Simplificando, que es gerundio

Correctores, traductores, expertos en comunicación digital, profesores de escritura creativa, gramáticos prescriptivos… todos advierten contra el uso abusivo del gerundio.
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Tengo que reconocer que, en la conversación coloquial, soy una gran defensora del uso del gerundio. En parte, porque me ha parecido siempre una forma verbal simpática y directa. Las órdenes, por ejemplo, suenan mucho más sutiles, menos dolorosas. Un ¡Andando!, o, incluso un ¡Venga, subiendo a lavarse los dientes y en cinco minutos todos en la cama! reconozco que lo he recibido siempre como una propuesta cariñosa, mucho menos antipática que su alternativa imperativa. De alguna manera, el gerundio me confirma que estamos en un contexto informal, expresivo, de confianza. No quiero decir con esto que el gerundio siempre sea de buen tono, pero por alguna razón me parece menos agresivo que otras construcciones. Otro contexto en el que me gusta mucho el gerundio es el de los pies de foto o los títulos de obras de arte. Un cuadro con el título Mujer peinándose, una obra de teatro llamada Esperando a Godot, una escultura titulada Montserrat gritando o una fotografía con el pie de foto Miliciano muriendo me provoca siempre la sensación de inmediatez, de que yo participo de algún modo en ese acto, aunque solo sea porque está ocurriendo ante mis ojos. 

Pero es que, además, el gerundio tiene muchísimos usos. En la conversación coloquial, con él puedes criticar (claro, tú siempre durmiendo), mostrar asombro (¿Javi llegando tarde? Esto tengo que verlo) o simplemente comenzar una conversación (¿Qué tal? ¿paseando con los abuelos?) y en todos esos contextos, al usar un gerundio, es como si dijeras: te hablo así porque te tengo confianza, porque este contexto es distendido. Eso por no hablar de cuando usamos los gerundios junto a otros verbos. Con ellos podemos marcar casi cualquier relación semántica: puede ser causa (Me fui, creyendo que ya no vendría), condición (Teniendo coche, el lugar está muy bien), tiempo (Esto ocurrió gobernando Felipe II), modo (Lo consiguió trabajando duro), etc. Cualquiera de estas oraciones podría parafrasearse con una oración subordinada (Me fui porque creía que ya no vendría, Si tienes coche, el lugar está muy bien, etc.), pero el gerundio le concede un aire distinto, más natural, quizá; más directo, seguro.

Por todo esto que os he ido diciendo, puedo afirmar públicamente que soy muy partidaria del uso del gerundio. Y, sin embargo, entiendo perfectamente todos los recelos que despierta. 

¿A qué recelos me refiero? Basta con ojear cualquier guía de estilo, en especial, claro está, las de lenguaje claro, para encontrar recomendaciones que limitan el uso del gerundio. Correctores, traductores, expertos en comunicación digital, profesores de escritura creativa, gramáticos prescriptivos… Todos y todas las profesionales de la lengua escrita están de acuerdo en dos cosas: en el abuso que en ciertos contextos se hace del gerundio y en el flaco favor que este abuso hace al texto como elemento comunicativo o artístico. Así es, por mucho que el objetivo sea construir textos más elaborados, con un lenguaje más elevado, lo que se consigue es precisamente lo contrario: textos farragosos que no funcionan.

La psicolingüística lleva décadas encontrando en el laboratorio que los consejos de los profesionales del lenguaje tienen su razón de ser. Y es que los textos en los que se abusa de los gerundios presentan una mayor carga cognitiva (nos cansan más). En concreto, presentan tiempos de lecturas más largos y, cuando se analizan con la técnica del eye-tracker, se encuentran más movimientos hacia atrás (o regresiones). Esto es, los lectores, al encontrar un exceso de gerundios, dudan más de cómo interpretar el texto, lo releen y como consecuencia requieren más tiempo. Pero hay más, porque no es solo que vayamos a ser más lentos, sino que se ha encontrado que el resultado final es una peor comprensión. La razón que presentan los psicolingüistas es doble: por un lado, parece que los eventos imperfectos expresados por medio del gerundio resultan más complejos cognitivamente, precisamente por presentarse en su desarrollo, por no ser eventos cerrados; por otro, las construcciones de gerundio son altamente ambiguas y obligan al lector a tomar decisiones que a veces no son sencillas. 

Una vez más, como vemos, el problema no reside en el uso del gerundio, que es muy recomendable en los contextos adecuados, sino en su abuso. Porque, como se suele decir, lo poco gusta y lo mucho enfada. Haced caso a los profesionales y ya sabéis, simplificando, que es gerundio.


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