I
El cierre de Ediciones Era, a los 66 años de la publicación, el 5 de agosto de 1960, de su primer título, La batalla de Cuba, de Fernando Benítez, es la confirmación pública de lo que se vaticinaba desde hace lustros. En una carta sin fecha difundida por los medios el pasado 17 de agosto, la editorial informó a sus “clientes y amigos” lo que no podía postergarse más.
“El equipo” –nadie firma la misiva, ni el director Marcelo Uribe, ni nadie más– informa que el sello “detiene sus operaciones”, que “suspende sus actividades”, por lo cual la editorial “irá cerrando cuentas con todas las librerías y puntos de venta que tienen sus libros”.
Ediciones Era, que nació como una propuesta editorial de crítica social y política de avanzada para su época y apostó por narradores y cronistas, poetas, historiadores y ensayistas, que son hoy parte del canon de México, se agazapa en eufemismos, evita la autocrítica y justifica la decisión: “Era se ve en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de la venta de los libros”. La culpa es del covid-19: “La red de librerías que existía antes de la pandemia y que garantizaba nuestra subsistencia desapareció al grado de que las ventas se desplomaron hasta ser apenas del 25 por ciento de lo que eran antes”.
En ningún momento el “equipo” se refiere a los aspectos centrales de su cierre: la gestión empresarial suicida de los años recientes, la ineptitud para transitar con verdadera capacidad y decisión a las ediciones y al comercio digitales. Aun así, Era, al ver publicada en los medios la carta a sus clientes, intentó enmendar los desaciertos de la misiva, sin aceptarlos. El 18 de agosto, difundió un comunicado, “Ediciones Era: 66 años de libros que se quedan”, dirigido esta vez a los “Muy queridos lectores”.
“El equipo” se molestó porque el periodismo cultural diera a conocer la noticia de la “detención de operaciones”, de la “suspensión de actividades”. En su cuenta de Facebook, reclama: “Ante las dudas generadas por un comunicado interno para clientes que se hizo público en diversos medios de comunicación, preparamos para todos los lectores que nos han acompañado a lo largo de 66 años este único mensaje oficial sobre Era, ya disponible en nuestro sitio web”.
Uribe y el equipo alzan la voz. “Lo que hoy anunciamos es que Ediciones Era reduce al mínimo sus operaciones. Sabemos que las noticias tienen dificultades para suplantar a los chismes, pero esto es lo que está sucediendo”, asegura el sello, que no precisa a qué “chismes” se refiere, a menos que se refiera a la carta que la propia Era envió a sus “clientes y amigos”. Eso sí, no cambia el culpable: la pandemia.
El cierre de Era al que no llaman cierre ocurre “por decisión propia y con la frente en alto. Ésa también es una forma de coherencia”, enarbola el “único mensaje oficial”. Tampoco cambia la falta de autocrítica. “No hay tristeza que borre el orgullo de lo hecho (…) A nuestros lectores, a nuestros autores, a los libreros y a todos los que han hecho posible este viaje largo y hermoso: gracias. Era es posible por ustedes y vivirá en ustedes. Con gratitud y con orgullo”.
“El mundo cambió”, insiste Era.
Suele suceder, desde que el mundo es mundo, que el mundo cambie.
Lo que no cambió fue Era.
En la sección “Recepción de manuscritos”, la editorial atranca las puertas: “Por el momento la recepción de manuscritos se encuentra cerrada. Gracias por su comprensión”.
II
En 1960 aparece Política. Quince días de México y del mundo, de Manuel Marcué Pardiñas, periodismo de izquierda que continuó hasta 1967. En 1962, la revista Siempre! acoge, bajo el nombre de La cultura en México, el suplemento México en la cultura, que Fernando Benítez dirigió durante la década de los 50 en el diario Novedades. El 9 de noviembre de 1965, Gustavo Díaz Ordaz expulsa a Arnaldo Orfila Reynal de la dirección del Fondo de Cultura Económica, molesto por la publicación de Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis y de Escucha, Yanki. La revolución en Cuba, de C. Wright Mills. El 18 de ese mes, con el apoyo inmediato y rotundo de la comunidad cultural, Orfila funda Siglo XXI Editores. Estas son las canónicas batallas por la libertad de prensa y editorial que cobijan al nacimiento de Era, fundada por Neus Espresate, Vicente Rojo y José Azorín.
