontrar la palabra precisa, aunque es
comprensible decir que Cézanne había dispuesto,
en su estudio, una mesa con fruta para entender los
procesos de la luz. La luz, es ante todo, materia del aquí.
Eso debe ser la felicidad, o, p. ej., caminar por una calle
de Shibuya, ver un cuadro de Rothko o Cy Twombly,
sentarse en una banca en plaza Río de Janeiro mientras
se escucha el rumor del Papaloapan o el estrépito de
unas olas del Pacífico. Lo que se escribe es siempre otra
cosa. Y lo que se describe es de nuevo otra cosa
(Inger Christensen). Pero si se empieza de nuevo,
es comprensible saber que no soy yo quien habla,
aunque haya validez en lo que digo. La materia que
compartimos tú y yo brilla como la cabeza de un alfiler.
Quise escribir un poema político. No hay sustancia.
Todo es una representación. No importa. Perfecto:
aquí hace frío. Es lo más que puedo decir, o hacer. ~
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Detrás de las páginas: julio 2014
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