¿Quién, si no nosotros?

Reseña de ¿Quién, si no nosotros?, de Andres Veiel. 
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En 2008, Uli Edel abordó la trayectoria de la Fracción del Ejército Rojo (RAF por sus siglas en alemán) en Der Baader Meinhof Komplex. A lo largo de sus dos horas y media expone las entrañas de esta organización guerrillera, que llevó a cabo varios atentados a partir de finales de los años sesenta (entre otros, bombazos, robos, secuestros); registra, en particular, las actividades que realizaron dos de sus miembros, Andreas Baader y Gudrun Ensslin. Wer wenn nicht wir (¿Quién, si no nosotros?, 2011) de Andres Veiel arranca años antes de lo expuesto por Edel, da cuenta de lo vivido por algunos de aquellos personajes y parte de una perspectiva diferente.

¿Quién, si no nosotros?, que formó parte de la Sección Oficial del Festival de Berlín (donde obtuvo el premio Alfred Bauer), es el segundo largometraje de ficción de Veiel, cuya filmografía es conformada principalmente por documentales. El punto de partida que toma en ésta, su más reciente película, es provechoso para dar cuenta de la agitación que se vivió en Europa y algunos otros rincones del planeta durante los años sesenta y setenta: el joven Bernward Vesper (August Diehl), hijo de un escritor que prosperó bajo el nazismo. Aunque los demás lo ven con cierta suspicacia, el vástago no reniega de su padre, e incluso cuando funda una pequeña editorial con Gudrun Ensslin (Lena Lauzemis), el primer libro que publica es justamente uno de aquél. Con el paso del tiempo la pareja se involucra en actividades políticas, y cuando conoce a Andreas Baader, los caminos de Bernward y Gudrun comienzan a distanciarse: él no está del todo de acuerdo con la violencia y tiene que hacerse cargo de la hija de ambos; ella se involucra de lleno en la RAF e inicia una relación de pareja con Baader.

A diferencia de Edel, Veiel ofrece un contexto ideológico más amplio. Y si bien es cierto que recoge los eventos en los que se involucraron sus protagonistas, no hace de estas actividades el foco de atención. Más que una crónica, Veiel busca hacer un retrato de una generación que se caracterizó por su paso a la acción armada. Aunque los jóvenes crecen en la inconformidad en todos los tiempos, los que crecieron en los años que cubre la cinta hicieron de la rebeldía una causa: encontraron un status quo injusto y quisieron cambiarlo, se hicieron dos preguntas fundamentales que supone un compromiso (“¿quién, si no nosotros?, ¿cuándo, si no ahora?”), no tuvieron la paciencia ni el aliento para emprender el camino de la política y decidieron tomar las armas, como sucedió con los tupamaros uruguayos y otros grupos guerrilleros urbanos. Veiel da cuenta de la urgencia de los tiempos por medio de una narrativa elíptica, que brinca de un episodio a otro de forma un tanto abrupta, lo que redunda en un ritmo por momentos frenético.

¿Quién, si no nosotros? aborda un puñado de temas que no pierden vigencia. Por ejemplo: nadie consigue escapar del todo de los principios –morales, económicos, sociales– que se imponen en una época, e ir en contra de ellos es un buen camino al desencanto; nadie está exento de vivir en la contradicción, como Bernward y tantos otros, que vivían entre el activismo y el hedonismo. Por otra parte, si bien es cierto que en la actualidad es poco probable que surjan respuestas como las que se presentaron en los sesenta y los setenta, pero ayer como hoy aparecen conflictos de conciencia entre los que no se conforman con reproducir un orden injusto y viven creyendo en el cambio. La cinta invita a reflexionar sobre la congruencia que demanda el ejercicio de la conciencia, a pensar la circunstancia actual por el filtro de la rebeldía, pero sobre todo a considerar la pasión como un irrenunciable ingrediente vital. Y no necesariamente por el camino de la guerrilla. Bernward, que nunca pudo sacudirse del todo la herencia paterna, vivió creyendo que desde la literatura era posible cambiar al mundo, y no pudo conservar la cordura. A estas manifestaciones de la pasión hoy, cuando la abulia y la desesperanza parecen haberse instalado, se les llama ingenuidad.