Este contexto debe ampliarse a la latitud cultural. Como director de Difusión Cultural de la UNAM y de la Revista de la Universidad de México, Jaime García Terrés apuesta por una política cultural innovadora: Poesía en Voz Alta, Casa del Lago, exposiciones de relevancia nacional, la nueva dramaturgia –Héctor Mendoza, Juan José Gurrola, Juan Ibañez–, los cineclubes que se expanden en Ciudad Universitaria. Es la época de las novelas que inauguran nuevas narrativas mexicanas: Pedro Páramo, Farabeuf, Los recuerdos del porvenir, Gazapo, De perfil. La época del nacimiento de la generación de la Ruptura y de tres sellos editoriales: la editorial de Orfila, la de Espresate-Rojo-Azorín, y la de Joaquín Diez Canedo –Joaquín Mortiz.
Era publicó muchos autores que son parte del canon de la literatura mexicana, lo mismo en la narrativa que en la poesía y la crítica.
José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Juan García Ponce, José Revueltas, José Joaquín Blanco, Inés Arredondo. En poesía, José Emilio Pacheco, Elsa Cross, José Carlos Becerra, David Huerta, Coral Bracho, Tomás Segovia, Homero Aridjis, Efraín Huerta, Jaime García Terrés. Apenas unos cuantos de los autores imprescindibles.
Entre otras obras cumbres, Era publicó Paradiso, del cubano José Lezama Lima, supervisada por el autor, bajo el cuidado de Julio Cortázar y Carlos Monsiváis e ilustrada por René Portocarrero, y Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, en traducción de Raúl Ortiz y Ortiz. Marcel Duchamp (que contiene el ensayo “Marcel Duchamp o el castillo de la pureza”, luego incluido en Apariencia desnuda. La obra de Marcel Duchamp) de Octavio Paz, libro objeto o libro-maleta diseñado por Vicente Rojo, es una obra de excepción desde el punto de vista de la crítica y de la propuesta editorial.
III
Las ideas de la revolución, extintas en la izquierda europea ante los desastrosos saldos económicos, políticos y humanitarios del socialismo real de la Unión Soviética, resucitaban en Cuba y se extendían en México y América Latina. Aunque la gran mayoría de los integrantes de Era apoyaban el marxismo-leninismo castrista y las revoluciones armadas, la editorial se comprometió con la difusión de las ideas de la izquierda heterodoxa. Lo ilustran los seis tomos de Cuadernos de la cárcel, de Antonio Gramsci, apegados a la edición crítica definitiva de Valentino Gerratana; la biografía de Trosky en tres tomos, escrita por Isaac Deutscher, El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado, un clásico de la historiografía del siglo XX; o Control obrero, consejos obreros y autogestión, de Ernst Mandel, acerca de la organización de la clase obrera al margen del partido y el Estado.
Para sostener esa conversación en torno a la historia inmediata de la izquierda en México y en el mundo, entre 1974 y 1990 la editorial publicó la revista trimestral Cuadernos políticos, dirigida por un consejo editorial integrado en sus inicios por Neus Espresate, Carlos Pereyra, Rolando Cordera, Arnaldo Córdova y Adolfo Sánchez Rebolledo, al cual posteriormente se integraron Bolívar Echeverría y Ruy Mauro Marini, entre otros. La publicación abordó el marxismo latinoamericano, la teoría de la dependencia, las estructuras de dominación del Estado, el socialismo, la democracia, el sindicalismo, los movimientos estudiantiles, los problemas agrarios, la cultura urbana, la resistencia cívica, la crítica a la modernidad, entre otras cuestiones. En total, 60 números. El consejo editorial decidió dar por terminada la publicación por el fin de una época que justificaba su existencia: el derrumbe del bloque socialista y la emergencia de nuevas ideologías y propuestas de pensamiento.
Hubo autocrítica.
