Un año en la vida de Milena Busquets

Las palabras justas

Milena Busquets

Anagrama,

Barcelona, , 2022, , 136 pp.

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Las palabras justas son los diarios durante un año de la vida de Milena Busquets (Barcelona, 1972), el año 1 después de la pandemia, a nivel global, aunque aquí las huellas pandémicas se dejan ver poco. Lo que se registra tiene que ver con un amor que no termina de arrancar o se para y hace sufrir a la escritora (un novio más joven y en otra ciudad). El amor es el tema sobre el que vuelve una y otra vez, en un sentido abstracto (qué es el amor) pero también en sus diferentes concreciones: la amistad, el sexo, el amor entre padres e hijos, el amor a sus ex (y padres de sus hijos), la naturaleza del amor de su madre y también el amor a la escritura. Ese es el otro pivote de estos diarios: la escritura.

El diario comienza el 6 de enero, el día de los Reyes Magos, y termina el 31 de diciembre. El título, Las palabras justas, es una cita de Jules Renard a la que recurre su hijo para decirle a su madre, con cierta elegancia y seguramente devolviéndole algo que ella misma le ha enseñado, que no le dé la lata con tanta pregunta, y además, en francés: “Mamá, les mots justes”, le dice.

Las entradas del diario que Busquets comparte son por lo general breves, a veces basta una frase (“Demasiado feliz para escribir”). Muchas encierran aforismos: “La elegancia que requiere el más mínimo esfuerzo no es elegancia”; “Los únicos consejos que valen son los que uno daría exactamente igual a sus hijos, si es que dícese consejos a sus hijos”; “Aburrir y aburrirse es un problema de la gente frívola, la gente seria lo da por sentado”; “La capacidad de seducción debería servir exclusivamente para conseguir amor (o sexo, que es casi lo mismo), cualquier otra transacción resulta fraudulenta y deshonesta”; “La bondad, esa virtud de consolación”; “La delgadez es uno de los últimos refugios de la juventud”. A veces esas lecciones tienen que ver con un autoconocimiento que casi roza el reproche: “La amistad la sé hacer, el amor también, ahora debería aprender a escribir novelas”; “No sé mandar. El problema es que tampoco sé obedecer”.

El propio registro del discurrir de los días genera alguna trama, además de la amorosa: el estado de sus finanzas la obliga a vender dos pisos (“Estoy arruinada –exclamo al ver el estado de mi cuenta bancaria. E inmediatamente me siento menos pobre. Solo los ricos dicen que están arruinados”), y cuando comienza a ir al psiquiatra da inicio la preocupación por saber qué le contará. Y por encima de todo eso planea siempre la escritura: el deseo de escribir, pero también una cierta descripción del mundo literario a través de cómo la reciben a ella y a sus novelas. Habla de las ferias de libros y de encuentros y establece una tipología de lectores. Habla de su padre y de su madre y dice que También esto pasará tendría que haber ido sobre su padre. Una de las virtudes de la escritura de Milena Busquets es una aparente ligereza: es esa levedad la que la salva de cualquier atisbo de amargura hacia nada. En su caso, la ligereza viene no de los temas sino de la forma: tiene una sintaxis un poco saltarina, el camino que recorren sus pensamientos solo puede seguirse a lomos de una mariposa. Como es de una inteligencia preclara, se sabe ligera y sabe que eso a veces se confunde con la frivolidad, que ella usa para distender. Hay una mirada humorística sobre sí misma, a veces parece que diga: problemas del primer mundo, sí, no me escondo. Quizá por eso aparece Maria Antonieta, en forma de vela que se cae y se rompe, doblemente decapitada, después evocada en su último paseo y también: “Maria Antonieta era una falsa frívola, yo también.” Quizá esa cita era lo que me hacía pensar en las películas de Sofia Coppola, aunque Milena Busquets tiene muchísimo más humor (para empezar, tiene humor).

De la devoción de Busquets por Proust ya sabíamos, aquí se insiste en ello y se añade otro ídolo a su panteón: Chéjov, cuya muerte a los 44 le parece “absolutamente inaceptable”. Busquets dedica entradas a reflexionar sobre la autoficción, cómo permea a toda la ficción. Sobre el temor de otros a aparecer en libros de los demás, dice: “Las intimidades más terribles que uno puede contar son siempre sobre uno mismo, no sé por qué los demás se preocupan tanto. En general un escritor tiene más de suicida que de asesino.” Algunas de mis ideas favoritas sobre la escritura: “Los malos escritores solo necesitan una frase para demostrar que son malos, los buenos necesitan al menos ciento veinte páginas para demostrar que son buenos”; “Hombres (y mujeres) blandos haciendo literatura blanda para hombres (y mujeres). La literatura no puede ser blanda, tiene que ser dura como una piedra”; “Pienso que escribo fatal hasta que leo lo que escriben los demás” o “La labor de los buenos editores debería ser convencer a la gente de que no escribiese”. Sobre el mundo de hoy, escribe Milena Busquets: “Creo que esta época será recordada como una de las más ridículas de la historia de la humanidad.” Seguramente, como en muchas otras cosas, aquí también tiene razón. ~

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