IV
La contribución de Era a la conversación sobre la historia y los “grandes problemas nacionales” de México es una de sus gigantescas aportaciones. La lista es vasta, así que refirámonos solo a algunas de las muchas lecturas básicas, publicadas a lo largo de sus seis décadas, tomadas al azar. La lista inicia con los cinco tomos de Los indios en México de Fernando Benítez. De Carlos Monsiváis, Entrada libre: crónica de la sociedad que se organiza –el libro sobre el nacimiento de la sociedad civil en México– y No sin nosotros.
A Friedrich Katz, Era le publicó dos libros galardonados por la American Historical Association en sus ediciones en inglés: La guerra secreta de México (traducción de Isabel Freire) y la biografía en dos tomos sobre Pancho Villa (traducción de Paloma Villegas). De la revolución mexicana se ocuparon Jorge Aguilar Mora en Una muerte sencilla, justa, eterna. Cultura y guerra durante la revolución mexicana y Adolfo Gilly en La revolución interrumpida y El cardenismo. Una utopía mexicana.
Acerca del 68, La noche de Tlatelolco de Elena Poniatoska y los dos tomos de El movimiento estudiantil de México (julio-diciembre de 1968), de Ramón Ramírez, que desde el punto de vista de la historiografía es una obra más importante. Sobre Chiapas, los dos tomos Resistencia y utopía. Memorial de agravios y crónica de las revueltas y profecías acaecidas en la provincia de Chiapas durante los últimos 500 años de su historia, de Antonio García de León, que precedió al alzamiento zapatista, sobre el cual Era publicó EZLN. Documentos y comunicados, en tres tomos.
Aunque acaso la más importante crítica moral, social y política de José Revueltas está en sus novelas, dos títulos estrictamente ensayísticos son referencias: México: una democracia bárbara y Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. De Roger Bartra están vivos la Estructura agraria y clases sociales en México y Las redes imaginarias del poder político –Bartra, en una de sus mutaciones intelectuales, se orientó más adelante hacia la exégesis de la construcción del mito del homo sylvestris en El salvaje en el espejo y El salvaje artificial.
V
Igualmente, forman parte del catálogo de Era varias obras trascendentes sobre la historia artística y cultural de México.
La editorial publicó, de Paul Westheim, Arte antiguo de México, Ideas fundamentales de arte prehispánico en México, Obras maestras del México antiguo y Escultura y cerámica del México antiguo, traducidas del alemán por Mariana Frenk-Westheim. Los tres volúmenes que reúnen un tercio de los textos de la columna Inventario, la encyclopédie de José Emilio Pacheco, integrada por ensayos, crónicas, crítica literaria, semblanzas y reflexiones históricas, el más ambicioso ejercicio cotidiano de periodismo cultural en lengua española. La versión original en nueve tomos de la Historia documental del cine mexicano, de Emilio García Riera, fue publicada por Era; la Universidad de Guadalajara y otras instituciones publicaría la segunda edición en 18 tomos.
En el contexto de las conmemoraciones históricas de 2021, Christopher Domínguez Michael realizó 15 entrevistas que reunió bajo el título Profetas del pasado. 15 voces de la historiografía sobre México, que incluye, en orden alfabético, a David A. Brading, Christian Duverger, John H. Elliott, Brian R. Hamnett, Friedrich Katz, Alan Knight, Enrique Krauze, Rodrigo Martínez Baracs, Eduardo Matos Moctezuma, Jean Meyer, Guilhelm Olivier, Hugh Thomas, Guillermo Tovar y Eric Van Young. También de Benítez, Era publicó De la Conquista a la Independencia –reunión de tres títulos: Los primeros mexicanos, Los demonios en el convento y El peso de la noche–; 1992: ¿qué celebramos, qué lamentamos?,y El libro de los desastres, trágico recuento a la destrucción y saqueo del patrimonio cultural en distintas etapas históricas de México.
Junto a su crónica política, Monsiváis publicó A ustedes les consta. Antología de la crónica en México y dos selecciones de sus crónicas sobre procesos culturales y cultura popular, Días de guardar y Los rituales del caos. Más, Nuevo catecismo para indios remisos, publicado inicialmente por Siglo XXI Editores y que en la edición de Era incluye algunos de los grabados de Francisco Toledo, la única obra literaria de Monsiváis, que nació de esta colaboración con el artista oaxaqueño, impulsada por Armando Colina y Víctor Acuña, de Galería Arvil.
La serie de antologías de textos de crítica en torno a obras de autores mexicanos ha sido otra aportación del sello: Luz espejeante. Octavio Paz ante la crítica, de Enrico Mario Santí; La hoguera y el viento. José Emilio Pacheco ante la crítica, de Hugo J. Verani, La ficción de la memoria. Juan Rulfo ante la crítica, de Federico Campbell; El arte de la ironía. Carlos Monsiváis ante la crítica, de Mabel Moraña e Ignacio M. Sanchez Prado; Tiempo cerrado, tiempo abierto. Sergio Pitol ante la crítica, de José Eduardo Serrato; La palabra contra el silencio. Elena Poniatowska ante la crítica, de Nora Erro-Peralta y Magdalena Maiz-Peña, entre otros.
No es parte de esta serie pero amerita mención El silencio de la revolución y otros ensayos, de Jorge Aguilar Mora. El novelista e historiador tiene un puente entre Los bandidos de Rio Frio y Pedro Páramo y reinterpreta a autores canónicos de la época –Mariano Azuela, Nelly Campobello, Martín Luis Guzmán– para liberarlos de la “cárcel genérica” de las “novelas de la revolución”.
Y desde la biografía, la obra magna Vida de fray Servando, de Christopher Domínguez Michael –Premio Xavier Villaurrutia–, los ensayos biográficos de Guillermo Sheridan sobre Octavio Paz publicados en tres volúmenes, Poeta con paisaje, Habitación con retratos y Los idilios salvajes, y la semblanza Salvador Novo. Lo marginal en el centro, de Carlos Monsiváis.
Estas notas son injustas por incompletas y revelan acaso intereses personales como lector.
La lista completa de autores y libros se encuentra aquí.
Sirve para dejar constancia de que Era no cierra operaciones por falta de catálogo.
No. La culpa no es del Covid.
VI
La opinión de las fuentes consultadas es unánime: Neus Espresate era una mujer de libros, educada, afectuosa y cordial, respetuosa del autor y de la obra del autor, aunque su postura política no coincidiera con la suya. Convirtió a Era en la casa del autor, la casa de la hospitalidad. A la vez inculcó en el sello el afecto al trabajo minucioso, a los estándares de la excelencia editorial. Los honorarios de los autores y colaboradores eran modestos pero seguros. Esa garantía era otra manera de expresar su afecto y hospitalidad.
Nunca fue un secreto que las contrariedades financieras asfixiaban a Era desde hace algunos lustros. El comienzo del ocaso comenzó con la caída del Muro de Berlín, aunque desde el punto de vista financiero, el sello se apoyó en la publicación de los tres volúmenes con los documentos y comunicados del EZLN, y en las ventas de títulos como El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez y Aura de Carlos Fuentes, quienes aceptaron mantenerlos dentro del catálogo de la editorial.
La dependencia de las coediciones aumentó, al punto que el 90% de los libros se publicaron en la última etapa bajo ese esquema, pero los cambios de la política editorial de la Secretaría de Cultura desde el sexenio de AMLO y, es cierto, el mercado editorial que cambió –para todos, no solo para Era– asfixió esa alternativa. Incapaz asimismo de distribuir sus propios libros, intentó aliarse, en el contexto de la pandemia, con las editoriales Sexto Piso y Almadía, experimento que acabó mal.
En distintos momentos, la editorial recibió propuestas de compra. A través de Carlos Payán, todavía director de La Jornada, el editor Andrés de León Quintanar, hombre de libros y hombre del negocio del libro, se lo comunicó a Neus Espresate, quien la rechazó. En tanto, la participación de Vicente Rojo comenzó a volverse simbólica, dejándole la responsabilidad de la empresa a la editora fundadora.
No obstante, dado que Espresate, simpatizante de AMLO, estuvo dispuesta a ceder el sello editorial a la Universidad de la Ciudad de México, lo cual solo hubiera acelerado su fin, Vicente Rojo le cedió su parte de las acciones y buscó capital entre sus amistades y galerías de arte para que Marcelo Uribe tuviera posesión del 52% de las acciones.
VII
Uribe fue presentado entonces como el nuevo director de la editorial, aunque nunca explicó si era el nuevo dueño y tampoco consideró necesario hacerlo. Tal vez no fuese su obligación, pero esa cortesía era parte de las bases que establecieron los fundadores. En aquel momento, apuntan los testimonios, comienza el deterioro dentro de la editorial. Donde había hospitalidad y transparencia, llegó el mal trato y la opacidad. El cambio de conducta fue radical: pasó de un editor que hacía su labor a cadenero de discoteca.
Varios autores emblemáticos fueron alejándose.
Dos casos icónicos.
A pesar de haber sido autor de Era durante seis décadas, y de la innegable popularidad de su obra, los libros de José Emilio Pacheco solo se distribuían en ciertas librerías de la CDMX y del país. Mientras, era casi imposible encontrarlos en Argentina, Chile, Colombia, España y Cuba, por lo que al premio Pablo Neruda, premio Reina Sofía y premio Cervantes se le leía en fotocopias. Para colmo, Era se negaba a las coediciones. Sin interés por parte del sello para coeditarla, ni un plan para salvaguardarla, la obra salió de la editorial por vía de la Agencia Balcells. Planeta acogió la obra completa, como “Biblioteca José Emilio Pacheco”, en Tusquets. No se trató de un asunto de regalías, sino de distribución.
Elena Poniatowska dejó la editorial porque no podían cubrirle los adelantos.
No mostró solidaridad con el sello que la protegió durante el escándalo derivado de las numerosas imprecisiones históricas que Poniatowska cometió en La noche de Tlatelolco y las citas entreveradas y tergiversadas, tomadas del manuscrito Los días y los años que Luis González de Alba, le entregó en el Palacio de Lecumberri, donde se encontraba como preso político.
En 1997, De Alba publicó un extenso ensayo en Nexos, “Para limpiar la memoria”, por lo que Poniatowska renunció al consejo editorial de la revista. Carmen Lira, subdirectora de La Jornada, despidió a González de Alba luego de que el diario le publicó la primera parte de “Las fuentes de la historia”, por el revuelo que causó.
En 1998, el Instituto Nacional de Derechos de Autor falló a favor de González de Alba y Era tuvo que modificar 28 párrafos en las siguientes ediciones. Dada la amplia red de influencias de Poniatowska, la noticia no tuvo la cobertura periodística que ameritaba.
Junto a los autores que fueron alejándose, están aquellos que fueron alejados y despedidos, bajo el argumento de que sus libros no tenían suficientes ventas. Era, la editorial que publicó al marxismo heterodoxo, apostó por los estudios históricos de envergadura y creyó en los escritores emergentes de su época, se comportaba como una trasnacional. Ese criterio no se aplicó a otros autores que vendían poco, pero con los que simpatizaba el nuevo director.
VIII
A través de Ricardo Nudelman, Consuelo Sáizar, entonces directora del Fondo de Cultura Económica, con visión de política pública, propuso la compra de la editorial a Marcelo Uribe, quien la rechazó como si se tratara de una locura. Random House Mondadori también mostraría interés y habría propuesto una renovación del catálogo para volverlo acorde a los cambios del mundo. Era otra vez declinó la oferta.
El equipo no levantaba a Era como empresa editorial y Uribe ofreció la dirección a un editor que no la aceptó, pues no le interesó formar parte del naufragio. Era entonces intentó que la adquiriera Carlos Slim, quien tampoco estuvo interesado.
Era rechazó por prejuicio y arrogancia dos espléndidas ofertas –las de Andrés de León y Consuelo Sáizar– que hubieran sido su salvación, y cuando buscó auxilio, no lo recibió.
El final se acercaba. Hoy, una carta dirigida a los clientes trasciende, deja constancia de que Era fue incapaz de sobrevivir a los cambios a pesar de contar con un catálogo excepcional, y “el equipo” se inconforma, descalifica la información llamándola “chismes”. Si hay tal “chisme”, es de quien lo causa con su opacidad. Aunque Era es una empresa privada, y de interés público para la cultura mexicana.
Una pregunta a la espera de respuesta: ¿qué será de los archivos, los negativos, la correspondencia, los originales de las portadas? ~